La incertidumbre planea sobre los acontecimientos registrados en la Federación Rusa a partir del viernes, cuando el jefe de los mercenarios Wagner, Yevgeni Prigozhin, llevó al extremo su enfrentamiento personal con el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigú. Y a tal extremo llegó que desplegó parte de sus tropas mercenarias, que incluyen carros de combate artillería pesada y aviación, en la ciudad rusa de Rostov, no lejos de la frontera ucraniana. Además, asegura haber encauzado hacia Moscú una columna de sus mercenarios con una misión justiciera. Desde luego, los acontecimientos revisten una gravedad política inusitada, pues la confrontación es entre dos maneras de dirigir la guerra, la oficial, encarnada por el ministro-general Shoigú y Valeri Gerasimov, de un lado, y del otro, Prigozhin, que hasta el momento ha dispuesto de mucha autonomía para llevar las cosas a su aire. Dinámica esta que en términos militares suele acabar mal si falla la química entre quienes dirigen ambos procesos, como ha sido el caso.