Asistimos a un reciente y acentuado desplazamiento de escritores de periódicos y de periodistas desde unos medios a otros. Tal fenómeno puede interpretarse de distintas formas. La primera, como si obedeciera a movimientos naturales fruto del libre albedrío de aquellos, a la hora de apartarse de un medio y encaminarse a otro por preferencias personales; por ejemplo, de tipo salarial o contractual, opciones siempre legítimas. La segunda interpretación, se adentra en otra dimensión, netamente ideológica e igualmente legítima: el escritor o periodista inserto en un medio cualquiera, discrepa de la línea editorial, que considera alterada desde su ingreso previo y decide emigrar a otro medio. ¿Por qué lo hace? Generalmente, por considerar que el medio ha cambiado su línea y tal mutación le incomodaba por razones diversas. Pocas veces el tránsito emprendido se explica por la propia mutación ideológica personal del escritor de periódicos o periodista concernido. Ese cambio tiene claves casi siempre evolutivas –o involutivas– con respecto a los paradigmas vigentes –y cambiantes– en la mediosfera que son, en las sociedades contemporáneas, valores vinculados al sentido común democrático mayoritario.