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Un modelo de arquitectura y paisaje: la masía catalana


(Tiempo de lectura: 4 - 8 minutos)
Masía en el camino de Sant Vicenç dels Horts a Molins de Rei. / Museu Nacional d'Art de Catalunya. Masía en el camino de Sant Vicenç dels Horts a Molins de Rei. / Museu Nacional d'Art de Catalunya.

El Museo Nacional de Arte de Cataluña alberga una acuarela del siglo XIX, hecha con tinta a pluma y lápiz grafito sobre papel, fechada entre 1826 y 1827 (https://www. museunacional.cat”) que ofrece una estampa hermosa sobre este tipo de paisaje característico del espacio rural catalán, en este ejemplo referido a San Vicenç dels Horts a Molins de Rei. Junto con otros dibujos y grabados similares que realizó el capitán Delamare como arqueólogo e investigador, sirvieron de muestra de un modelo económico y social cuyo beneficio se basaba en obtener un rendimiento de las tierras. Constituyeron a lo largo del tiempo un entorno natural particular, a la vez que un modelo de hábitat disperso, testimonio del valor de las actividades primarias que, actualmente han quedado convertidas en reclamo para el turismo. Inspirados por esta contemplación traemos aquí algunas notas sobre el carácter de las masías, testigos de una sociedad rural cuyos orígenes tienen un pasado amplio y de gran valor histórico.

Hacia 1035 se había producido la unión territorial de tres condados carolingios de la zona pirenaica (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza) y daba comienzo un proceso de expansión frente a la ocupación musulmana que habría de marcar dos espacios políticos, entre el propio Reino de Aragón y el condado de Barcelona. Por la entidad territorial de Cataluña, su limite geográfico habría de pasar a ser parte de la Corona de Aragón. Desde estos orígenes medievales vino a implantarse sobre las tierras de nobles y eclesiásticos un sistema de tenencia o propiedad que sirvió de fundamento a la conformación de núcleos rurales concretos. Por otro lado, se trataba de un importante conjunto de regiones que tuvieron clara influencia de los modelos sociales y económicos de los carolingios desde el siglo VI, con lo cual habrían de unirse no solo los tipos sino también algunas formas de explotación y colonización de tierras. Otros núcleos surgieron en esta frontera oriental que constituyeron las marcas con una personalidad importante, definidoras de condados independientes entre sí, vinculados, al menos en cuanto a la definición administrativa y jurídica, con el modelo carolingio, que vino a marcar una decisiva línea diferenciadora respecto a otros modelos peninsulares hasta el siglo XVIII como es sabido a raíz de los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. En este siglo “la gran masía se fragmentó destinando parte de las áreas trabajadas a cultivos intensivos reduciendo los barbechos y entregando a los roturadores los límites forestales reservados al pastoreo intermitente”, según cita textual de Albert Ballcells, El problema agrario en Cataluña. La cuestión rabasaire (1890-1936), Serie Estudios, Ministerio de Agricultura, 1980, pp 29 a 34, Cap. I, (Evolución de los sistemas de explotación de la tierra en Cataluña hasta finales del siglo XIX) en su análisis sobre las condiciones de los arrendamientos y las implicaciones sobre el campesinado y los cultivos en general. La situación administrativa y jurídica pasó por una esencial modificación ya desde el siglo XIX, no solo por el proceso de abolición del régimen señorial sino además por las consecuencias de las leyes desamortizadoras, que de forma significativa no generaron la formación de latifundios dado que los nuevos propietarios de tierras, tal vez con una mentalidad más pragmática, buscaron las formas de maximizar beneficios y mejorar la producción. No obstante, en el caso de las masoverías, los propietarios rurales defendieron durante tiempo los sistemas tradicionales al tiempo que el problema social del campesinado al servicio de estas tierras adquiría una dimensión social que la política no lograba proteger con éxito.

El paisaje que define el mas o manso hace referencia, en primer lugar, a una explotación donde rige la casa o masía entre sus campos, tierras, ganados y aperos cuyo origen económico se remonta a ese mansus del entorno franco medieval de la Cataluña oriental. De una estructura familiar sólida y transmitidos por herencia posiblemente, mostraron un carácter autárquico exigente al ser la tierra el soporte para su subsistencia, lo que dio lugar a la inversión en la variedad de productos y a diferentes aprovechamientos de los recursos combinando agricultura y ganadería. Llegarían a conformar un conjunto de explotaciones en las que era difícil establecer una línea de superficie dada esa autonomía que facilitaba los agregamientos por motivos económicos. Existe un interesante estudio de Pere Roca Fabregat, ¿Quién trabajaba en las masías? Criados y criadas en la agricultura catalana (1670-1870), (Revista de Historia Agraria, nº 35, abril 2005), que aporta datos complementarios al régimen interno de estas propiedades en cuanto a la estructura de trabajadores de las masías, los tipos de cultivos y la especialización, así como al modelo social generado en los diferentes enclaves rurales.

