En estos días de correcciones de trabajos de fin de grado, de fin de máster y casi de fin de la propia vida del individuo en una sociedad absurda; me revuelven en mi escritorio. Contemplo con crispación la poca creatividad o el minúsculo pensamiento de los docentes (mis alumnos suelen ser ya docentes, ¡aguanta la pedrá!) cuando tienen que enseñar el pensamiento crítico y resulta que los primeros que no saben lo que eso es, son ellos. No, no, tranquilos, el pensamiento crítico no es un pub, biblioteca de copas.