Un capítulo más de la reconfiguración del mapa del Oriente Medio comenzó ayer sobre el territorio iraní. Más de doscientos bombarderos israelíes atacaron en la noche del 12 al 13 de junio y horas siguientes Teherán, capital iraní, así como una docena de instalaciones militares y laboratorios de investigación nuclear distribuidos en diferentes enclaves del país persa, señaladamente en Natanz, Kermansha e Ispahan, en el interior de Irán. Tras los bombardeos, que arrasaron también una parte del barrio teheraní de Narmat, resultaron muertos varios dirigentes en la sede del cuartel general de la Guardia Islámica, alojados allí, como su propio jefe, Hossein Salami, mientras que Alí Shamjani, fundador de la organización paramilitar islámica y actual jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, se hallaba en estado de coma tras sufrir presumiblemente un atentado, dentro de una oleada de sabotajes contra altos dignatarios de la cúpula del poder y del aparato estatal y científico del régimen en Teherán. Se desconoce el número de víctimas civiles causadas por los ataques, que se supone muy numerosas dada la masividad de los bombardeos.