La de político es una profesión con mala fama, al punto de que en el imaginario colectivo figura como un dechado de lo peor. Lo de ser político es el colmo. Y la cosa no es moda ni acuñación reciente, ya Franco decía, en otro colmo, el del cinismo: “Haga usted como yo, no se meta en política”. Pero, en fin, en aquellos tiempos oscuros meterse en política era hacer oposiciones para que te metieran en la cárcel y te mataran a palos. De la Transición a este punto Covid de la historia, casi nunca ha sido buena la fama de que han gozado los políticos. Suárez, convertido hoy en moneda mítica y santo laico, fue vapuleado y llevado al calvario con su correspondiente cruz, y eso por citar al mejor de la tribu. Con todo, tenemos la idea de que en política cualquier tiempo pasado fue mejor, y cuanto más pasado “más mejor”. No es fácil dilucidar tal cuestión, pero probablemente sea un error de perspectiva, en todo caso, cada época tiene los políticos que se merece; en eso estoy con Ortega y Gasset quien decía que los políticos no vienen de Marte.
El espectáculo que ha rodeado estos días el descabalgamiento del líder del Partido Popular, Pablo Casado, y de su nº 2, Teodoro García Egea, ha sumado todos los elementos propios de una comedia griega. No han faltado las traiciones de aquellos a los que el dedo de Casado elevó a la cúspide del partido desde la nada y hasta unas pocas fidelidades numantinas.
La etapa de Pablo Casado se cierra. Solo queda por ver si en su partido le despiden de mala manera o preservando mínimamente su dignidad, pero ya está claro que no seguirá al frente del mismo. Al PP se le abre ahora la oportunidad de decidir si prefieren persistir en el error de querer parecerse a Vox o si eligen comportarse como el partido con visión de estado y de gobierno que nuestra democracia necesita.
"Quien primero desenvaina la espada no se ciñe la corona".
Resulta curioso que quien hizo de la impugnación del estado de alarma frente a la pandemia su principal estrategia, hoy lo ponga en práctica en su seno para resolver una crisis interna de estrategia y de liderazgo.
«La Naturaleza y sus leyes permanecían ocultas en la noche; Dios dijo: “Hágase Newton” y todo fue luz”. Este es el epitafio en la tumba de Isaac Newton.
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