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El oboísta. Cuando los cuerpos están de más, pero no las almas


(Tiempo de lectura: 13 - 26 minutos)

La mayoría de las veces no somos conscientes de nuestros actos ni de nuestras acciones ni de nada de lo que hacemos, por ello provocamos a nuestro alrededor situaciones de las que no somos conscientes, lo cual no quiere decir nada o por el contrario sí, quiere decir mucho. Esto en ocasiones puede provocar alguna circunstancia curiosa. Así sucedió en este pequeño relato un poco trasnochado y romanticón pero de cierta actualidad que a continuación reseño.

Tania era una mujer búlgara que llegó a Francia hechizada por la magia de un hombre, francés claro, que la enamoró estando en Bulgaria durante unas vacaciones. La convenció para que saliera de su país a todas luces perjudicado si lo comparamos con el «bienestar» que suele ofrecer la potencia gala. Tania acababa de perder a su hija de una enfermedad y estaba sola, por lo tanto podría ser una buena idea, esa la de irse de su país a otro. Normalmente tomamos estas decisiones sin imaginarnos jamás lo que después nos vamos a encontrar, son decisiones que por lo general ya no tienen retorno, y lo sé porque a todos los que conozco que se han ido de su país por una u otra razón, su vida nunca vuelve a ser igual que lo era antes de partir.

Cuando Tania se reunió con Étienne resultó —como era de esperar— un fracaso pues a Tania no le resultaba fácil convivir en un país donde no dominaba el idioma, esto es algo que en realidad nos pasa desapercibido cada día, porque no somos extranjeros nada más que de vacaciones, pero que para los que sí lo son es una verdadera cruz, un verdadero martirio para la vida y vemos cómo ésta se puede transportar y transformar por esa causa. Tania no se adaptaba en absoluto y su hombre se avergonzaba de ella en las cenas —reuniones tan obligadas y protocolarias de los franceses— porque parecía idiota y lo parecía de verdad.

Sucedía que muchos franceses no sabían nada de Bulgaria (en realidad tampoco hay por qué saberlo) y no se podían comunicar con ella, y de todas formas aunque hubieran sabido algo, hubiera dado igual, los franceses tienen muchas virtudes pero son pocos los que en su casa hablarán otra lengua que no sea el francés.

Tania resultaba para la mayoría muy atrayente, exótica, enigmática y al mismo tiempo extraña. Tenía ojos enormes negros que maquillaba preciosamente, cabellos rubios que también disfrazaba de un color castaño y una piel blanca, muy blanca y muy bonita, suave, en realidad no parecía de ningún lugar o podía parecer también francesa. Era muy hermosa, entrada ya de sobra en los cuarenta años, su cuerpo no había sufrido hasta aquel momento grandes modificaciones si se compara con el que tuvo a los veinticinco que fue prácticamente perfecto, pues ahora se podía decir que no estaba mal. Le gustaba arreglarse mucho, esta era una de las razones por las que decidió salir de Bulgaria, quizá por el afán de tener, el afán de adquirir cosas, objetos, cremas, perfumes, maquillajes, ropas…esto en Bulgaria comenzaba a estar lejos de su alcance, las marcas, las dichosas marcas que rodean nuestra vida y nos hacen ser materialistas y dependientes de todo lo externo al ser humano: las materias, las cosas.

La convivencia con Étienne fue de mal en peor entre otras cosas porque Tania no podía trabajar en nada. Tania era arquitecto, y además sabía tocar varios instrumentos pero todo eso se convierte en nada cuando llegas a un país donde no conoces el idioma y las titulaciones no están homologadas, eso quiere decir que todo lo que eres o has sido hasta ese momento se esfuma, cualquiera es más que tú y de repente te haces invisible. Es como volver a nacer y convertirte en otro/a, eso es lo que sucede a los extranjeros que se convierten en otra persona cuando han cambiado de país, dejan de ser el que era y se convierten en alguien a quien a duras penas reconocen.

