El Consejo General del Poder Judicial y la cara oculta del PP
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La doble faz del Partido Popular parece permear tranquilamente ausente y al margen de los cambios en el liderazgo de la formación. De un lado se encuentra la cara visible del recambio al timón emanado de los congresos con muda de nombres y apellidos. Feijóo por Casado; Gamarra por Egea. La epidermis tiene su representación pública, pero la fuerza fáctica continúa con su presencia intangible.
El rostro nominativo del Partido Popular ofrece una imagen de voluntad democrática acompañada de gestos, pero la parte submarina del hielo flotante, la invisible, regurgita, ronronea, ronca, trabaja en la sala de máquinas incansablemente para la obtención de una masa de sólido pero indescriptible peso que termina por afectar a la parte visible que representa Feijóo, por poner un ejemplo. Es decir, nada y nada menos que el presidente del partido.
Esa lava ideológica avanza ente otras laderas por las del poder judicial. La resistencia del Partido Popular a favorecer la renovación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial, con una prórroga indecorosa de casi cuatro años ominosos de disconformidad con los usos y mandatos habituales emanados de la Constitución, representa un escenario de inmoralidad y utilización de la trampa como herramienta política que erosiona la credibilidad de la clase política y el juego de sus formaciones. Una vez más se había abierto la posibilidad del entendimiento ante el sonrojo institucional del entendimiento de la justicia en España que se ofrecía en Bruselas, con envío en misión expedicionaria del comisario de Justicia europeo.
El presidente del Consejo del Poder Judicial, Carlos Lesmes, había facilitado con su “voladura controlada” la edificación de nueva planta de un acuerdo superador de diferencias. Pero una discordia inesperada ha vuelto a romper la esperanza de la normalidad. Feijóo parece querer una cosa, una concreción, pero esa insuperable fuerza interna, esa masa de consistencia conservadora se desarrolla y se hace fuerte como una emanación en todos los rincones del Estado.
Esa fuerza oculta operaría de tal modo que resulta suficiente para convencer a la dirección actual del PP que resulta legítimo poner sobre el tablero de la comunicación política una cuestión ajena a las bases de un acuerdo para impedir el mismo. Ahora es la interpretación de la sedición como valor penal en colisión con la configuración del Estado y sus defensores y sus potenciales destructores, pero podría ser cualquier cosa sobre la que hubiera diferencias de apreciación. Rafael Sánchez Ferlosio, en “Campo de retamas” (Literatura Random House, 2015), dice “ay, Dios mío, tengo miedo de haber perdido toda medida de soportación!”.
Podría ser perfectamente este episodio el último en el nivel de tolerancia de la opinión pública hacia comportamientos tan alejados de la convivencia. El líder de la oposición es ajeno por tiempo a accidentes del pasado como, por ejemplo, la permanencia en la composición del Tribunal Constitucional del catedrático Enrique Arnaldo, con una vinculación tan directa en la defensa profesional de justiciables del propio Partido Popular, pero no se muestra capaz de corresponder a la necesidad de valor y fuerza para subvertir esa innombrable potencia magmática que le lleva por el camino de siempre. Pregunta Joseph Roth, en “Judíos errantes”, “si siente el camaleón piedad hacia los colores a los que continuamente se ve obligado a cambiar”.
La renovación del Consejo del Poder Judicial discurre en paralelo con la necesidad de renovación del partido troncal de la visión conservadora que es el Partido Popular, pero su primer mandatario no parece tener la piedad suficiente del camaleón del que escribe Roth. La falta de entendimiento del concepto de la justicia y su banalización como elemento vertebrador de la convivencia entre partidos devalúa el papel renovador de Feijóo a título personal y del Partido Popular como organización en vigilia para ocupar el poder ejecutivo. La pregunta que queda servida sobre la mesa es si el comisario de Justicia Reynders volverá a visitar la ciudad de Madrid nuevamente en misión diplomática o en viaje de ocio y calidades turísticas.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.