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¿Qué es inferir en un texto?

Entendemos por Inferir con un texto o “leer entre líneas” como una ayuda a la comprensión lectora, provocando que el lector utilice su experiencia, conocimientos previos y las claves de contexto que le proporciona el mismo texto, para interpretar todo aquello que el autor quiere comunicar y que no está explícito en su escrito. Es uno de los grandes retos de la comprensión lectora que una servidora intenta enseñar a sus alumnos, la mayoría, maestros, para que estos a su vez puedan enseñar a los niños a inferir con los textos, es decir, en la lectura. Esa es una de las razones, aunque hay otras más, del por qué no hay afición ni gusto por la lectura como elemento lúdico, de entretenimiento y de gozo intelectual.

Las diversas teorías y clasificaciones que existen en torno a los procesos inferenciales de los textos convierten este hecho en foco de estudio e investigación en una tarea muy compleja. Siguiendo a Kintsch (1993, en León, 2001), hay muchos tipos de inferencias que entran en juego a la hora de leer un texto, y estas se han clasificado por distintos teóricos según su contenido, su función, su forma lógica o su dirección. Una de las formas más frecuentes de clasificarlas es según su dirección, donde tendríamos por un lado las inferencias “hacia atrás” (a las cuales se les ha llamado de diversas formas como inferencias puente, integrativas o correctivas) y las inferencias “hacia delante”. Las primeras serían aquellas que son menos complejas para la mente humana y se procesan durante la lectura, mientras que las inferencias “hacia delante” son las que ocurren una vez leído el texto en su totalidad, y son más abstractas y complejas (León, 2001). Se requiere una mayor madurez en la comprensión lectora. En español es mucho más complicado de lo que parece a simple vista, pero ya hablaremos en otro texto de esta cuestión tan preocupante.

Respecto a las diferentes teorías sobre la elaboración de inferencias, entre ellas encontramos dos principales: la posición minimalista y la construccionista. Según la hipótesis minimalista, lo único que se infiere automáticamente es aquello que es imprescindible para establecer una coherencia básica del texto, así como las ideas que se logran de frases explícitas del texto y conocimientos muy generales de la mente humana. Estas inferencias automáticas serían las previas a otras más intencionadas y profundas, que serían las estratégicas, según la clasificación de McKoon y Ratcliff (1992, en León, 2001).

Dentro de las automáticas estarían, por un lado, aquellas que establecen la coherencia local, llamadas también inferencias referenciales o inferencias puente, que establecen conexiones entre diferentes elementos lingüísticos explícitos del texto. Por otro lado, tendríamos aquellas que establecen una conexión rápida entre la información del texto y los conocimientos previos del lector, llamadas también inferencias causales antecedentes, dado que conexionan de forma causal las ideas del texto con los conocimientos del lector.

En cuanto a las inferencias estratégicas, también llamadas inferencias elaborativas, estas cuentan con cuatro subgrupos: las semánticas (que aportan su significado a un concepto según el contexto), las instrumentales (que infieren con qué instrumento u objeto se lleva a cabo la acción), las predictivas (que agregan información que no existe en el texto) y las de coherencia global (que conectan las diferentes ideas de un texto para lograr una unidad) (León, 2001).

De todas maneras, es importante apuntar que esta hipótesis minimalista sobre las inferencias ha sido criticada por varios teóricos de la materia, especialmente porque en ésta se clasifican las inferencias en automáticas y estratégicas. Según los críticos, cabe la posibilidad de que en algunos casos las inferencias estratégicas se deduzcan también rápidamente porque son esenciales para la comprensión del texto, y parece que esa clasificación pierde su sentido en el estudio del procesamiento del discurso. Por otra parte, se ha criticado también el concepto mismo de “automaticidad”. Según la teoría, las inferencias automáticas ayudan a decodificar los elementos lingüísticos para establecer la coherencia local del texto, pero la crítica apunta que no siempre esos elementos son constituyentes en su totalidad de la coherencia local. Además, las inferencias llamadas automáticas a veces no lo son tanto y son procesos mentales lentos y elaborados dependiendo del conocimiento del lector y el tipo de texto (León, 2001).

Por otra parte, los defensores de la teoría construccionista afirman que los procesos inferenciales son los que ayudan a hacer representaciones mentales de lo que se nos cuenta en el texto, y para construir esas representaciones la mente humana utiliza tanto la información explícita como las conexiones entre todas las ideas del texto para poder hacer una compresión global. Además, según la hipótesis constructivista, todas las inferencias no se elaboran durante el proceso de lectura y comprensión (on-line), sino que muchas de ellas son posteriores a la lectura (off-line), como hemos mencionado anteriormente (León, 2001).

