Henri La Fontaine, fundamental masón belga
Henri La Fontaine (1854-1943) fue socialista, feminista y masón en Bélgica, un personaje, sin duda alguna, imprescindible.
- Publicado en Masones y Masonería
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
Henri La Fontaine (1854-1943) fue socialista, feminista y masón en Bélgica, un personaje, sin duda alguna, imprescindible.
En un importante acto de la Cooperativa de Casas Baratas “Pablo Iglesias”, que se celebró en 25 de septiembre de 1930, Mariano García expuso, después de hacer un elogio de la Cooperativa y de exponer el objetivo de la misma que no era otro que el de crear un movimiento nacional en pro de la casa propia sana y capaz, que en Madrid hacían falta, por lo menos, 17.000 casas para trabajadores, una cifra, sin lugar a dudas, nada desdeñable.
Las lavanderías de los romanos se llamaban fullonica, que, además, también eran tintorerías. Pero no todos los habitantes se podían permitir el lujo de acudir a un establecimiento de este tipo porque era caro. Y lo era porque el producto estrella que se empleaba era la orina y al emperador Vespasiano se le ocurrió, buscando recursos, imponer un tributo sobre la misma. Estableciendo que debía recogerse en las letrinas públicas que levantó Roma, seguramente con un prurito de higiene, pero también con la idea de poder controlar esta necesidad humana con el fin sacar recursos para la hacienda. El ácido de la orina era un potente disolvente. Aunque no sabemos con mucha certeza cómo era el ciclo de la limpieza, al parecer se emitió una Ley, la denominada Metilia que especificaba el procedimiento. Intentemos repasarlo.
En esta pieza nos hacemos eco de la opinión de un masón francés (A.L.) sobre la Biblia sobre el altar masónico que publicó el Bulletin de la Grandes Loge de France, y que se tradujo al castellano por el Boletín del Grande Oriente Español en su número del 10 de enero de 1932. Seguimos, por lo tanto, aportando materiales históricos para la reflexión sobre este asunto que generó bastante polémica en las distintas masonerías europeas durante los siglos XIX y XX.
La segunda etapa en relación con la historia de la socialización de las viviendas se centró en la socialización en sí de la construcción.
En Barcino hemos encontrado una cella vinaria o bodega. En el ager publicus de la colonia se cultivaban muchas vides, y el vino, además, de consumirse en la ciudad, se exportaba.
La Sociedad de inquilinos “La Justicia” de Mataró envió al Directorio Militar un estudio para evitar el aumento del precio de las viviendas y su escasez.
El informe insistía en el fracaso de la Ley de Casas Baratas, demostrando que con dicha legislación era imposible construir casas a precios módicos. En Barcelona y pueblos importantes de su alrededor no existía grupo alguno de casas construidas al amparo de dicha disposición. No era posible construir casas baratas con materiales caros. Las ventajas que ofrecía la Ley eran más aparentes que reales, y al final las casas salían a precios desorbitantes, fuera de las posibilidades de los obreros.
La legislación si quería lograr su propósito, es decir, construir casas baratas, debía aplicarse ya con los materiales, y después hasta el final del proceso de construcción.
Estaríamos ante un caso de queja en tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera sobre la necesidad de que la legislación permitiera construir viviendas asequibles para la clase trabajadora.
Hemos trabajado con el número del 6 de septiembre de 1924 de El Socialista.
La cuestión de la Biblia en los templos masónicos fue intensamente debatida por la masonería durante el siglo XIX y también en el XX.
En el año 1921, el mariscal Joffre, figura destacada del ejército francés y protagonista indiscutible de la Gran Guerra, veraneaba en St. Gervais-les Bains, es decir, en la Alta Saboya.
Continuamos reflexionando con las ideas de Besteiro en relación con las viviendas en su análisis que publicó en el número del 5 de abril de 1923 en El Socialista.
Los habitantes de Barcino no se privaron del garum, la salsa estrella romana, que, en realidad, se convirtió en un producto internacional de consumo de la época, de norte a sur, y de este a o este, del Imperio. El garum de Barcino era muy apreciado y se exportaba.
En Bélgica funcionaba la Sociedad Nacional de Casas Baratas, y que presidía en los inicios de los años veinte el socialista Emile Vinck, siempre muy preocupado por el municipalismo.