Varios meses después de la dura convivencia con Étienne, un hombre de carácter muy fuerte, orgulloso que no podía controlar su ira, Tania quiso regresar a Bulgaria pero pensó que era como perderle la partida a la vida, ya estaba en el punto de no retorno, a pesar de lo duro que le había resultado todo, ya no era momento de volver atrás, pero sí de abandonar a Étienne quien ejercía sobre ella lo que podríamos denominar hoy como una clara forma de maltrato psicológico. Este tipo de maltrato está muy extendido entre las parejas, pero sin embargo, nadie se atreve a denunciar por diversas razones, pero es de las cosas que más sufrimiento origina en las personas, en las relaciones y por el contrario se puede convivir muchos, muchos años en una relación así hasta que el deterioro y la autoestima llegan a una situación límite, claro, como todo en la vida, no hay mal que cien años dure.

—Yo no he salido de mi país para estar junto a un hombre que me es infiel, no creo en ese tipo de relaciones. Si las cosas no van, pues no van, pero no me engañes. Decía con razón Tania.

Étienne que era un tipo caprichoso, adinerado, un hombre de relaciones, parecía hacer poco por su «desprotegida» aunque a decir verdad, mejor era así. De todas formas aunque hubiese hecho mucho por ella, lo cierto es que Tania no sabía francés como para trabajar en algo decente y poder defenderse. Pactaron una separación «amable» y caballerosa de la parte de él y Étienne le dio un dinero a Tania suficiente para mantenerse por ella misma al menos durante dos años. Lo cual parece lógico si se tiene en cuenta que fue él quien la arrancó de su país, ahora lo normal era compensar esa decisión, después de haber visto que la experiencia no había sido buena, las costumbres son las costumbres, decía Étienne. Era un hombre de mundo y afortunadamente comprendió que no se puede arrancar a una mujer de su raíz y dejar de quererla porque no se adapta a tus costumbres, porque no se adapta a Francia, con la cantidad de inadaptados que hay en este país y son franceses, cuanto más siendo extranjero, en fin, no entiendo nada del mundo. Yo siempre he dicho que los divorcios son para los que tienen dinero y nada más.

Lo bueno o lo malo, no lo sé, de los extranjeros es que lo mismo están que dejan de estar, porque ser extranjero es ser de ninguna parte, es ser ajeno, un mero espectador en realidad. Un día llegas a un país donde no pasa nada porque llegues y otro día te vas sin que vuelva a pasar nada porque te vayas, aunque hayan pasado quince años entre medias. Es la vida.

Este hecho en el fondo no amilanó a Tania quien una vez más tenía que reinventarse de nuevo y empezar sola. Esto a veces es mejor que nada aunque nos parezca que es como vivir en el vacío. Al separarse de Étienne todo cambió, había liberado de su vida una fuerte presión que le ahogaba, ahora le bullía el francés en la cabeza amablemente. Llevaba ya casi dos años pero no había progresado gran cosa, al menos en apariencia, claro sobre todo si lo comparamos con los franceses que lo hablan extraordinariamente bien. Esta lengua hay que aprenderla de pequeños, sino, es prácticamente imposible —aunque hay algunos que lo consiguen— pasar como francés cuando no lo eres. Siempre se es extranjero.

Tuvo bastante suerte y encontró lejos de la ciudad, en pleno campo, una casa de alquiler muy bonita. Para un arquitecto resultaba ciertamente transformable claro, pero no estaba nada mal, a cambio tenía que manejar coche para todo, inconveniente de vivir en el campo, pero consiguió uno barato y gracioso de un vecino que no lo quería. Para esta gestión también intervino Étienne. La casa (que Étienne había dejado pagada durante dos años) era grande y Tania podría tener su estudio y poder tener sus cuadros pues como otros arquitectos que he conocido, dibujaba y pintaba muy bien. Durante el tiempo que había vivido con Étienne no había cogido un lápiz, no podía, estaba en situación de bloqueo mental, solo servía como amante y como muñeca idiota que no tiene nada que decir en ninguna reunión, una acompañante decorativa, bella. Tania era la belleza. Después de todo Étienne había sido amable con ella, había sido simplemente persona, y habían terminado bien, habían terminado antes de que invadiera la relación el deterioro salvaje que suele suceder en este tipo de relaciones. Étienne se había cansado de ella porque no se adaptaba y le parecía una rémora y sin embargo ahora Tania que estaba sola comenzaba a despertar y a ser y a existir.

