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El deber de las izquierdas ante la crisis de gobierno de junio de 1917 según Pablo Iglesias

La presión de las Juntas de Defensa contra el Gobierno de Manuel García Prieto, que había tomado la decisión de combatirlas, a través del encarcelamiento de sus dirigentes, y la falta de apoyo a dicho Gobierno por parte del rey Alfonso XIII provocaron una crisis de gobierno, pasando a gobernar el conservador Eduardo Dato. El sistema político estaba en un capítulo más de su lenta crisis, aunque en un año especialmente problemático, porque muy pronto surgiría la alternativa de la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, y en verano la huelga general del movimiento obrero.

Pues bien, Pablo Iglesias dio su opinión en plena crisis en unas declaraciones para El Socialista, recogidas en su número 2944 de 12 de junio, al día siguiente del cambio de gobierno.

Para Pablo Iglesias la actitud de los jefes y oficiales había demostrado, en realidad, las razones de la crítica que los “elementos progresivos” del país hacían contra los partidos dinásticos y la Corona. Si las Juntas de Defensa se vinculaban a lo que interesaba a todo el país, a las víctimas del sistema (“oligarquía”, en palabras de Iglesias) podrían ocasionar el final del mismo. Pero si no lo hacían solamente obtendrían algunas de sus reivindicaciones corporativas pactando con las autoridades. Si eso ocurría o pretendían emplear la fuerza en vez de la ley, en ambos casos conseguirían que la Monarquía se mantuviese más tiempo, aunque esperaba que cayese por la unión del proletariado, incluido el que vestía de uniforme, es decir, los soldados, con la burguesía más progresista. Así pues, Pablo Iglesias esperaba que las Juntas de Defensa pudieran contribuir al cambio de sistema político, algo que, como bien sabemos, no ocurriría, ya que sus integrantes no tenían veleidades democráticas y, además, contribuirían a la represión de la huelga general del verano.

Recordemos que las Juntas Militares de Defensa fueron asambleas de jefes y oficiales del arma de Infantería que surgieron en el año 1916. Nacieron con un elevado espíritu corporativo por varios motivos. Por un lado, recogían parte del ideario regeneracionista que, como es bien sabido, tuvo diversas interpretaciones desde distintas posturas ideológicas en un no muy articulado movimiento de cambio, pero además los militares estaban preocupados por el elevado coste de la vida en plena Gran Guerra y que les afectaba directamente, habida cuenta del desfase entre sus salarios y los elevados precios. Pero, sobre todo, sus integrantes eran contrarios a la política de ascensos practicada por las autoridades del Ministerio de la Guerra que promocionaban a los militares africanistas por méritos de guerra de forma muy rápida frente a los tradicionales ascensos por antigüedad, que seguían un proceso mucho más lento. El pretexto que impulsó a la creación de estas Juntas se produjo por una orden del Gobierno de Romanones que exigía pruebas de aptitud a los oficiales que quisieran ascender. Un sector de oficiales consideró estas pruebas como humillantes. Los propios artilleros se negaron a efectuarlas y el arma de Infantería se sumó a este plante. En Cataluña comenzaron a funcionar las primeras Juntas en el otoño de 1916. La figura principal de este movimiento sería el coronel del Regimiento Vergara de Barcelona, Benito Márquez. En diciembre ya existía el primer reglamento de la Junta de del Arma de Infantería. En mayo del año siguiente, el capitán general de Cataluña, Alfau, arrestó a los principales protagonistas porque se negaron a disolver las Juntas. Pero ante el aumento de la tensión con el Manifiesto de las Juntas, donde se recogían las quejas de los militares y se llegaba a amenazar con liberar a los detenidos, el Gobierno cedió y se ordenó liberar a Márquez y demás arrestados. Tenemos que tener en cuenta que el movimiento de las Juntas militares gozó, al principio, de cierto predicamento social, desde algunos periódicos y tribunas de opinión, y el propio monarca no desaprobaba claramente a estos militares.

El ministro De La Cierva maniobró para dividir a los junteros al aceptar algunas de las reivindicaciones de tipo técnico o militar, aunque no las de contenido político. Pero el Gobierno liberal de García Prieto era contrario a las Juntas por considerar que se inmiscuían en asuntos que sólo competían al poder civil. Eso le valió su caída. Vueltos los conservadores al poder con Eduardo Dato, y con el veterano Fernando Primo de Rivera como ministro de la Guerra, se reconocieron las Juntas.

Pablo Iglesias cargó las tintas contra los partidos monárquicos. A los conservadores les acusaba de ejercer el poder “personal con toda desaprensión”, y a los liberales de plegarse a la situación (“doblar el espinazo”).

En consecuencia, las izquierdas tenían un deber ante la nueva situación política, y que pasaba por unirse para terminar con el presente régimen para con el fin de crear otro nuevo que solucionase los problemas de España, y que se adaptase al mundo que surgiría cuando acabara la guerra mundial. Ese régimen debía ser republicano. No olvidemos que los socialistas ya habían concertado desde 1909-10 la Conjunción con los republicanos, y la tradicional oposición al republicanismo se había apaciguado, aunque, en realidad, seguiría habiendo una tendencia en la familia socialista contraria a los partidos republicanos, y que resucitaría en la crisis de la Dictadura de Primo de Rivera. Por otra parte, Pablo Iglesias era optimista en relación con las distintas fuerzas de la izquierda.

En relación con el PSOE y la UGT Pablo Iglesias estaba seguro que estarían a la altura, y que cumplirían con su deber. Estarían en la vanguardia para echar abajo el régimen político.

Sobre el papel del PSOE en la política española conviene consultar dos obras:

Luis Gómez Llorente, Aproximación a la historia del socialismo español hasta 1921, Madrid (1976).

Santos Juliá, Los socialistas en la política española, 1872-1982, Madrid, (1997).

Por su parte, sobre las Juntas Militares y la situación política en ese momento: Santos Juliá, Un siglo de España. Política y sociedad. Madrid (1999).

Javier Tussell y Genoveva García Queipo de Llano, Alfonso XIII. El rey polémico, Madrid, (2001).

Carolyn Boyd, El rey-soldado». En Javier Moreno Luzón. Alfonso XIII. Un político en el trono. Madrid (2003).

Ana Isabel Alonso Ibáñez (2004). Las Juntas Militares de Defensa (1917-1922). Madrid (2004).

Javier Moreno Luzón, «Alfonso XIII, 1902-1931». Restauración y Dictadura. Vol. 7 Historia de España dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares (2009).