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Antonio Luna García y la Masonería

En la biografía de Antonio de Luna Garcia ( 1901-1967), publicada en el Diccionario Biográfico electrónico de la Real Academia de la Historia y cuyo autor es Don Manuel J.Peláez, podemos informarnos que esta persona nació en Granada, fue amigo de Federico García Lorca, y  consiguió, por oposición, las Cátedras de Filosofía del Derecho y de Derecho Internacional Público.  También podemos leer que cuando se inició la Segunda República la apoyó con entusiasmo, llegando a ocupar el puesto de secretario de la Comisión Jurídica Asesora y que durante la guerra civil, que pasó en Madrid, formó parte de la " Organización Antonio " que espiaba a favor de los nacionales. Después, en 1939, participó en la depuración del personal docente y administrativo de la Universidad. (1) 


Nos advierte el autor de la biografía de Antonio de Luna García que hay que tener cuidado en no confundirlo con otra persona llamada Antonio Luna García, que durante la República fue secretario del Registro Civil del distrito de Chamberí en Madrid. 

Hemos podido confirmar la veracidad de esta advertencia al comprobar que, en algunas biografías sobre Antonio de Luna García, se le atribuye la autoría del libro Justicia y el haber sido designado para ocupar el cargo de vocal letrado del Tribunal para la represión de la masonería y el comunismo. Sin embargo, ambos hechos corresponden a Antonio Luna García.

También hemos podido comprobar que, en el catálogo de libros de la Biblioteca Nacional de España, en la ficha electrónica donde figuran los " Detalles de la Obra " correspondientes al libro Justicia, de Antonio Luna García, se le atribuye por error, un año de nacimiento y muerte que, en realidad, corresponden a Antonio de Luna García, como podemos constatar en su biografía.

Todas estas circunstancias son causa de confusión a la hora de abordar la biografía del jurista Antonio Luna García, del que desconocemos el lugar y la fecha de su nacimiento y deceso. Sin embargo, sí que sabemos, porque él mismo nos lo relata en su libro Justicia, que durante los años 1930 y 1931 estuvo pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios, teniendo la oportunidad de conocer la vida judicial de diversos países europeos. (2)

También tenemos conocimiento de que en el año 1935, bajo el seudónimo de Antonio Dávila, publicó, en la Editorial Clandestina, el libro " Cartas a un amigo antifascista ", que dedicó a José Antonio Primo de Rivera. Este libro consta de cinco ensayos; en los dos primeros reflexiona sobre la decadencia del mundo y de España, en el tercero se ocupa de la doctrina del Fascio, y en los dos últimos realiza un detallado estudio sobre " la posición " de José Antonio Primo de Rivera y de BenitoMussolini, respectivamente.( 3)

Desde el 1 de septiembre de 1937 hasta el 13 de febrero de 1939, Antonio Luna García ocupó el cargo de Delegado Nacional de Justicia y Derecho de la FET y de las JONS. La doctora Mónica Lanero Táboas, en su obra " Proyectos falangistas y política judicial ( 1937-1952 ): dos modelos de organización judicial del Nuevo Estado ", ha estudiado detalladamente este organismo de FET-JONS dedicado a la Justicia y al Derecho, y que manifestó su vocación orientadora de la política del nuevo régimen en estas materias (4).

En el año 1939 Antonio Luna publicó en la editorial M. Aguilar el libro Justicia y lo definió como un trabajo que se circunscribe al estudio de la nueva justicia de España y en el que hace diversas reflexiones sobre las denominadas justicias especiales, planteando en el capítulo dedicado al Derecho Político, una serie de consideraciones en torno a " lo que es y lo que no es el Caudillaje ". 


Recientemente se han cumplido 80 años de la promulgación de la Ley 1 de marzo de 1940 para la represión de la masonería y el comunismo. Esta Ley contemplaba, en su artículo 12, la creación de un Tribunal especial encargado de reprimir a los miembros de estas dos organizaciones. El 4 de junio de 1940, Francisco Franco firmó un breve Decreto por el que, en primera instancia, se creaba oficialmente este Tribunal y se designaba a las cinco personas que debían formar parte del mismo. Como presidente nombró al carlista Marcelino Ulibarri y Eguilaz, como vocales a Francisco de Borbón y de la Torre, General de Brigada y a Juan Granell Pascual, consejero nacional de Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Como letrados designó al falangista y Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Salamanca, Isaías Sánchez Tejerina y al también falangista Antonio Luna García. 


