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El gatopardo y el coronavirus


Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

«Nosotros fuimos los gatopardos, los leones. Quienes nos sustituyan serán chacalitos y hienas, y todos, gatopardos, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra»

El gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa La novela póstuma del aristócrata Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa, publicada en 1958 y llevada al cine por el maestro Visconti en 1963, es el relato de la unificación de Italia y del nuevo orden del mundo moderno, contemplada desde arriba, desde la perspectiva aristocrática del príncipe de Salina y su familia que reinan sobre la tierra milenaria de una isla socarrada por el sol africano y las viejas costumbres, las mismas a las que Tancredi sentencia con una frase lapidaria, convirtiendo el mundo en un aforismo aparentemente contradictorio pero contundente en su clarividencia, sellando el destino de lo que vendrá: «Es preciso que todo cambie para que todo siga igual». Así, la historia de una desmembrada sociedad aristocrática, ya decadente, se abre a un burgués y convulso s. XX donde solo cambiará la piel del gatopardo.

A El gatopardo también se le llama la novela de la insinuación, porque sus personajes y hechos también quedan definidos por sus silencios. El mismo silencio que se abre entre el ruido de voces discordantes que hoy nos marean, entre gritos de la masa acusadora y temerosa, antesala de los totalitarismos del ayer y del mañana. Ahora estamos ante una situación mundial extrema y vuelven los delirios, aristocráticos y garibaldinos, a meternos en una sopa espesa llena de conservantes, donde la burguesía ̶ esa cosa ni de uno ni de otro extremo ̶ vuelve a intentar erigirse como el buen camino del medio. Mientras el resto, el pueblo llano, continúa tirando resignado del carro, soportando sobre sus espaldas el peso del momento.

Al releer la novela no puedo dejar de pensar que hemos vuelto a la política del gatopardismo, un concepto lampedusiano según el cual se hace necesario crear un aparente giro revolucionario que permita aceptar cambios con la finalidad de que los de siempre no pierdan su cuota de poder y para que todo continúe igual. Que cada cual le ponga nombre. Yo lo llamo cinismo del fino.

Así que el viejo y el nuevo orden pende de una aguja, o eso parece, si en realidad no fuera la serpiente que se muerde la cola, la misma que necesitamos soltar para extraer de su boca el veneno que sea también el antídoto. Como el problema es que nos puede picar, hemos resucitado la idea de tener un gatopardo, uno semiamaestrado, que esté dispuesto a atacar en el momento en que lo haga la bicha venenosa; verbigracia, utilizar un animal salvaje y peligroso para parar a otro. ¿Hay algo más gatuno? Y no solo estoy hablando de Madrid.

Al fin y al cabo, está en su naturaleza: un gatopardo es un mamífero carnívoro de dientes largos y afilados, no un lindo gatito. Caveat.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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