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Las anexiones en Libia y el conflicto interno socialista italiano en 1912

En este artículo estudiaremos el conflicto interno socialista italiano a cuenta de la guerra colonial en Libia a través de la perspectiva del socialismo español.

El siglo XX trajo cambios importantes en la política imperialista italiana. La tensión con Francia en el Mediterráneo terminó cuando Italia consiguió el apoyo de su poderosa vecina para hacerse con Trípoli y la Cirenaica. Los italianos ofrecerían, a cambio, un acercamiento a Francia y el reconocimiento de sus intereses en el norte de África, especialmente en Marruecos. Ambas potencias firmaron un acuerdo secreto en 1902, que establecía la mutua neutralidad en caso de agresión. Tenemos que tener en cuenta que Italia pertenecía a la Triple Alianza, uno de cuyos objetivos era seguir manteniendo a Francia aislada, según lo diseñado en su día por Bismarck. Francia conseguía abrir brecha en su aislamiento a cambio de ser generosa con Italia en Libia. Así pues, en 1911 los italianos decidieron actuar. En el mes de septiembre se publicó un “estado de quejas” contra Turquía, dueña del territorio y se declaró la guerra, a pesar de que el sultán estaba dispuesto a negociar. En noviembre se proclamó la soberanía italiana sobre la Tripolitana y la Cirenaica. Pero Italia se animó a seguir expandiéndose a costa del enfermo y decadente Imperio turco. Ocupó la isla de Rodas y el Dodecaneso en 1912. Al final, en el otoño se firmaron una convención y un tratado entre ambos estados por el que Turquía reconocía todas las anexiones italianas.

La Internacional Socialista condenó esta guerra, como hemos tenido oportunidad de estudiar en alguna ocasión. Pues bien, algunos destacados socialistas italianos defendieron posturas más tibias, cuando no favorables al episodio. Leonida Bissolati entró en colisión con el Partido a raíz de su negativa a oponerse a la guerra. Ya en 1909 habían apoyado la idea de que había que votar a favor del aumento de los gastos militares propuesto por el gobierno. Pues bien, al final Bissolati renunció a su acta de diputado, y al poco tiempo, sería expulsado del Partido Socialista. En este conflicto había más trasfondo ideológico. Bissolati y Bonomini eran partidarios de transformar el Partido Socialista en una especie de formación laborista, y que se pudiera colaborar con Giolitti. Bissolati fue uno de los protagonistas del grupo de los expulsados del PSI, junto con Matteotti, Bonomi y Ruini, por apoyar al gobierno de Giolitti, y que decidieron fundar en 1912 el Partido Socialista Reformista.

Los socialistas españoles estaban muy sensibilizados con todo lo relacionado con guerras coloniales, y más en el norte de África, por su constante movilización contra la Guerra de Marruecos. Las anexiones de la Tripolitana y la Cirenaica motivaron que El Socialista publicara un artículo en marzo de 1912, donde se defendía la postura oficial del Partido Socialista de Italia a raíz de que algunos medios de información habían destacado el supuesto apoyo de la formación a dicha anexión. El órgano oficial del PSOE pretendía demostrar que eso no verdad. Algunos socialistas italianos habían manifestado su apoyo, pero la mayor parte de la minoría socialista en el parlamento, Avanti!, La Critica Sociale y la mayoría del PSI había combatido al Gobierno italiano, como hacía el socialismo internacional. Las anexiones no habían sido aprobadas por unanimidad en el legislativo el día 22 de febrero, ya que votaron en contra 35 diputados socialistas y republicanos. El propio Turati se había destacado contra la anexión, lo que le había valido una larga lista de críticas, incluyendo el calificativo de “turco”.

Pero, por su parte, Enrico Ferri había realizado un discurso en favor de la anexión, lo que había provocado que los socialistas de Mantua querían juzgarle. Los electores de Alejandría habían desautorizado al diputado socialista Zerboglio por haber votada a favor de las anexiones. El Socialista informaba que los diputados socialistas que no habían “cumplido con su deber” habían sido despreciados por el Partido y la clase obrera. También informaba más detalladamente del caso de Ferri, que se había defendido citando a Bebel en un discurso en el Reichstag. Al parecer, el líder socialdemócrata habría demostrado que se podía ser socialista y estar a favor de una política de expansión, y eso no había provocado que fuera expulsado del SPD. Sin dudas, esta cuestión tiene que ver con la conocida división en el seno del socialismo internacional en relación con el colonialismo, aunque la postura oficial de la Segunda Internacional siempre fue contraria al mismo. Ante la defensa de Ferri, el diario Avanti! recurrió al propio Bebel, que respondió que siempre había sido contrario a la política colonial, y que Ferri no podía escudarse en él. La posición de Bebel era la que seguía el SPD, y señaló que ya hacía mucho que no consideraba a Ferri como un socialista. Es curioso porque Ferri defendería la neutralidad en la Gran Guerra y se opondría en un primero momento a Mussolini, y anteriormente había sido radicalmente contrario a que los socialistas colaborasen con los gobiernos, pero también es cierto que terminaría decantándose hacia el fascismo.

El autor de este artículo tiene varios trabajos que aluden a cuestiones tratadas en este artículo: “El debate sobre el colonialismo en la Segunda Internacional”, en Nueva Tribuna, (2014), “El debate interno del socialismo italiano entre 1900 y 1902 a través de "El Socialista", en El Socialista (2017), “Apuntes de historia del socialismo italiano”, en Irispress (2017), y “Los jóvenes socialistas madrileños contra la Guerra de Libia”, en Nueva Tribuna, (2017).