En la descripción que hiciera Carlos Flores, en su Arquitectura popular española, de 1977, a la hora de definir el modelo socioeconómico y constructivo del mundo rural, define un fenómeno que llama “pairalismo”, en el que figura la presencia del hereu o pubilla como responsables del legado administrativo y obligados al mantenimiento del patrimonio familiar de generación en generación. De hecho, la presencia de esta casa pairal o masía es lo que refuerza el hecho. (Las referencias se encuentran en el artículo de Mª C. Gifre Dalmau y Mª A. Moreno García, Las masías de El Gironés y La Selva. Elementos defensivos en el “mas” del Bajo Ampurdán, véase https://repositorio.uam.es última consulta 12 de junio 2022)

El modelo de hábitat dibujaría así un entorno, como el de la acuarela inicial, que abarca la zona de bosque, prados, campos ocupados por arboledas, viñedos y frutales, mientras que la parte edificada del mas se muestra potente rigiendo ese espacio natural. En principio, el mas podía localizarse en latitudes medias-altas de las montañas, quedando el conjunto definido esencialmente por la casa y la tierra. En caso de existir otros terrenos que no procedieran de su gleba podían haberse incorporado también manteniendo ese régimen de tenencia medieval que, en el área catalana configuraba una interesante jerarquía de propiedades vinculadas (masadas, bordadas, permades, masos secundarios y otras menores en todo el límite). De esa diversidad nació la figura jurídica del mas aloer (con casa y censo); el mas lliure (libre de prestación); o el mas ronec, desocupado o abandonado, lamentablemente afectado por las malas condiciones de clima y epidemias, ejemplo entre otros de los llamados malos usos de la época.

A finales del siglo XV, cuando surge el problema de la remensa, fue a extenderse fuera de las regiones húmedas. En tiempos posteriores y debido a la competencia en el litoral mediterráneo así como a los intereses comerciales en los que la piratería y el bandolerismo hacían presión, hablamos ya de los siglo XVI y XVII, estas propiedades tuvieron que protegerse en algún modo, por lo que se vieron en algunas construcciones torres o piezas defensivas, muy parecidas a los elementos de defensa que ya se añadieron en ciertas edificaciones carolingias, bien de tipo religioso como individual, conocidas como wetswerk, que mencionamos más adelante.

Su arquitectura inicial presenta un modelo básico para la construcción de un edificio de piedra y juego de volúmenes modulado con crujías perpendiculares a la fachada principal. Con un zaguán en la planta baja donde se encuentran los establos, almacenes para los aperos, lagar y prensa si es ele caso y una escalera de acceso a las dependencias familiares del piso superior. Aunque se mantienen ciertas semejanzas entre las diferentes edificaciones es verdad que no se dio un modelo único que diera características generales, pero si que fueron analizados por J. Donés i Torres para 3 concretar una tipología general adecuada al medio natural y a los recursos materiales, siendo así las masías de clima seco con casas que cierran en doble vertiente paralela a la fachada; o casas de dos aguas, perpendiculares a la fachada principal; y las de cuatro vertientes, de tipo señorial, que surgieron a partir del siglo XVI.

Se conciben también con un criterio básico de simetría que puede cambiar en función de esa adaptación al medio. De forma general se elevan sobre una planta rectangular orientada al sur que admite cuerpos de galería laterales. Se trata de una arquitectura funcional abierta generalmente pues depende del espacio de naturaleza y de su propia evolución económica a la hora de explotar los recursos de la tierra, lo que permitió añadir cuerpos laterales o elementos superiores, como hemos señalado, debido tal vez a la obligación de defender la propiedad en tiempos conflictivos, con aspilleras, garitones y matacanes, o torres circulares o cuadradas (puede verse en J. Martí i Pérez, Arquitectura popular catalana: la capacidad de crecimiento de la masía, del C.S.I.C. de Barcelona, en https://digital.csic.es, última consulta 12 de junio de 2022)

En varias ocasiones se refiere el aspecto medieval “románico” de estas construcciones, que es ciertamente un hecho en el uso de la piedra y los fuertes muros, pero también se admite desde los estudios de Puig i Cadafalch la herencia romana en el sentido de villae campestre que tanto inspiró a estas obras como a otras del resto del territorio español. Aunque los análisis de Donés i Torres se enfocaron hacia un modelo más acorde a la idiosincrasia catalana sobre la base de la creación de una entidad propia a partir del choque fronterizo con los musulmanes en las marcas altas, parece demostrado que la actuación árabe no perjudicó tanto el legado romano sobre estas tierras, cuando fueron los propios romanos los que mantuvieron el modelo de “casa del payés” como unidad de trabajo y producción agrícola.

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Autónoma de Madrid (1979). Escribió su Memoria de Licenciatura sobre EL Real Sitio de Aranjuez en el siglo XVIII.

Doctorada en Historia del Arte por Universidad Autónoma de Madrid (1991), Tesis titulada: El urbanismo de los Reales Sitios en el siglo XVIII.

Profesora de Educación Secundaria, en varios centros de la Comunidad de Madrid, ahora ya no en activo.

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