No obstante, estaba claro que aunque tenía los gastos pagados para dos años en la casa y algunos ahorros, debería emplearse en algo. Los lienzos, las pinturas, los materiales para sus cuadros suponían algunos costos, además de sus pequeños vicios cosméticos ineludibles e intrínsecos a su existencia. Añadiremos, claro está los trapitos estilosos con los que solía vestirse. ¡Uno no puede dejar de ser quién es! —decía ella, y con eso no se derrumbaba en una fuerte depresión como suele ser habitual.

Después de haber meditado grandemente y de haber perdido la esperanza de encontrar un empleo de su categoría, después de haber llegado a la conclusión de que tardaría mucho tiempo en emplearse como arquitecto, pensó que ocasionalmente podría poner a la venta sus cuadros, o quizás no, pero de momento tenía que subsistir. Por azar, porque en ocasiones solo es el puro azar (o quizás otra cosa más profunda que no comprendemos o no admitimos) había conseguido poner sus papeles como inmigrante (en la peor categoría que podía existir) y dio con sus huesos a trabajar como mujer de la limpieza en el Conservatorio de Música de su ciudad, por cierto uno de los más grandes y nuevos de Francia, lo que quiere decir: muchos metros para limpiar. Había varios turnos de limpieza claro. Ese fue el comienzo de su nueva existencia de su nueva reinvención.

El salario de limpieza, aunque no fuera gran cosa le permitiría obtener materiales para sus pinturas y algún que otro caprichillo cosmético. Lo de la comunicación era otro cantar, eso es prácticamente imposible. En Francia, y no solo en Francia, los europeos no comunican sus debilidades, ni sus problemas a nadie, siempre están bien, no dan pie a compartir sus males con persona alguna y yo siempre me pregunto si tienen un buzón especial para depositar las emociones, los sentimientos y los problemas de cada día. Claro es que en su historia han sufrido muchas guerras, divorcios y parecen que están hechos al dolor magníficamente, también por generaciones, mucho más que los de fuera. Se puede dar el caso de estar en una peluquería —lugar de encuentro y conversación— con una mujer del barrio que todo el mundo sabe que acaba de enviudar y no por ello la situación cambia, nadie la abraza o le da muestras de solidaridad especial, no, todo está bien, siempre. Las gentes son capaces de llevar fuertes cargas día tras día sin apenas compartirlas. No sé cómo aguantan. Sin embargo otros grupos de extranjeros no funcionan así, les parece incomprensible tanta deshumanización.

Esta frialdad me ha dejado helada muchas veces en mi vida, esa, y el desdén que tienen de forma generalizada por los niños, claro que si generación tras generación ejercen esa tiranía tan bestial los unos con los otros, todos ellos van reciclando una animadversión infinita que se transmite casi genéticamente. A los niños de doce años ya nos les hace gracia cuando lloran los bebés…y así, es por la represión educacional que funciona muy bien para ser educado pero que irremediablemente fulmina toda creatividad y expresividad, les hace bastante máquinas. Es la ley del silencio.

El caso es que a pocos días de comenzar a trabajar como limpiadora, nuestra Tania descubrió al hombre que daría el sentido a su vida, digo esto de forma literal: es alguien en ocasiones quien nos crea y da el sentido a nuestra vida. En la planta tercera del Conservatorio un día escuchó el sonido de un oboe. Cada sala tenía una curiosa disposición con un gran ventanal hacia un patio y otro hacia el pasillo de tal forma que desde fuera aunque con un cristal ahumado se podía ver al intérprete, se podía ver lo que sucedía dentro de cada sala. Tania sabía tocar aceptablemente el violonchelo pero sentía una atracción inexplicable por el oboe, bien es verdad que su abuelo polaco había sido un oboísta reconocido, judío, y aunque no llegó a ser exterminado, murió loco por la enfermedad característica de los intérpretes de oboe: el efisema pulmonar. Aquel día y después de haber encontrado a ese hombre tocar aquel instrumento sintió cómo algo se transformaba dentro de ella, parecían renovarse todos sus sentidos, sentía un fuerte ahogo y sintió que aquellos labios que tan dulcemente interpretaban esa música, pertenecían a la boca más deseable del mundo. Sus cabellos castaños recogidos en una trenza, su vestimenta extremadamente cuidada que remataba en unas manos preciosísimas que digitaban aquella madera con una velocidad inaudita. Se fijó en sus ojos que aquel hombre a veces entornaba en mitad del esfuerzo y vio que eran azules. Podría tener treinta años, aunque eso daba igual, la edad en los hombres no está del todo en el físico sino en la cabeza. La pobre Tania quedó hechizada, más muda que nunca, tuvo que recostarse sobre la pared durante al menos quince minutos que le duró el éxtasis antes de continuar empujando su carro de limpieza. Pasó por allí alguien que le preguntó si se encontraba bien, ella dijo que sí, que se encontraba fenomenal ¡qué iba a decir si no!

