Vox y Sumar, entre tramoyas
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
En la memoria de calidades del proyecto de “vida en común” que es nuestro país hay dos colosos que soportan la cimentación de la representación. Llámanse PSOE Y PP. El primero, de vida centenaria; y el segundo, de transmutación periódica para satisfacer renovados impulsos que hagan más fiel a la organización su radiografía de contraste con la realidad.
El PP procede de Alianza Popular, la formación de los “siete magníficos”, cuya magnificencia como demostración de lujo y abundancia habida cuenta de su origen netamente franquista resultaba un desacierto. Magnífico el reparto de la película de 1960 de igual nombre. Magníficos, entre otros, Yul Brinner, Steve McQueen y Charles Bronson, entre la nómina de actores, en desigual reconocimiento “magnífico” con Fraga, López Rodó y Licinio de la Fuente, como primeros espadas de aquella operación cosmética “belleza en siete días” para confundir la fealdad liberticida de cuarenta años.
Del partido socialista se predican etapas de gloria y algunas inclinaciones a episodios de violencia, según los más escorados estudiosos de la historia. El repaso por el desarrollo histórico del siglo XX del partido socialista es sin duda alguna más presentable que los autores materiales de aquella malversación del sentido histórico que fue Alianza Popular, una fallida adaptación a un país de derechos y libertades.
El giro protagonizado para pasar de AP a PP, ya con Aznar en el mascarón de proa, con Fraga rompiendo en trocitos espasmódicos las notas de futuro y dimisión del neófito, en la primavera sevillana de 1990, fue una necesidad sin la cual el partido conservador hubiera seguido siendo un producto de la dictadura. Es decir, que las grandes referencias de representación tienen sus segundas lecturas, tras las cuales ciertas objeciones a los apoyos de Bildu en la presente legislatura para legislar, nunca para gobernar, serían suavizadas con más entusiasmo del empleado.
El problema, traspasado el primer nivel de los grandes partidos, se traslada al segundo escenario de imagen, los partidos tercero y cuarto por obtención de votos y escaños, potenciales figuras de apoyo y auxilio de los virtuales ganadores, de un lado o de otro. El socio de gobierno del PSOE hasta ahora, Unidas Podemos, parece amortizado con visado al cuarto oscuro de la historia para llevar la contraria a Álvaro Pombo, en “La cuadratura del círculo” (Anagrama, 1999), “desaparición no es muerte del todo”. Ahora aparece en escena el trasunto de UP, de nomenclatura SUMAR.
Entre UP y los apoyos puntuales de los nacionalistas se han esclarecido las abominaciones de la oposición política y mediática. La maldición bíblica como categoría parece ansiolítico calmante al lado de las segregaciones jupiterinas de los bancos de la oposición en aquellos meses cruciales de marzo y abril de 2020, cuando la pandemia habitó entre nosotros. La esclavitud del gobierno acarreada por, entre otros, Bildu, colapsaba los corredores de paz y concordia, según los entusiastas de la libertad, cañas de cerveza y mascarilla a cogote cerrado.
Ahora, permanece abierta la superficie del melón a corte hemisférico por si hiciese falta que un potencial PP ganador tuviese el potencial hombro de reparto de carga de Vox para facilitar la tarea de gobierno del PP. Vox se encuentra firmemente vertical en posiciones populistas de corte negacionista de formas de vida y derechos constitucionales. Los itinerarios de responsabilidad y gobierno de Vox y PP no pueden ser convergentes porque quien saldría damnificado sería el PP y el pueblo español y europeo.
La posición en asuntos de familia, convivencia del estado de la autonomías, entendimiento de la memoria histórica, son parámetros donde se sacuden las diferencias marcadas por Vox, una fuerza de gran prestigio, sobre todo entre sus simpatizantes y amigos, quienes, un ejemplo, tendrían un problema de gran magnitud para enjuiciar el 23-F, hecho que traspasó la razón histórica y emocional de las gentes, cuya simpatía emergente de las periferias del partido de Abascal supera el escalofrío de 1981 para acumular malestar en 2023.
A este propósito, de mucha recomendación la obra de Javier Herreros Martínez “Prisioneros de la madrugada”, (La Equilibrista Editorial, 2022).
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.