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El escritor como sabio del encierro

Être seul, c’est régner; être libre, c’est vivre

Estar solo, es reinar ; ser libre ; es vivir

Alphonse de Lamartine, Poèmes du Cours familier de littérature, IV.

Los escritores en general somos personajes peligrosos. Esto sin duda se puede comprobar de una manera cotidiana con las reacciones que tienen nuestros amigos y familiares, otros colegas que se dedican a lo mismo les sucederá igual.

De entrada, nuestra profesión parecerá –para la mayoría de la gente- algo ociosa, nada fundamental y mucho menos algo de importancia para la marcha de la economía de un país. Me refiero concretamente a la “opinión” que de estos temas tienen mis confrères españoles, pues en otros países conceden otra importancia a escritores y filósofos como es el caso, por ejemplo, de Francia. Bien, dicho esto, paso a comentar algunas reacciones curiosas que de este tema he podido cosechar. Siendo consciente de mi estatus de vaga nacional, constaté en algunas amigas (todas eran mujeres las que me lo decían sin saber hasta hoy porqué) la mala leche que tenían cuando me lancé en pleno embarazo y crianza de varias criaturas a hacer un Doctorado en Filosofía y Letras. Lógicamente nadie daba un duro por mi, considerada escoria social, osea, una mamá que ahora quiere ser intelectual, un horror, ni siquiera el director de tesis –del que podría decir y acusar ahora de más de una cosilla- confiaban en mi proyecto. ¿Para qué quieres ser Doctora en letras ahora? Ese ahora castrante, me sonaba a fascismo puro. Pero me dió igual porque uno debe confiar y creer sobre todo en su propio potencial y nada más. El tiempo pasó y donde la gente normal emplea seis o nueve años en terminar, yo lo hice en tres, es decir, que cuando leí mi tesis, fui con varios libros publicados y me dieron mi notaza, aunque el tribunal se pegó literalmente. Los libros de ensayo literario y filosofía que escribí a partir de aquellos años cayeron en saco roto, he publicado casi cuarenta ejemplares de Isidora Revista de Estudios Galdosianos, y otras obras más, que muchos quieren como sea, hacer invisibles. Me da igual, ahí están y lo suyo en un Centenario es que hable de Galdós, por ejemplo, el cristalero o porqué no, el mecánico de la casa Mercedes, seguro que sabe mogollón. Todavía hoy, colegas de Universidad –un mundo dominado por acomplejados y por machismo paternalista- continúan en su afán de hacerlos pasar desapercibidos. A mí me sigue dando igual porque no consiguen que me pare, son seres que tienen que existir forzosamente para reforzar el héroe que llevamos todos. Cuando uno escribe “esas cosas tan serias que nadie entiende” te dejan de lado por marginada social, o por una que en realidad no llegará a nada porque escribe cosas raras y desde luego de poco peculio. Yo digo siempre: eso, por ahora y así hallo consuelo y bonheur.

Temas académicos aparte de los que se podrían escribir aburridos tomos, llegamos al momento en que el escritor comienza a escribir otras cosas mas molestas, artículos, cuentos, poesía, novela...¿qué sucede con amigos y familia? Para los amigos, tener un amigo escritor o poeta es desconcertante, es como encontrarse de bruces con la realidad, con él, y si no has hecho los deberes...mal, vas, mal. A un primo poeta o a una hermana novelista hay que leerle algo ¿no? Los amigos se sienten presionados –supongo- por esta situación. ¿por qué? Porque te preguntan: bueno, y ahora ¿qué haces? –pues lo de siempre...escribo esos textos que pongo en mi blog (subconsciente: y que tú nunca lees) que a la gente le gustan mucho, el otro se pregunta en su subconsciente (a qué gente escribirá está) trabajo sobre una novela...ultímo los detalles de mi último libro de cuentos...ya sabes, artículos para revistas...(en fin vida de vagos...) El amigo a quien hace alomejor dos o tres meses que no ves, se siente obligado como a decir alguna cosa para agradarte con cara de póker, pues en realidad no se ha leído ese libro que tú con tanto esfuerzo le regalaste entre otras cosas para que te conozca, o para que sepa lo que haces y no te juzgue tan a la ligera, ¡leñe! Y descubres que es un traidor, que no lee nada, que solo se tira el pisto con lecturas ociosas, con cuatro cosas de bobo de salón, que leer, leer, en realidad no lee nada, o que sino... pues que es otro hipócrita más, si no se toma la molestia de leer un libro de un amigo o de decirte algo, de reconocerte. Punto. Ahora llegaría el momento de terror absoluto cuando te da por preguntar abiertamente: -Por cierto ¿te gustó mi último libro? Horror y más horror en el semblante de nuestra amiga o amigo, que se ha quedado ñeque-ñeque, por lo tanto: Esta es una pregunta que nunca se debe de hacer.