Días, meses pasaron de aquello y al mismo tiempo su vida cobró un sentido, por primera vez. Esa es una de las facultades del «amor» que da sentido a una vida monótona, aburrida, crea a las personas en una vivencia única a cada vez, y además es ciego, el amor es ciego. ¿Por qué? Porque no admite defecto, por eso es efímero e irrealizable, utópico, porque en una primera etapa «no vemos nada» todo es hermoso en lo que vemos de la otra persona, no queremos ver los defectos por eso mismo es puro sueño e ilusión, la idea que tenemos del amor o el amor mismo está en nuestro corazón o en nuestra mente, no existe físicamente, somos nosotros quienes lo hacemos realidad. Cuando queremos llevar ese estado que además es uno de los rincones de nuestra imaginación al terreno de lo práctico de lo convencional o de lo cotidiano, entonces el amor en estado puro se esfuma, lógico, puesto que es un estado del alma, el alimento de nuestra imaginación y la máquina de nuestro espíritu, por tanto al materializarse se produce el desacuerdo total emocional, la desilusión.

Los grandes músicos solo algunos grandes músicos y algunos artistas llevan el amor dentro y esa fuerza se renueva continuamente, porque «tienen algo que dar» a veces ha sido o es una madre la que les da la fuerza, otras veces es un padre (no el caso de Beethoven claro) otras veces es una mujer o un hombre quien da esa fuerza, pero el amor está ahí antes de que llegue nadie, los músicos son portadores del amor, por eso a algunos artistas y a algunos músicos les resulta difícil amar o darse a alguien, ya lo hacen mediante su arte. Esto le sucedió a aquel oboísta: sentía una fuerza especial y diferente pero no sabía identificar de dónde venía.

Tania le escuchaba interpretar a Telemann, Bach, Pasculli, Mozart…porque Pierre que así se llamaba tenía la costumbre —es posible que tampoco él mismo supiese la razón— de ensayar en su despacho del Conservatorio por las mañanas bien temprano justo cuando a Tania generalmente le tocaba turno, pues nadie quería ir a esas horas. Allí mismo aquel hombre fabricaba sus anches lo que le daba un aire de San José evangélico muy interesante, un aire como de carpintero inspirado. Hacemos las cosas pero no sabemos por qué. Tania empujando su carro tenía su «disculpa» para poder estar cerca del despacho de la tercera planta, ya casi como una obsesión, esto fue al principio. Poco a poco cambiaba turnos y hacía lo imposible para coincidir con aquel hombre maravilloso por el que había perdido casi la razón a primera vista, aunque la presencia de Tania no influyese aparentemente en la vida de este hombre, yo sé que sí le daba la vida, y la creación y el arte como sé que son los árboles los responsables del viento, son los árboles los que causan el viento y no al revés.

