A propósito de la exposición de las cartillas para aprender a dibujar de los siglos XVII al XIX
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Cultura
El Museo del Prado nos ofrece en una pequeña sala, pero llena de tesoros, una exposición (15 de octubre de 2019-2 de febrero de 2020) titulada, “El maestro de papel. Cartillas para aprender a dibujar de los siglos XVII al XIX”. En la misma se reúne un conjunto de cartillas de la época moderna donde los maestros de la pintura grabaron estampas para la formación de futuros artistas en el dibujo. No eran consideradas obras de arte en su momento, pero hoy lo son de primera magnitud.
A comienzos del siglo XVII, en la transición entre el Manierismo y el Barroco, los italianos se dedicaron a elaborar materiales pedagógicos con el fin de cambiar el aprendizaje del dibujo de los futuros pintores. Hasta ese momento, el estudio se basaba en copias directas del natural o de vaciados en yeso, o a través de dibujos que proporcionaba el maestro en su taller. El cambio consistió en elaborar lo que se denominaron “cartillas de principios”. Eran cartillas que empleaban el grabado para plasmar los modelos y las partes del cuerpo humano, es decir, que se editaban. La cartilla permitía que el aprendiz estudiara sin la presencia del maestro, gracias a los esquemas, proporciones, líneas de contornos y sombreados que contenían. Los alumnos copiaban y copiaban hasta que dominaban el dibujo. Es importante destacar que en estas cartillas el protagonista es el cuerpo humano y sus distintas partes. El procedimiento de aprendizaje iba desde lo concreto, es decir, una extremidad, un ojo, los labios, la nariz, etc. hasta, poco a poco, llegar a dominar el conjunto entero. Las figuras humanas empleadas en las cartillas, a menudo, se basaban en los modelos de estatuas griegas y romanas, dada la importancia de los cánones clásicos.
Este cambio revolucionario tuvo un enorme éxito, porque permitía aprender copiando y repitiendo sin tener un maestro físico, sin acudir a un taller, por lo que llegarían hasta bien entrado el siglo XIX, internacionalizándose los modelos creados en Italia.
La colección que se presenta es impresionante, y a propósito de la misma, como es habitual en estas reseñas de exposiciones, les recomendaría que se parasen delante de las bocas que diseñó Ribera, además de apreciar los modelos de los Carracci, de Rubens, o de Charles Le Brun, que llegó a impartir conferencias en el siglo XVII para explicar cómo había que plasmar las pasiones en los rostros. En la exposición podemos ver estampas suyas de seis rostros que manifiestan distintos sentimientos, ¿antiguos emoticonos?, permítaseme la licencia.
No se pierdan esta joya entre las joyas que en este otoño podemos disfrutar en el Prado.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.