Luego están los que se sienten intimidados ¿cuáles son? Los que creen que serán fuente de inspiración para algún cuento o quizás un personaje...y por consiguiente te temen. Y llevan razón...por eso un escritor es molesto porque observas y luego de manera consciente o inconsciente lo llevas al folio, pero no es grave, es la vida y la novela por ejemplo, es imagen de la vida. Que ya lo decía Galdós. A partir de ahí eres sospechoso. Después están los que han leído algo tuyo y no les gusta pero ¿cómo te lo van a decir?, están los que querrían hacer un Simposium sobre lo que han leído de ti, y claro, tampoco es eso (yo siempre digo...ah! yo he dicho eso...no me acuerdo) y luego están los que han leído algo tuyo pero no te encajan nada en absoluto con tu imagen o con lo que representas, es decir, con la persona que eres. Lo que leen no es la persona y la persona no está o sí está en lo que está escrito...pero no saben qué hacer con ese material. Resulta que les parecías una pacifista y acaban de leer algo tuyo que incita a la revolución, o piensan que eres una mística y tus libros son una apología del hedonismo ¿qué hacer?. Claro, llevo años entrenando la soledad, chavales y en todos esos días, nadie se acordó de mi, ni de ti, ni de los otros que andamos tras el ordenador pensando en salvar al mundo o en entretenerlo. Ahora hay que desarrollar gran empatía con la sociedad, con el mundo, con los que han experimentado por primera vez en su vida, estar aislado, pero no para poder sobrevivir como artista, sino, para no morir porque ahí fuera tenemos una guerra de virus del copón con ruedas.

En Francia, me han parado muchas veces por la calle para felicitarme por el artículo Les chaussettes Ah les traites! En su versión española Los calcetines también tienen su vida interior que dicho sea de paso tiene ya sus quince años. Ya ves tú, probablemente el texto que más rápido he escrito en mi vida y que menos complicaciones me creó. La razón es sencilla y simple, es un relato que habla de un asunto de orden extremadamente cotidiano como son los calcetines que uno se encuentra por la casa de la manera más absurda y loca, pero contado, quizás con cierta gracia y veracidad. El lector, probablemente –a juzgar por lo que ellos mismos dicen- encuentra una comunión muy grande con el escritor que se acerca a él para hablar de cosas de orden diario, cosas normales, nada sublimes que son las que nos hacen recrearnos a los escritores en un a modo de exaltación de la amistad con la retórica quizás demasiado irreal para algunas personas.

El lector –o mejor dicho determinado tipo de lectores- quiere que el escritor se acerque a él. El resultado es que el otro día en una cena, en Francia, claro, presentándome como caso clínico, alguien lo hizo refiriéndose como: es una estupenda escritora española que escribe mucho sobre calcetines... Vale. No hablemos de ideologías y demás...muchas veces me han preguntado ¿pero tú has sido espía y guerrillera comunista? O ¿pero cuando has tenido esa experiencia con un músico? Yo he dicho la verdad, no, nunca he tenido esa experiencia con ningún músico (es por el texto de El Oboísta) y de haberlo tenido jamás lo sabría nadie...En fin, la gente se despista, se descoloca, se despeinan al ver que en realidad de una persona de apariencia llana y tranquila (como creo que soy yo) no saben nunca en realidad qué eres, qué diablos tienes en la cabeza, y eso, te convierte en peligroso ¿por qué? Porque no te controlan. Me gusta enseñar que no soy alguien controlable.

Me gusta que cual desgraciada que lleva encerrada en casa muchos años a ver si escribo algo, no me ha costado nada adaptarme al encierro de la pandemia. Me hallo en esa felicidad completa al tener ese mundo particular, íntimo, sorprendente que te permite ir de un lugar  a otro fácilmente como un navegante sin que nadie sepa en realidad qué eres, ni quién eres. Es lo que tiene ser escritor y vivir del encierro que toreas y mucho a esta sociedad en los que muchos de los que la componen, no saben estar solos.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.