El experimento de Roosevelt
- Escrito por El Socialista
- Publicado en Déjà Vu
“Parece que el presidente de los Estados Unidos se halla próximo a triunfar en la lucha emprendida contra los más poderosos industriales de aquel país, apoyados por los grandes financieros; a quienes les unen vínculos económicos. Sabido es que mister Roosevelt yo que regresar a Washington a causa de la resistencia que oponían al general Johnson, administrador de la N. I. R. A., los industriales del carbón, del acero y del petróleo.
Los proyectos de "códigos” presentados por éste para sus industrias respectivas eran, en lo concerniente a las condiciones de trabajo, vivamente combatidos por las organizaciones obreras y declarados insuficientes por las autoridades de la reconstrucción nacional. Su negativa a modificarlos había provocado serias amenazas de huelga, que hicieron temer se tradujeran en breve plazo en un movimiento de tal extensión como nunca se había conocido en los Estados Unidos.
Los patronos petroleros han sido los Primeros en ceder. Se ha llegado en principia a un acuerdo entre ellos y los representantes de los trabajadores, quedando únicamente por arreglar algunos detalles. A estas horas es posible que haya sido aprobado ya el “código» del petróleo.
Este arreglo puede debilitar la posición adoptada por los propietarios de minas de carbón y los patronos de la gran metalurgia, y es de prever que se ejercerá cerca de ellos una fuerte presión para obligarles a ceder.
La diferencia abarca dos puntos: las horas de trabajo—que los patronos quieren fijar en cuarenta y dos horas, mientras que los obreros reclaman la semana de treinta y cinco horas—y sobre todo la cuestión del derecho de asociación. Esta es la razón verdadera de la resistencia de los magnates de la industria peeada. Los del acero habían consignado ya en su proyecto de código el reconocimiento de la$ organizaciones sindicales libres pero luego han intentado anular la concesión que se les habla arrancado y conservar sus Cómpany Unions, organizaciones controladas por ellos y que les hubieran permitido anular el papel de los Sindicatos y cerrar las fábricas a los miembros de éstos.
Si no ceden, para evitar conflictos mucho más graves que el reciente de las minas de Pensilvania, provocado per la obstinación de los patronos, se verá obligado míster Roosevelt a acudir a los plenos poderes que le concede la ley sobre reconstrucción industrial, es decir, a fijar él mismo las condiciones de los “códigos» de las dos industrias recalcitrantes e imponerles su observancia.
Semejante perspectiva dará que pensar a los patronos y es seguro que cedan en su intransigencia.
En la industria del automóvil han surgido también dificultades debidas igualmente a la oposición de los patrones a reconocer la organización sindical; pero se confía en que serán vencidas como lo van a ser en la industria pesada. Una observación importante. Si míster Roosevelt está en camino de triunfar de tales resistencias es por el apoyo ilimitado que le presten la opinión y las masas obreras.
La derrota de le oligarquía industrial y financiera prueba que hay algo que ha cambiado en los Estados Unidos.”
(Fuente: El Socialista, número 7659, de 23 de agosto de 1933)