Muchas vidas humanas han sido segadas con la afilada guadaña de la guerra. Al modo de un tétrico rittornello, las armas volvieron a bramar sobre suelo europeo. La invasión militar rusa de Ucrania sobreviene 32 años después de que ardieran los Balcanes, situados, también, donde comenzaron dos Guerras Mundiales: la bisagra donde Europa Occidental se entronca con Eurasia: Europa Central. Todo lo que sucede en esta franja de tierra y sus alrededores, que abarca desde el Báltico hasta el mar Negro, fue, es y será altamente explosivo. La Historia nos lo demuestra. Por ello, no resulta comprensible que políticos que se dicen estadistas agiten la zona y desconozcan que cuando los goznes de esta bisagra chirrían, el mundo entero chirriará. No podemos permitir que vuelvan a olvidarlo. Ahora, se trata de engrasar estos goznes para silenciar su grito sangriento. La posguerra dibuja poco a poco sobre el horizonte europeo su silueta con trazos poco a poco vez más firmes. Por fortuna, la esperanza en la paz ilumina hoy el tenebroso saldo de la guerra. Una víspera anhelada flota ya en el ambiente. Es la hora de la diplomacia.