La derecha en el diván
Imaginemos que la derecha española es una persona. Supongamos que le han recomendado que acude al psicoanalista, porque experimenta un malestar muy profundo que le hace sufrir y le agobia. Convencerle para que fuera a la consulta ha sido ya todo un éxito, puesto que dice odiar a Sigmund Freud, al que nunca ni siquiera leyó. No admite siquiera que el inconsciente exista. Es persona muy poco culta. Por no creer, no cree ni en la evolución de la especie. Tal vez por eso, no evoluciona nada. Nada de nada. Más bien ha involucionado. Y con tanta intensidad, que ahora no sabe bien quién es. Todo es confuso dentro y fuera de su persona. Para averiguar quién realmente es, inaugura un trasiego incesante por los parajes de la mente. Padece delirios. Comparece, pues, con un cuadro de histeria, del que los psicoanalistas dicen que tiene que ver con los problemas de identidad. Sufre, desde luego, un grave problema de identidad.
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