No es de extrañar que algunas personas piensen en no querer volver a mirar al mundo. En realidad, es lo que hace la mayoría al volverse y adentrarse casi sistemáticamente en los programas de televisión que tenemos hoy. Cualquiera -y esto no es cuestión de estudios sino de visión social, de intuición o educación- puede darse cuenta de la gran mentira en la que vivimos. Con franqueza, no sabemos nada de lo que está sucediendo ni en Ucrania ni tampoco los millones de rusos que viven allí, no hay que engañarse. ¿Quién es quién en todo esto? Para conocer la verdad hay que entrar en uno mismo, hay que interiorizarse, como ya se ha visto en San Agustín. Intra in cubiculum mentis tuae, dirá también San Anselmo. Según esto, lo peor que puede hacer el hombre para conocer es mirar las cosas del mundo, porque la verdad, no están en las cosas, sino en Dios, y a Dios no encuentra el hombre en sí mismo. Y como la verdad es Dios, la vía para llegar a ella es la caritas: solo por el amor llegamos a Dios, y solo Dios es la verdad; no es otro el sentido del fides quaerens intellectum de San Anselmo. San Buenaventura va a llamar a la filosofía camino de la mente hacia Dios (Itinerarium mentis in Deum) y se parte de la fe. Con esto queda señalada la situación de la filosofía medieval en sus primeros siglos. Para muchos esta “filosofía medieval” de contemplación divina, donde un Ser Superior gobernaba nuestra vida es la que procede como forma de vida, hoy. Lástima que aquel Dios Superior fuera casi peor que las guerras y rumores de guerras en las que vivimos. Fue el Dios apóstata creado por los hombres, solo que ese concepto, no es Dios. Había que dominar las mentes. Hoy también. ¿porqué? Porque ese mismo concepto de dios del miedo, de dominio se ha multiplicado en muchos dioses. Esos son los que impiden ser feliz al individuo. Es el Dios inventado por los hombres quien vuelve a gobernar -como la edad media- nuestras almas.