El armiño, como es sabido, es un mamífero carnívoro de la familia de los mustélidos. En castellano su denominación procede del latín “armenius mus”, es decir, “rata de Armenia”, porque procedía del Mar Negro, y se podía parecer a una rata. En castellano aparece por vez primera en el Cantar del Mio Cid, en relación con su piel, que es la parte de este animal que ha interesado al poder y a los símbolos. Efectivamente, su piel se ha vinculado al poder siempre, seguramente, por sus características refinadas. Muchos de los mantos de reyes y príncipes estaban hechos o adornados con su piel, y también se puede ver en las vestimentas de distintos miembros de la jerarquía eclesiástica en la Historia. En tiempos en la Masonería se hicieron forros que recordarían la piel del armiño como símbolo del esplendor de la Orden, pero también de la inocencia, la pureza y la justicia.