Con el tiempo, es decir cuatro años después hizo «amistad» con una de las profesoras de violonchelo que también era extranjera y por lo tanto con cierto cosmopolitismo que le hacía ver un poco más lejos de sí misma, facultad ésta ausente a veces en los artistas. No le quedaba otra si quería tocar el violonchelo. La violonchelista, Gertrudes, comprendió todo a la perfección un día que casualmente se quedó sin gasolina cerca de la casa de Tania, cuando ésta volvía del trabajo extraordinario pero valiente y útil de limpiar los suelos del Conservatorio o edificio de locos que viene a ser lo mismo. Recogió a la violonchelista y la invitó a casa a tomar café después de haber solucionado el problema de la gasolina. Como la visita a la casa fue realizada de forma improvisada allí encontró todo con la naturalidad que uno tiene su casa cuando no espera a nadie. De tal manera encontró una casa sorprendente, pues a pesar de no esperar a nadie, estaba todo impecable con una enorme mesa de las de arquitecto, varias esponjas sobre ella (que generalmente utilizan los arquitectos para dibujar sus arbolitos) lápices, pinturas, reglas…En las paredes colgaban enormes cuadros realizados por Tania, aunque la violonchelista no lo sabía hasta que ese día estuvo en su casa y comprendió el drama de Tania, el drama de una gran artista que tenía que trabajar en el silencio, que escondía su talento, pero que estaba ahí. Subió a la primera planta, había mesalina, y descubrió los numerosos cuadros y retratos a lápiz, magníficos que allí estaban en diversos caballetes de su colega el oboísta. Los había de todas las partes de su cuerpo, de sus manos en el oboe, de sus labios, de ojos cerrados, de ojos abiertos, otros de sus cabellos, de su cuerpo vestido, de su cuerpo desnudo, de su mirada…todo era fruto de la observación. La violonchelista comprendió el talento de Tania pero también comprendió que Tania sentía algo más que especial por el oboísta y la situación le tocó el corazón y decidió ayudarla.

Es curioso como en las grandes historias de amor —esta lo era— necesitamos la intervención de terceras personas, a veces éstas funcionan como ángeles. Tania no quería hablar del tema porque sentía una vergüenza tremenda, era más que obvio que aquellas pinturas y aquellos dibujos no estaban hechos de una simple mirada, había tal detallismo que estaba claro que la autora había pasado horas y horas admirando a aquel hombre, digo admirando porque así le retrataba, con admiración.

La violonchelista le informaba de las actuaciones de su amigo e incluso convocó una fiesta en su casa, con la idea de provocar un encuentro entre el oboísta, es decir, Pierre y Tania, era una de esas fiestas características de mis amigos franceses en las que acuden gente diferente aunque no tengan nada que ver los unos con los otros. Tania no acudió. Para ella estaba claro que nadie se querría relacionar con una señora de la limpieza y además búlgara, es cierto que si se encontraba más desinhibida el francés le fluía bastante mejor, aunque con terrible acento, claro. Ella pensó que no tenía nada que hacer ni en esa fiesta ni en ninguna.

La violonchelista acudió al día siguiente a casa de Tania, pues ésta no había acudido a su trabajo y la encontró ciertamente desmejorada. La violonchelista aunque tenían cierto nivel de amistad, estaba un poco molesta con Tania, al fin y al cabo había convocado una reunión para mejorar la integración de Tania en «sociedad» y ésta no había asistido. También había invitado a su colega oboísta quien por una vez no tenía ningún compromiso…era sin duda una buena oportunidad. Apareció vestido de negro con una camisa de estilo oriental y zapatos de punta, el cabello peinado todo para atrás, y con ese olor…estaba guapísimo, ciertamente. Tania le dijo que le agradecía infinitamente su acción pero que no se encontraba bien, estaba en su cama enorme con baldaquino, el cabello liso, muy demacrada, con mal aspecto, con ganas de nada. Gertrudes salió de la casa de la arquitecto triste y preocupada. Los siguientes días Tania no acudió al trabajo.

Parece ser que el oboísta estaba soltero, era un alma rara quien no encontraba con facilidad un alma más o menos gemela, aunque era muy mujeriego, quiero decir que sexualmente tenía muchas mujeres, pero nada más, no tenía a Tania que le amaba y le daba la fuerza del amor. Aunque hubiera estado casado hubiera sido igual de mujeriego, por lo tanto, esta condición de soltería o de matrimonio no importaba gran cosa a Tania quien había perdido la cabeza por el oboísta, por él, por su persona, no por su circunstancia, era el amor en su estado puro.

Uno de aquellos días en los que nuestra amiga arquitecto no acudió a trabajar, mientras nuestro oboísta practicaba como de costumbre en su despacho, sonó la puerta: era Tania. En una primera instancia quiso abrir de mal humor, acción propia del que es interrumpido en plena creación o interpretación.

