La política como frustación
Estamos en un mundo en el que la política y los políticos atraen las iras de una ciudadanía humillada, defraudada y sin propósito ni sentido de colectividad. Se ha impuesto la actitud pospolítica o antipolítica, como se refleja en el ascenso imparable de las extremas derechas, las cuales encuentran su mejor ecosistema en la polarización extrema y el uso de un lenguaje desatado, presentándose como los redentores ante unas clases medias atemorizadas y unos sectores populares que se sienten abandonados. En realidad, sin embargo, no hay política si entendemos esta como el espacio de planteamiento y resolución de los grandes retos y conflictos, como el ámbito en el cual se dan curso a las prioridades estratégicas de lo colectivo, en detrimento de la inmediatez de lo puramente individual.
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