En 1940 Antonio Luna publicó la segunda edición, corregida y aumentada, de su libro Justicia. En la portada se presenta como vocal letrado del Tribunal para la represión de la masonería y el comunismo y como ex Delegado Nacional de Justicia y Derecho de FET y de las JONS. Esta segunda edición se publicó con posterioridad a su nombramiento como vocal letrado del Tribunal. En el primer capítulo del libro, que comprende las páginas que van desde la 35 a la 43, Antonio Luna realiza un detallado estudio sobre la Ley de 1 de marzo de 1940 para la represión de la masonería y el comunismo. Consideramos de interés este estudio porque nos va a permitir penetrar en la compleja personalidad de su autor y, también, nos va a proporcionar la visión que, sobre la Orden masónica, tenía uno de los cinco miembros del Tribunal encargado de reprimirla.  


Para Antonio Luna la Ley se ha elaborado para defender al Estado, optando por la mejor arma defensiva, o sea, el ataque al enemigo, ya que, gracias a la resuelta decisión del Caudillo, al promulgar esta ley, se ha declarado una guerra sin cuartel posible entre el Caudillaje y la Masonería, pues si el Estado no reprime la masonería, implícitamente la reconoce.

Para Luna, la masonería descansa en los principios liberales de la filosofía individualista, mientras que el Nuevo Estado descansa, en los principios cristianos al haberse incorporado el sentido católico de la vida. Desde el punto de vista ético, la masonería se presenta como un humanitarismo utilitario y conformista, que es la negación de la concepción heroica y reformista de la vida. 

Desde un plano estrictamente jurídico, opina que la masonería es una actividad que la Ley debe castigar por la " monstruosidad intencional ", pero sobre todo por el daño que ha causado y puede causar a la Patria, viniendo obligado el Tribunal a cumplir la voluntad de esta Ley.

Considera que en la concepción vulgar, la masonería sólo es un cuento de miedo y de brujas, que asusta a los niños, a las almas timoratas y a los santos Padres Jesuitas. Continúa diciendo que desde la ortodoxia católica la masonería es el renacimiento de un misticismo pagano que el judaísmo opone al misticismo cristiano, siendo incompatible con el Nuevo Estado, por sus principios antirreligiosos y por sus métodos subrepticios. Para Antonio Luna el Nuevo Estado es el gran baluarte de la civilización cristiana y la masonería es la artillería ligera y la milicia combatiente que, en la vanguardia del judaísmo, combate a esa civilización.

Desde la vertiente política, considera que es la liturgia religiosa de un imperialismo herético derivado de la escisión anglicana, que tiene su cabeza en Londres y sus tentáculos en las logias de todo el mundo. Para Luna la masonería es la gangrena venenosa que ha roído la médula y ha aniquilado todo el cuerpo de nuestro primer imperio.   


Sin embargo, la " Revolución Nacional " es la reivindicación de la autoridad del Estado para cumplir la unidad de destino nacional, mientras que la masonería aspira a una " República Masónica Universal ", que según los proyectos publicados por Herriot, había de comenzar por la formación de los " Estados Unidos de Europa ", Superestado del cual sería soberana la Asociación Masónica Internacional ( La A.M.I.). 


Según Luna, la masonería consiguió la dominación del Estado Español, por lo menos desde el 14 de abril de 1931, en que se proclamó la " Segunda República Masónica ", hasta el día 18 de julio de 1936 ( 11). Afirma que " consta documentalmente " que al estallar el Movimiento Nacional fue la masonería la que obligó a resistirse al Gobierno de la República, la que dispuso que el pueblo se armara contra el ejército y la que consiguió en Madrid y en Barcelona la rendición, sin la cual no habría sido posible la guerra.  


En el mismo sentido, afirma que fue la masonería la que prolongó artificialmente la guerra cerca de tres años, no para que la ganaran los rojos - que eso no le interesaba a la burguesía anglomasónica de la no intervención- sino para que se consumieran y se agotaran las energías políticas, económicas y sociales de España ".   


Piensa que los masones intentan esterilizar el gran esfuerzo de nuestra guerra, como esterilizaron la gran obra del General Primo de Rivera, son los que fomentan el peligro de otra nueva guerra civil, son los que avivan el artificial antagonismo" católico-falangista ", como si los católicos no pudiéramos ser falangistas y son los que con impaciencia preparan la sucesión del Caudillaje. 
  

