Alfredo Palacios fue, sin lugar a dudas, uno de los más intensos socialistas que ha dado la Historia de la República Argentina, en una larga vida de compromiso y de presencia en las instituciones representativas del país como diputado y senador, sin olvidar su faceta docente. Preocupado por el derecho de los trabajadores, por la aprobación de leyes sociales, como el descanso dominical, la ley del trabajo femenino, la ley de la silla, el estatuto del docente, la reforma universitaria, y por su lucha por el voto femenino, sin olvidar su destacado protagonismo en otorgar un halo nacionalista al socialismo argentino. Pero en 1915 fue expulsado del Partido por querer batirse en duelo, una práctica que el socialismo combatía por considerar que era un vicio burgués, y no sólo en Argentina, sino también por parte del socialismo español, como hemos estudiado en alguna ocasión. En el contexto de la Dictadura de Uriburu, apoyada por la derecha que había combatido a Yrigoyen, Palacios aceptó volver al Partido, que llevaba desde 1927 insistiendo en su reincorporación. Esto ocurría en 1930.