Cuando abrió la puerta se encontró a aquella mujer en quien — lógicamente— nunca había reparado a pesar de llevar cinco años limpiando aquella zona y aquel despacho, sin embargo, no le pareció nadie que se dedicase a tareas domésticas. Vestida toda de negro, en mi opinión con unas ojeras enfermizas importantes, le dijo casi en perfecto francés: Hola Pierre, esto es para usted…y gracias por todo. El oboísta no entendía nada aunque sintió algo tan especial que de momento no reaccionó y cuando lo quiso hacer la mujer de negro ya se había ido. Le entregó una enorme carpeta con dibujos y pinturas sobre él. Abrió la carpeta y pudo ver aquellas obras de arte magníficas y sintió algo indescriptible, algo amable, hermoso, generoso al tiempo triste, pero no sabía describir qué era lo que le pasaba. Estaba claro que aquellas obras sobre él solo podían ser realizadas por un gran artista y sobre todo por alguien que había «estado observándole» constantemente sin que él lo supiera. Intuyó sentimientos extraños, encontrados, comprendió que los pasillos tienen alma también, y comprendió la fuerza silenciosa del amor, ese que ahora ya se había ido pero que había estado presente durante los últimos cinco años sin que él pudiera caer en la cuenta y ahora que ya no estaba no podía casi ni respirar.

Salió corriendo detrás de ella pero Tania ya se había marchado. Preguntó agitado a las mujeres de secretaría por aquella mujer que acababa de salir pero nadie se había apercibido… ¿qué mujer? Las dos secretarias comentaron que —en efecto— los músicos de viento con el tiempo pierden la razón.

Comenzó el desasosiego para Pierre.

Tania, en efecto, ya no volvió al Conservatorio y el oboísta preguntaba y preguntaba una y otra vez a las secretarias, ¿quién es la mujer que ha entrado en el Conservatorio con una enorme carpeta?

—Señor en esta mañana tan temprano la única persona que ha estado, que ha entrado aquí es Tania.

—¿Tania? ¿y quién es Tania?

—Una de las mujeres de la limpieza que ha venido a entregar su baja. —No puede ser. Bueno sí o no, me da igual. Exijo —y esta vez hablaba lleno de cólera— que me den la dirección, el teléfono de esa mujer. —No podemos dar esa información.

—Sí me la van a dar. ¿Qué saben de ella?

—Pues que es búlgara y que trabaja como mujer de la limpieza en este establecimiento desde hace cinco años, pronunció una de las secretarias temerosa de la mirada histérica de Pierre.

—¿Y qué más? Gritaba con lágrimas en los ojos el músico completamente enloquecido.

—Nada más, no sabemos nada más.

—Me están diciendo que no saben nada más de alguien que trabaja aquí desde hace cinco años, sólo que limpia en el Conservatorio y que es búlgara?

—No tenemos por qué saber nada más, no creo que haga falta saber más —digo yo— se decía la una a la otra, ella es muy reservada. —Sí, sí reservada…con gente como ustedes no me extraña, quién no es reservado, si se puede uno morir en medio del pasillo y no pasaría nada, absolutamente nada.

—Díganme donde vive.

—Esa información no podemos darla.

—Pues me la van a dar inmediatamente porque si no voy a montar un escándalo ahora mismo.

El hombre estaba fuera de si, pero consiguió que le dieran la ficha de la trabajadora. En efecto estaban sus datos, es decir el nombre y el apellido de casada que pertenecía a Étienne es decir: Tania Gautier, pero el domicilio que figuraba era el primero que había tenido con su marido por llamarle de alguna manera, algunos no merecen ser llamados así. Se presentó allí mismo, llamó a la puerta y le abrió una mujer rubia, de pelo liso. Él preguntó por Tania, la otra mujer se quedó parada de momento, le hizo pasar y llamó al que debía ser —y era— otra vez marido, su marido.

—Étienne, hay un hombre que quiere hablar contigo. El músico no entendía nada de momento, pero cuando vio aparecer a Étienne, su figura orgullosa, entonces se creció y aun sin saber nada, preguntó por Tania como si fuese propiedad suya, en el fondo lo era.