Ciertamente desde que existen monarquías parlamentarias los miembros de las familias reales no pueden hacer todo lo que ellos quieran y se han impuesto límites, muchos más que los que se pusieron en las primeras monarquías constitucionales decimonónicas y, por supuesto, infinitamente más que en las monarquías absolutas.
Los romanos otorgaban un alto grado de autonomía a sus colonias, y eso ocurrió también en Barcino. El municipio estaba constituido por la ciudad en sí, es decir, la urbs, y un área rural circundante, o territorium. Se gobernaba a través de la curia u ordo decurionum, que era un órgano colegiado de un centenar de curiales. Se encargaba de administrar todos los aspectos de la ciudad, es decir, los políticos, administrativos y la justicia. El poder más ejecutivo recaía en los duunviros y los ediles. Los primeros se encargaba n de convocar y presidir las asambleas legislativas y electorales, llevaban la administración financiera y jurisdiccional, y también se encargaban de las relaciones externas con autoridades e instituciones de rango superior, como las de las provincias, así como con el poder imperial. Los segundos se solían encargar de la organización de los juegos, de vigilar los pesos y las medidas en los mercados, y resolver los pleitos relacionados con el comercio.
El destacado intelectual y político socialista vasco Julián Zugazagoitia escribió un artículo sobre las “casas madrileñas” en el número del 22 de noviembre de 1928 en El Socialista, que queremos glosar por aportarnos una visión de un hombre cultivado e inquieto que en Madrid se sintió horrorizado con las viviendas de la capital.
Antes de acceder al poder ya los nazis pusieron en su punto de mira a la masonería alemana.
En alguna ocasión nos hemos referido al ciclo de conferencias que la Juventud Socialista Madrileña organizó en el año 1909 sobre las relaciones entre socialismo, religión y anticlericalismo.
Siendo fieles a nuestro “método histórico” en artículos de opinión, aportando materiales sugerentes, inspiradores y que llamen a la reflexión, queremos hoy reflexionar sobre el poder político, y lo hacemos sobre parte de un texto del primer socialismo español, publicado a finales de julio de 1886 en El Socialista, en su número 21, es decir, muy al principio de la andadura de este periódico obrero, fuente inagotable de información y de materiales fundamentales.
La masonería española sufrió una profunda crisis finalizando el siglo XIX, entre otras causas por la intensa persecución que padeció porque el antimasonismo consiguió convencer a las autoridades de la supuesta participación de la misma en favor de las independencias coloniales. Eso motivó que algunas obediencias tomaran medidas para protegerse. Ese fue el caso del Soberano Gran Consejo General Ibérico y la Gran Logia Simbólica Española.
Rafael Urbano fue un socialista muy peculiar y al que nos hemos acercado en distintas ocasiones en relación con el fabianismo en España y la formación de los socialistas. Rafael Urbano García fue un madrileño, periodista y escritor, colaborador en Vida Socialista y Conciencia Obrera. Cuando El Socialista pasó a ser diario entró como redactor del mismo en 1913. Al año siguiente fue director de “Fabio”. Perteneció a la Escuela Nueva y al Ateneo madrileño. Trabajó en el Ministerio de Fomento y en La Opinión a comienzos de los años veinte. Por otro lado, Urbano es muy conocido como teósofo y ocultista, además de helenista y traductor. Entre sus obras nos interesa destacar Historia del socialismo, parte antigua, la conquista utópica (1903). Murió en 1924.
La solidaridad en el movimiento obrero de signo socialista ha sido un tema que nos ha interesado tratar en distintas ocasiones, aportando ejemplos para conocerla mejor.
En una anterior pieza estudiamos la opinión de Julián Besteiro sobre la verdadera causa del encarecimiento de las viviendas, y que no sería otra que por la carestía del suelo y no por los materiales de construcción ni por el encarecimiento de la mano de obra.
En esta pieza queremos reflejar cómo los trabajadores británicos se movilizaron por el desarme y, por lo tanto, por la paz al terminar la Gran Guerra. Para ello viajaremos a la Conferencia regional del Partido Laborista que se celebró a finales del año 1921.
Terminamos la serie sobre el trabajo a domicilio en Argentina con el repaso que el senador del Valle Iberlucea hizo sobre los planteamientos críticos sobre el trabajo a domicilio que realizaron algunos autores.
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