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Libertad y sacrificio


  • Escrito por Manuel Cordero
  • Publicado en Editoriales

“Es necesario que los trabadores, y sobre todo los socialistas, piensen que no ha llegado para ellos aún la hora del descanso. El proletariado, en su lucha diaria contra la injusticia del régimen capitalista, triunfa todos los días un poco, pero hasta alcanzar la victoria plena, definitiva, no tiene derecho al descanso. Y después de esa victoria tampoco. Trabajar, batallar es el destino del hombre. A través de la historia que conocemos de la Humanidad, el hombre ha luchado siempre con tesón por ser feliz y libre. Dos ilusiones que, a medida que parecen que se van a alcanzar, se alejan en el inmenso horizonte de los idealismos humanos. Y es un imperativo de las necesidades de la vida colectiva correr tras ellos, unos con la ilusión de lograrlos pronto, otros con el Convencimiento de que se cumple el deber y la función de buscar en lo desconocido las satisfacciones morales y materiales que nos niega la realidad presente.

Los proletarios de hoy no podemos olvidar que somos los descendientes de los siervos de ayer. Ellos lucharon por acabar con aquel régimen ignominioso de servidumbre y esclavitud. El hombre era una especie de animal doméstico, sometido a todos los caprichos del señor feudal. La desaparición de aquel régimen, sustituido por el del capitalismo, llamado de libertad e igualdad burguesa, modificó las cosas, pero en el aspecto externo nada más. El proletario de hoy sigue siendo tan esclavo como el siervo de ayer, porque la libertad no puede existir sin que el individuo tenga satisfechas plenamente sus necesidades económicas. y esto es imposible alcanzarlo en el régimen capitalista.

Y esto es lo que queremos que arraigue en la conciencia del proletariado de nuestro país.

Como consecuencia de la revolución política y semisocial que se ha producido en nuestro país han venido a nuestras filas infinidad de elementos y núcleos nuevos. Vienen todos impulsados por los más nobles y generosos propósitos. ¿Pero tienen todos el claro sentido de la realidad política v social de nuestro país? ¿Se dan cuenta exacta del hondo dramatismo existente en el ambiente nacional? ¿Tienen todos el espíritu de sacrificio que será necesario para afrontar las duras luchas que el futuro político y social de nuestro país nos reserva? No nos hagamos ilusiones contestando afirmativamente esas interrogaciones. Hay mucho de lírico, ilusorio y mesiánico en esa enorme masa que afluye a nuestras colectividades. Muchos creen -que la revolución pone en nuestras meteos el poder y que ya pueden ser rebeldes sin exponer nada. Oprimidos ayer hasta el extremo sometimiento, ya se creen completamente libres hoy.

Le resolución, ¿no es libertad? Sí, amigos. Pero esa libertad que os da la revolución está condicionada por la extensión de vuestra cultura ' y la firmeza de vuestra conciencia. No hay libertad- sin sacrificio. No hay derechos sin deberes.

Toda la fuerza de la rebeldía proletaria reside en el estado de la conciencia de ciase que hayan alcanzado los trabajadores. Mientras el obrero no tiene ideas claras y firmes y una conciencia ecuánime y serena para afrontar los peligros de la lucha, no está preparado para luchar con eficacia por la redención de su clase.

Y este espíritu de lucha sólo se alcanza en la pelea diaria venciendo las dificultades que opone el enemigo a nuestros avances.

Para que nuestras organizaciones conserven el estado de combatividad inherente a la función que les está encomendada es menester que sus elementos directores no fíen el éxito futuro a la influencia de los ministros y de los diputados. Con ministros, diputados, y sin ellos, nuestras organizaciones tienen que cumplir su cometido. Hoy hay diputados y ministros; pero puede llegar un momento que no los haya, y los socialistas no por ello hemos de renunciar a la realización de nuestros ideales. Tenemos el deber de saltar por encima de todas las dificultades que nos cree el adversario. Hay, pues, que hacerse a la idea de que somos un ejército en combate permanente y que estamos obligados a seguir nuestro camino resueltamente, pase lo que pase.”

(Fuente, El Socialista, número 7137, 23 de diciembre de 1931).