—Étienne observó a aquel joven con aspecto de artista, y a pesar de ser francés y correctamente «très polys» sintió algo que debía ser parecido a los celos, sintió que algo movía su amor propio su orgullo de hombre. Tenía delante a un músico extraordinario, hermoso, joven, guapo, que se interesaba por la que fue su mujer, en otro tiempo y que él tanto había despreciado, pero que en realidad fue amante y como persona, nada. Se comió sus celos. El oboísta dijo que necesitaba encontrar a Tania, que era la mujer de su vida. Étienne no obstante, comprendió la sinceridad de aquellas palabras y aunque no sabía nada de ella desde hacía tres o cuatro años, dijo que porque quería encontrarla. El oboísta le mostró algunos de los dibujos y Étienne sintió que fuese lo que fuese había algo muy importante entre ellos, Tania nunca había pintado así mientras estuvo con él. A pesar de la frialdad que muestran los hombres, dejó ver su lado más sensible y le explicó algo de lo que fue su maltrecha relación, le confirmó que en efecto Tania trabajaba como mujer de la limpieza en el Conservatorio de la ciudad, pero que eso era solo su medio de vida, que en su condición de extranjera no podía ejercer su verdadera profesión que en realidad era una gran arquitecto, una excelente dibujante, un artista plástico, más tarde le dijo dónde podía encontrarla. Fue hasta la casa, pero estaba cerrada, Tania no estaba en la casa.

Aquellos dibujos, cuadros, láminas que Tania había realizado durante los últimos cinco años eran mucho más que una declaración de amor y el oboísta lo había comprendido perfectamente y se sentía mal, triste, por no haberse dado cuenta, por no saber y poder ver muchas veces lo que tenemos delante. La vida es así, nunca nos fijamos en lo que tenemos delante y buscamos sin cesar donde normalmente no hay nada.

En esos días en los que el oboísta estaba fuera de si mismo tropezó por los pasillos con Gertrudes y le contó la razón de su sinrazón. Ella decidió ayudarle y juntos volvieron de nuevo a la casa de Tania, entraron porque la puerta de atrás nunca cerraba bien. Descubrieron el hospital donde Tania estaba ingresada enferma de cáncer, todavía no era tarde. Aquel hombre entró en la habitación donde estaba la pintora y decidió compartir sus días hasta el final de los de ella. Tania vio cumplida una ilusión, durante todo el duro proceso de su enfermedad y posterior muerte, sintió que mereció la pena poder vivir los últimos meses de su vida con aquel hombre para ella maravilloso a quien enamoró perdidamente, a quien todavía cuando le escucho tocar su oboe sé que piensa en ella y cuando le pregunté sobre cuál era su historia y el porqué de su ausencia mental ocasional y de su angustia y me contó con todo detalle su historia.

La fama y gloria de Tania Wagner es reconocida por el mundo entero si bien su vida ha sido siempre un enigma, son pocos los que la conocen, he hablado con su representante y tiene pocos detalles sobre su vida privada, aunque le cambió la voz cuando le hablé de un reconocido oboísta. Quiso rápidamente contactar con él. He visto los dibujos de Tania Wagner en las mejores salas y museos de París, Londres, Madrid, Roma cotizados hoy como auténticas obras de arte, sin embargo nadie me da razón de que haya trabajado ninguna Tania Gautier en el Conservatorio ni de ninguna Gertrudes violonchelista en ese establecimiento, nadie ha visto una mujer con una descripción así. Es verdad que ha cambiado el personal. Pierre de vez en cuando está en tratamiento porque no está muy bien pero yo sé que su historia es verdad. Tampoco he encontrado en el Anuario a Étienne Gautier. Sin embargo, Pierre me ha mostrado el tesoro de sus cuadros que guarda como un secreto, yo los he visto, son reales como la joya de esta historia que nadie cree de él, aunque yo sí le creo y existen las pruebas de esas obras absolutamente maravillosas y supongo que cotizadísimas.

Su música también cuenta todos estos acontecimientos. Hoy en día Pierre también es compositor y podemos escuchar su grandiosa música que habla de amor en estado puro, de presencias invisibles, de las presencias que se ven aun muertas, de la imaginación, de los sueños, de laberintos de sensualidad, de arte, de belleza, también de Bulgaria, de ojos grandes, de miradas, de besos, de acentos, del tacto, del sentido…de muchas cosas habla su música y también su oboe, generación de la verdad de la existencia.

Todos los músicos tienen historias y me las cuentan, son generosos, sin embargo yo solo escucho y no les cuento nada, o quizás sí y son estas historias mías que yo les cuento a ellos como secretos de escritor.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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