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Lowry, alcohol, Oaxaca y Fernando


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«(…) Para ella, preocupada por él, era cuestión de abatir fantasmas. Pero para él era bastante diferente, pues en primer lugar el fantasma más poderoso que debía enfrentar era él mismo, y tenía considerables dudas acerca de si quería que, en modo alguno, lo abatiesen»

Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, 1968, Malcolm Lowry

Lowry decidió dedicarse a la literatura y bebérselo todo, después de su fecundo encuentro con Dylan Thomas y otra serie de circunstancias dirigidas por su natural tendencia autodestructiva, tanto que México terminaría deportándolo, circunstancia y estancia que aprovecharía para novelar en su famosísima Bajo el Volcán y repetir en esta. Le seguiría un intenso periplo viajero rodeado de sus botellas y su aguda pluma, una vida de excesos que terminaría costándole la vida a los 55 años en su Inglaterra natal. No es que escribiera mucho, pero lo que hizo dejó huella.

Puede que Oscuro como la tumba donde yace mi amigo no sea tan conocida pero es impresionante en sus abismos fantasmales: la pareja formada por Sigbjorn el escritor y su esposa Primrose, (alias Lowry y su primera mujer), que a su vez hablan de otra pareja: el Cónsul e Ivonne, personajes de la novela de Sigbjorn. Tres grupos, tres círculos concéntricos: el amor, la literatura y el alcoholismo pertinaz que todo lo rodea, y la búsqueda de la que parte el pasado de Sigbjorn cuando de Canadá regresa a Oaxaca buscando a Fernando Martínez, su amigo del pasado al que nunca encontrará, porque las pistolas (y otra vez el alcohol de cantina) acabaron con él en una tumba oscura y fría, en un país que en la década de 1930 y 1940 debía parecerle a este inglés de buena familia un lugar apoteósico.

La novela, empezada 20 años ha e inacabada a su muerte 20 años después, no era más que un amasijo de datos, argumentos y anotaciones desordenadas, fruto de su manía compulsiva de apuntarlo todo (su viuda tuvo que reordenarlo años después para poder publicarla), se compone de esas mismas notas que dotan a la obra de un carácter más de diario que de novela per se…Nunca sabremos cómo la quiso Lowry, porque antes decidió ahogarse en alcohol, una vuelta de tuerca sin retorno a su fatalismo contumaz. Podemos atisbarlo en ese Sigbjorn, escribiendo en realidad la biografía de Malcolm, con sus dudas como escritor, sus miedos y neuras, y su asombro ante la abrumadora naturaleza viva y salvaje de México con sus profundos valles y oscuros volcanes, sus dioses y cantinas, y esas conversaciones de borrachos pesados que se repiten una y otra vez y que Lowry sublima envolviéndolas en ese manto de simbolismo que amortaja su literatura, dándole caché por su afán de perfeccionista dislocado, de inseguro permanente, maniático, aficionado al ukelele y con carencias afectivas.

Casi parece la obra un millenial impaciente, si no fuera porque ahora tendríamos que explicarles que la frase titular no un hashtag de TikTok sino la de unas hojas escritas hace tiempo en las que ya se anuncia la futilidad de las cosas y la vida real que se están perdiendo por no bajar a conocerla. Ojalá la leyeran.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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