El parentesco, la familia, era el pegamento que mantenía unidas las comunidades de la Edad del Hierro. Realidad que se hace especialmente evidente, cuando empieza a disolverse, como sucede durante la crisis del siglo VI y, el periodo subsiguiente. La mayoría de la gente pertenecía a la clase media rural de “boendr” (granjeros), que vivían dentro del entorno protector del “hjón” (la casa). Esta no era siempre independiente y, podía abarcar el concepto de arrendamiento y, la obligación del pago de tasas o impuestos de algún tipo, a un señor. También incluía, la esfera protectora de la familia, que se cobijaba bajo ese techo.