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El juego de azar: alienación, adicción y trampa consentida

El juego de azar está en todas partes: loterías, casinos, salones de apuestas, aplicaciones en nuestros teléfonos. Se presenta como un pasatiempo emocionante e incluso como una posible vía rápida para ganar dinero. Sin embargo, desde una perspectiva crítica y filosófica, el juego de azar dista de ser un entretenimiento inocente. Más bien, es una poderosa herramienta de alienación social y una trampa que enriquece a unos pocos a costa de la adicción y la miseria de muchos.

Las cuentas de vidrio de Von der Leyen y Trump

El acuerdo energético UE-EEUU (Gas + Petróleo = 750.000 millones de dólares) es imposible de cumplir.

La prensa internacional del día siguiente a la firma del acuerdo entre Úrsula von der Leyen y Donald Trump lleva en sus primeras páginas un diagnóstico realizado por numerosos expertos estadounidenses y europeos sobre el acuerdo en materia de energía (compra de GNL + petróleo) incluido en el pacto arancelario alcanzado por Washington y la UE.

Morir por exceso

Aunque el turismo es una actividad que se ha desestacionalizado y se practica durante todo el año, cuando llega el verano al sector se le hace la boca agua al ver cómo, este año también, batiremos récords de visitantes, como si eso fuera un beneficio para todos, lo cual dista mucho de ser cierto. Nunca tienen suficiente. En 2024, visitaron España 90 millones de extranjeros. Más que nunca. Esta temporada, ya prácticamente todo contratado, lo superaremos y probablemente desbancaremos a Francia como la primera potencia turística mundial. Todo un logro. A Barcelona llegan 30 millones de visitantes (si contamos extranjeros y nacionales) y poco importa el efecto sobre una ciudad que ha sobrepasado, con creces, su capacidad de carga. Una industria que aporta, casi, el 15% del PIB. Dicen que es nuestro petróleo, pero, como este, solo proporciona una riqueza aparente y los efectos colaterales son demasiado importantes como para no tenerlos en cuenta. En realidad, es una opción económica muy frágil, débil, que genera riqueza sobre todo para compañías aéreas, plataformas de internet y grandes grupos hoteleros que no están radicados aquí, mientras nos deja unas pocas monedas en el destino, deteriora la economía y las condiciones sociales. Las ciudades de Cataluña con rentas medias más bajas son aquellas especializadas en el turismo. El secreto de esto: los bajos salarios que se pagan y los contratos temporales. Desde el punto de vista económico, la especialización turística es siempre una apuesta perdedora, para el territorio y para su sociedad. Requiere flujos de trabajadores recién llegados dispuestos a trabajar en condiciones de semiesclavitud. Esta es la realidad.

El fuego que no se ve: la aporofobia como crimen y espejo

La aporofobia —el odio al pobre— ya no es un fantasma semántico: ha comenzado a reconocerse como una forma específica de discriminación dentro de los delitos de odio, y su rastro crece como una grieta moral en mitad del discurso público. En 2024 los incidentes motivados por aporofobia subieron un 33 % mientras el total de delitos de odio bajaba, pero casi nadie denuncia: solo un 13 % de las víctimas lo hace. La violencia, sin embargo, se graba en cámaras ocultas, incendia casas humildes y deja cicatrices que no figuran en estadísticas.

La caótica estrategia de Junts

En la última sesión del actual curso político, Junts tuvo, una vez más, la oportunidad de votar conjuntamente con PP i VOX, contra el decreto “anti apagones” destinado a mejorar la calidad del sistema eléctrico. Pocas personas, en Junts, comprenden este posicionamiento, decidido por una pequeña cúpula, cada vez más caótica y alejada de los cargos municipales y territoriales del partido. Y, por supuesto, de las bases de votantes que hasta ahora les han dado su confianza.

España, reino del “ascensoreitor”

1,1 millones de elevadores para que los sanotes no suban un escalón.

España presume de tener la mayor densidad de ascensores del mundo—19,8 por cada mil habitantes, casi un millón largo de cabinas que nos coronan campeones planetarios del botón con flecha arriba. Sin embargo, basta plantarse en Atocha un lunes o en Barajas un viernes para descubrir la magia nacional: hay un solo elevador “reservado” a sillas de ruedas, carritos y abuelos artríticos… y dentro viajan cuatro veinteañeros fibrosos con mochilón, airpods y esa cara de “gym sí, escaleras no” . El resultado es la cola eterna mientras la abuela se apoya en el bastón y suelta un “¡ni que estuviéramos en Tokio!” (allí los ascensores abundan de verdad). ¡Esto lo digo con gran conocimiento de causa!

Sin milagros económicos

No existen políticas económicas únicas. No, en el sentido de que los países, para crecer y mantenerse, solo pueden hacerlo con una determinada agenda, sin variaciones. Tampoco existe un solo modelo de crecimiento, lo que podríamos denominar “el modelo”. Esto lo ha explicado el economista de Princeton Dani Rodrik (Las leyes de la economía). La economía es una ciencia social y, como tal, trata del comportamiento de las personas, en sus conductas individuales y colectivas. Y esas personas, sus empresas, sus administraciones, sus contactos con los mercados, determinan en el tiempo histórico estructuras económicas concretas. Que son variables, que mutan, que se adaptan.

Un ejemplo de abuso empresarial para con los consumidores: UPS y sus caprichosas e impunes tarifas “aduaneras”

Estamos acostumbrados a que ciertas empresas hagan de su capa un sayo y suelan salirse con la suya, explotando a sus trabajadores y abusando de su clientela. Parecen tener bula para saltarse cualquier tipo de reglas habidas y por haber. Pero conviene cuando menos publicitar sus desmanes, para que sean tenidos en cuenta y pille avisados a potenciales clientes, que quizá deberían buscar alternativas más honestas entre sus competidores.

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