A propósito de la exposición de las mujeres de la Casa de Austria en el Palacio Real
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
A partir del próximo 15 de noviembre podremos ver una exposición en el Palacio Real titulada, “La Corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de Las Descalzas y la Encarnación”. No me la perderé, fundamentalmente porque, en realidad, uno es un modernista, y siente pasión por la época de los Austrias. Pero, también porque, al parecer, se no plantea el estudio sobre la combinación de lo palaciego y lo religioso a través de las mujeres de la Casa de Austria en la Corte madrileña, en relación con los dos Monasterios de fundación real y sus vinculaciones con la rama austriaca de la familia, una propuesta sugestiva, creemos. Estamos hablando de infantas y reinas como Juana de Austria, fundadora de las Descalzas, o de María de Austria, que residió en dicho Monasterio después de tener un intenso protagonismo en la política imperial. Por su parte, contamos también con Margarita de Austria como impulsora de La Encarnación.
A propósito de esta exposición me gustaría acercarme a la figura de María de Austria, personaje de una gran importancia dentro de los Habsburgo. Hija del emperador Carlos V y de Isabel de Portugal, nació en Madrid el 21 de junio de 1528. No era la primera hija del emperador, porque antes había nacido fuera del matrimonio Margarita de Parma, otro personaje femenino singular.
María se crio entre Toledo y Valladolid con sus hermanos Felipe y Juana, y quizás por quedarse muy pronto huérfanos de madre y no contar con su padre, siempre ausente en algún rincón de sus vastos dominios, desarrollaron una sólida unión filial. Este hecho es clave para comprender el buen entendimiento que siempre tuvieron los dos principales hijos del emperador, el príncipe y luego rey Felipe II y María, en asuntos de gobierno.
Carlos decidió casar a nuestra protagonista con su sobrino Maximiliano, archiduque de Austria y desde el momento de la boda, rey de Hungría, aunque anteriormente hubo otro plan de boda con el duque de Orleáns, hijo del rey francés Francisco I, pero se frustró.
El emperador obligó al matrimonio a permanecer en Castilla, habida cuenta de sus constantes ausencias porque, además, el príncipe Felipe debía marchar a Flandes. María y Maximiliano se casaron en Valladolid el 13 de septiembre de 1548. Conforme a las Instrucciones dadas por el emperador el 19 de enero y ratificados los poderes concedidos el 29 de septiembre, es decir, ya efectuada la boda, tras la partida del príncipe Felipe el 9 de noviembre, los dos esposos pasaron a ser lugartenientes de España e Indias.
María adquirió más protagonismo en el gobierno cuando se quedó sola en Castilla, ya que Maximiliano tuvo que partir en noviembre de 1550 a Augsburgo, como confirmaría un Poder Imperial.
Cuando su hermano Felipe regresó de Flandes su misión de gobierno finalizó y pudo partir para encontrase con su esposo en Alemania en el mes de noviembre de 1551. Residieron en Viena y Praga. En 1564, Maximiliano accedió al trono imperial, por lo que María pasaría a ser emperatriz.
Al morir el emperador Maximiliano II el 12 de octubre de 1576 decidió regresar a Madrid con su hija Margarita en agosto de 1580. Llegaron en marzo del año siguiente. María barajaba la posibilidad de que Margarita se casara con Felipe, ya que su esposa, y también hija, Ana de Austria, había fallecido. Pero muy pronto pasaron a Lisboa porque Felipe había accedido al trono de la Corona portuguesa. El proyecto del rey era dejar a su hermana como regente en Portugal, pero María no estaba muy dispuesta a aceptar el encargo, aunque esperaron a que llegara Alberto, otro de sus hijos y, por lo tanto, sobrino de Felipe, para que se hiciera cargo de la Regencia.
En Madrid, la emperatriz viuda desarrolló un intenso mecenazgo, destacando en el apoyo a uno de los principales músicos de la Europa de su época, Tomás Luis de Victoria. Además, aún tuvo que cumplir una misión política al tener que hacerse cargo del reino cuando Felipe II tuvo que marchar a Zaragoza por la boda de su hija la infanta Catalina Micaela con el duque de Saboya. También en 1599 presentó en el Alcázar de Madrid sus respetos a su sobrino el rey Felipe III cuando accedió al trono por la muerte de su padre Felipe II. María pasó a residir en el Monasterio de las Descalzas Reales, aunque no entró en religión, algo que sí hizo su hija Margarita. Este Monasterio, en pleno centro de la Villa, había sido fundado años antes por su hermana menor Juana de Austria, al quedar muy pronto viuda por muerte de su esposo Juan Manuel de Portugal para poder allí retirarse y morir también muchos años antes que María.
La emperatriz protegió a los jesuitas y les legó su fortuna para el Colegio que habían fundado en 1560, pero una parte de sus hijos no estuvo conforme con esta donación y se entablaron pleitos con la Compañía de Jesús. La emperatriz falleció el 26 de febrero de 1603, pero no pudo ver que había vencido su pretensión sucesoria en los tribunales. Sus restos mortales descansan en el coro alto del Monasterio.
María fue madre de dos emperadores, Rodolfo II y Matías, una reina de Francia, Isabel, que casó con Carlos IX de la dinastía Valois, y otra de España, Ana de Austria, la cuarta esposa de su hermano el rey Felipe II, como hemos señalado anteriormente. En total, tuvo quince hijos.
María de Austria es un ejemplo histórico del papel que las mujeres de las dinastías europeas en la Edad Moderna jugaron en las alianzas y la política internacional, así como en el gobierno de los reinos, las únicas mujeres visibles, o que han recibido tratamiento por la historiografía tradicional.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
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