En su opinión, “la Masonería es , como dijo Mussolini, una ampolla que absorbe a todos los centros nerviosos de la Nación y del Estado. Pero romperla, aunque sea difícil, no es imposible “, pues en nuestro caso la Ley se ha dictado ya y ha hecho una promesa a España y ha proferido también una gran amenaza a la masonería. Si esta promesa se cumple y esa amenaza se realiza, es seguro que se seguirá una inmediata reacción en todos los centros nerviosos de la vida nacional, pues inmensos son los poderes que para eso ha puesto la Ley en las manos del Tribunal, cuya actuación eficaz ha de producir una inmediata euforia en España. Las " experiencias " de Hitler y Mussolini, y sólo en  parte las de Oliveira Salazar y el Mariscal Pétain, robustecen el optimismo en este respecto. 


A continuación, realiza una serie de reflexiones sobre la eficacia o ineficacia de la Ley, manifestando que con ello no trata de examinar el acierto o desacierto parcial con que, por ejemplo, a las retractaciones se les ha conferido efectos atenuantes y no efectos eximentes. Dice que tampoco pretende juzgar el acierto o desacierto con que se ha reservado al fuero de Guerra la sanción de los masones militares, " como si ya no fuese un fuero especial el de la jurisdicción política del Tribunal ". 


Seguidamente advierte de que si después de dictada la Ley, ésta no se cumpliera o se cumpliera con una temperatura cada vez más tenue, de ese cumplimiento moroso no se puede seguir ningún bien. Considera que las consecuencias de un incumplimiento merecen enumerarse, y por tétrica que la enumeración parezca, " nadie la tildará de exagerada ni de inconcisa ". 


Comienza afirmando que al General Primo de Rivera, a pesar de las advertencias que reiteradamente se le hicieron, nunca creyó en la efectividad de los "poderes masónicos "; pero su deplorable muerte política y su dolorosa muerte física fueron, sin embargo, obra exclusiva de la Masonería. 


Después manifiesta que el mismo generalizado error de creer que la masonería es un producto imaginativo, también le costó la Corona al Rey Don Alfonso XIII. 


A continuación enumera todos los acontecimientos políticos e históricos en los que,según su particular opinión, estuvo involucrada la masonería: 


La invasión de los Cien mil hijos de San Luis, la muerte del Rey Fernando VII, la Regencia de doña María Cristina de Nápoles, la guerra civil de los siete años, con sus motines, sus incendios y sus matanzas, el destierro de María Cristina, la orgía masónica de la Regencia de Espartero, la reacción moderada que se produjo después, la Revolución masónica de septiembre de 1868, el destierro de Isabel II, el reinado masónico de Amadeo, la primera República masónica de 1873, la restauración transaccional de Alfonso XII, la pérdida de las Colonias, el destronamiento de Alfonso XIII y la segunda República masónica de 1931. Para Antonio Luna " la masonería es la culpable de todos los males pasados, presentes y futuros de España ". 


Finalizamos este artículo con una reflexión del vocal letrado falangist : " Hay un gran mal, hay una desgracia inmensa, hay una realidad tristísima, una sola, que no es imputable a la Masonería. Porque si España fuera incapaz de " triturar los huesos a la Masonería ", la culpa no sería de ésta, sino de nuestra impotencia ". 

(1) Peláez, Manuel J. " Antonio de Luna García ", Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico electrónico ( en red, http://dbe.rah.es/)

(2) Luna García, Antonio. Justicia ( 1939 ).Editorial Aguilar. Primera edición. Págs. 28 y 29 

(3) Luna García, Antonio ( 1935 ) Cartas a un amigo antifascista. Editorial Clandestina. La segunda edición es de 1936, de la imprenta " La especial". Barcelona.

(4) El Servicio Nacional de Justicia y Derecho de FET-JONS se crea en virtud del artículo 23 de los primeros Estatutos del partido unificado, permaneciendo como tal servicio o Delegación hasta que por Orden de 13 de abril de 1956 se transforma en Asesoría Jurídica del Movimiento, órgano en el que se centralizan los servicios jurídicos de las Delegaciones Nacionales a excepción de Sindicatos , Sección Femenina y Frente de Juventudes.

(5) Se refiere a Édouard Herriot ( 1872-1957 ), político radical-socialista francés que fue presidente del Consejo de ministros. En 1925 presentó en la Asamblea francesa un proyecto federal para Europa. Autor del libro, Los Estados Unidos de Europa ( 1931 )