Por tanto, en la clasificación constructivista tenemos en primer lugar las inferencias on- line, dentro de las cuales encontramos por un lado las que establecen la coherencia local, que serían las referenciales y las de antecedentes causales, y por otro las de coherencia global, entre las cuales estarían las temáticas y las que configuran la reacción emocional del personaje. En segundo lugar están las inferencias off-line, que serían las consecuentes causales, las pragmáticas, las instrumentales y las predictivas (León, 2001).

Un ejemplo de esta última teoría sería la clasificación de Duque y Vera (2010). Según las autoras, hay seis categorías de comprensión inferencial. Las inferencias referenciales son aquellas inferencias semánticas y gramaticales que se realizan al relacionar una palabra o estructura con un elemento previo del texto, y se consiguen gracias a los procedimientos de cohesión textual como es la repetición léxica, el uso de pronombres, la elipsis o la sustitución sinonímica, entre otros mecanismos.

Las inferencias de antecedentes causales, dentro de las cuales encontramos por un lado las “puente”, que son las que hacen conexiones causales de lo que se está leyendo con la información que se ha leído justo antes, y por otro las causales elaborativas, cuando el lector realiza conexiones causales entre la información del texto y sus propios conocimientos previos, exteriores al texto.

La tercera categoría es la de las inferencias temáticas, que ocurre cuando se agrupa la información del texto en un solo paquete de información, por ejemplo al inferir moralejas de un cuento. Otra categoría son las inferencias sobre reacciones emocionales de los personajes, que son las que permiten que el lector se sienta identificado o reconozca las emociones del agente del texto en respuesta a una acción o suceso.

La quinta categoría es la de las inferencias instrumentales, a partir de las cuales se infiere el objeto o recurso mediante el cual el agente realiza la acción. Por último, están las inferencias predictivas, que son aquellas a partir de las cuales se sacan suposiciones, reflexiones, conclusiones o permiten presuponer otros datos, reuniendo distintos datos que ya aparecen en el texto.

En estas seis categorías de inferencias se agrupan por un lado las referenciales y las de antecedentes causales, que son las que establecen coherencia local, y por otro lado las de coherencia global, donde entrarían las temáticas y las de reacción emocional del personaje. Por último, están las inferencias que se realizan después de la lectura, donde se encuentran las instrumentales y las predictivas (Duque y Vera, 2010).

En cuanto al nivel de dificultad de realización de estas categorías de inferencias, en el nivel básico tenemos las inferencias referenciales, dado que se utiliza para estas nada más que la memoria a corto plazo, y son por lo general inferencias obvias. Estas inferencias pasan a formar parte de la representación mental del texto junto con la información explícita del mismo. En un nivel medio están las inferencias predictivas e instrumentales, y las más complejas son las temáticas y de antecedentes causales. Debemos tener en cuenta que estas últimas son las esenciales para una buena comprensión global del texto, y no realizar este tipo de inferencias suele ser señal de no ser un buen lector o tener pocos conocimientos previos. Las teorías constructivistas dicen que los buenos lectores intentan buscar una razón a todos los hechos o datos del texto (Duque y Vera, 2010).

En este sentido, Duque y Vera (2010) aseguran que elaborar inferencias es algo que se puede hacer desde una edad muy temprana, pero estos procesos se pueden mejorar si el docente hace una buena labor de mediador entre el texto y el alumno, y facilita la tarea inferencial mediante estrategias o actividades a partir las cuales sea posible, como en el caso de los ejercicios expresos de lectoescritura, ver los hechos implícitos o subyacentes al texto para poner en marcha procesos cognitivos más complejos.

Volviendo a las teorías de los procesos inferenciales y las diferentes taxonomías, la crítica que se ha hecho al modelo construccionista es que la clasificación de las inferencias se basa únicamente en textos narrativos o de carácter más literario. Estos textos se pueden relacionar fácilmente con contextos y situaciones que la mente conoce muy bien, por lo que las inferencias en ellos son mucho más frecuentes y ricas (León, 2001). Dicho esto, este modelo constructivista es el que más encajaría en nuestra revisión inferencial con respecto a la enseñanza y didáctica de la Lectoescritura, especialmente ahora que tenemos alumnos en ocasiones con inmersiones lingüísticas de tres idiomas.

1León, J. A. (2001). Las inferencias en la comprensión e interpretación del discurso: Un análisis para su estudio e investigación. Revista signos, 34(49-50), 113-125. 

2Duque Aristizábal, C. P. y & Vera Márquez, A. V. (2010). “Exploración de la comprensión inferencial de textos narrativos en niños de preescolar”. Revista Colombiana De Psicología, 19(1), 21-35. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3641261.pdf

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.