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El pacto de la Meca: un ensayo de defensa regional


(Tiempo de lectura: 5 - 9 minutos)

El pacto defensivo suscrito este mes de agosto por Arabia Saudí, Turquía y Pakistán es el acto político más importante de los últimos años en la región que concentra la mayor densidad de población musulmana del mundo.

No es el primer pacto de esta naturaleza ni será el último. No sustituye a otros anteriores, ni pretende convertirse en un modelo o un ejemplo a seguir por otros agentes regionales. Pero ha sacudido la zona, por el momento en que se ha anunciado, las características de sus socios y la ambición que demuestran los tres firmantes, implícita o explícitamente.

LAS CLAVES DEL PACTO

¿Por qué Arabia Saudí, Turquía y Pakistán se han aliado de forma preferente, sin que pretendan crear una alianza cerrada a otros? Por varias razones:

1) Son las tres potencias político-militares más relevantes de la zona, desde el Mediterráneo a los confines de la China.

2) Tienen capacidades complementarias: Arabia Saudí dispone de gran músculo energético y financiero; Turquía disfruta de un potente ejército convencional y además está coordinado con la OTAN; y Pakistán es el único de los tres socios que tiene armamento nuclear.

3) Sus intereses particulares no son competitivos: Arabia esta inquieta sobre todo por la inestabilidad en el Golfo Pérsico; Turquía está atenta a la deriva de los conflictos más cercanos al Mediterráneo; y Pakistán mantiene desde hace décadas un pulso con la India, en el otro extremo del rango geográfico del Pacto.

4) Comparten, en términos generales, la misma visión del Islam en el orden de sus sociedades y en la dimensión geopolítica; es decir, sus ciudadanos profesan, en su inmensa mayoría, la confesión sunní y, por tanto, tienen en el chiísmo más reivindicativo o combatiente un enemigo común.

5) Son agentes regionales preferentes para Estados Unidos, cada cual en su ámbito territorial propio, pero también comparten ciertos agravios y/o dudas sobre la fortaleza y estabilidad del compromiso de seguridad norteamericano.

6) Cada uno de los socios respeta las prioridades del otro y no pretende arrastrar a los demás a un conflicto general si ello no respondiera a necesidades específicas de seguridad.

Este último punto es la clave, a pesar de que es el que ha generado una mayor confusión. La provisión de la solidaridad, igual que está definido en la OTAN, en su famoso artículo 5, puede invitar a pensar que, en caso de ser objeto de agresión, cualquiera de los socios puede demandar a los otros dos su participación en el esfuerzo defensivo que fuera necesario.

Sin embargo, el Pacto de la Meca no es terminante en ese sentido. Nada es imperativo u obligatorio, o no como supuestamente lo es en la OTAN (aunque esto también es matizable). Los tres firmantes se han cuidado de resaltar en declaraciones expresas que el mecanismo que se activaría en ese supuesto sería el contemplado en el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, que establece el principio inherente del derecho a una autodefensa individual y colectiva. Dicho de otra forma: los socios no se han obligado a una respuesta automática militar en caso de agresión a cualquiera de ellos.

Evidentemente, la solidaridad defensiva que el Pacto de la Meca consagra deja abiertas especulaciones sobre el posible alcance de esa cooperación militar, pero las declaraciones políticas de sus líderes en la ceremonia de signatura del Pacto fueron concluyentes.

¿UNA ALIANZA CONTRA ALGUIEN?

También ha generado cierto debate el objetivo estratégico del Pacto, en dos de sus consideraciones fundamentales: ¿está dirigido contra alguien o es una respuesta a una amenaza específica? y ¿se trata de poner las bases de acuerdos regionales defensas más autónomos de Estados Unidos, como se pretende por ejemplo en Europa y, en menor medida, en el Extremo Oriente?

Los signatarios niegan que estén actuando contra alguien. ¿Son del todo sinceros o simplemente tratan de no provocar a Irán, país que puede ser el más inquieto por este pacto?

Evidentemente, Arabia es el menos creíble, porque ha sido objeto de represalias iraníes, en respuesta a los ataques militares norteamericanos de los últimos seis meses. Más allá de la rivalidad confesional (sunníes vs. chiíes), los dos países compiten por la hegemonía política en Oriente Medio y han apoyado a fuerzas opuestas en distintos conflictos locales. Además, en Riad han sido muy activos en la demanda a Estados Unidos para que no permitiera el desarrollo del programa nuclear iraní, adoptando posiciones de presión análogas a las desplegadas por Israel, aunque de mucho menor alcance.

No obstante lo anterior, Arabia Saudí, a la vista del fracaso de los sucesivos planes de neutralización atómica de Irán, ha hecho esfuerzos de acercamiento a su rival, bajo el patrocinio de China, una gran potencia cada vez más influyente en la región. Antes de la guerra actual, Riad y Teherán disfrutaban de un deshielo en sus relaciones. Este esfuerzo no se ha arruinado del todo, pero se ha complicado visiblemente.

Turquía y Pakistán tienen una relación menos tensa con Irán, no exenta de problemas y falta de confianza, naturalmente, pero sin llegar a comprometer el diálogo de los últimos años. Pakistán incluso ha sido aceptado por Teherán como muñidor de los intentos de mediación para detener o pausar la guerra, lo que se ha evaluado como el mayor éxito diplomático de Islamabad en décadas.

A la vista de los acontecimientos más recientes, está por ver si esta Alianza tiene suficiente para contener la presente crisis y prevenir otras nuevas.

Aunque Irán sea la amenaza no mencionada (el elefante en la habitación), estos tres países temen también y casi con la misma intensidad el poder desatado de Israel, más virulento que nunca, debido a la tolerancia sin límites de la Casa Blanca a sus desmanes.

Seguramente no es casualidad que el Pacto de la Meca, en preparación desde hace mucho tiempo y preludiado por el acuerdo bilateral saudí-pakistaní, cristalizara poco después de que el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, proclamara a los cuatro vientos el nacimiento de un eje por él mismo denominado “Alianza del Hexágono”, compuesto por Israel, Grecia, India, Chipre y otros dos estados signatarios de los acuerdos Abraham, patrocinados por Trump, que el dirigente judió no identificó.

La enemistad de algunos de esos países con los de la triada de La Meca es más que notoria. Grecia y Chipre no han resuelto sus diferencias históricas con Turquía después de la invasión turca de la isla hace más de 50 años. Las tensiones en el Mar Egeo son continuas, no sólo por cuestiones territoriales, sino también y sobre todo por el control de los yacimientos de gas natural allí existentes. India es el enemigo histórico de Pakistán, con escaramuzas y episodios bélicos recurrentes de mayor o menor intensidad, que comportan el alto riesgo propio de un conflicto entre potencias dotadas de armas nucleares.

Uno de los dos países Abraham no citados por Netanyahu es, sin duda, los Emiratos Árabes Unidos, un rival cada vez más acusado de Arabía Saudí, no sólo en la competencia por el liderazgo en el Golfo Pérsico, sino también en la región de África Oriental y el Mar Rojo, donde apoyan facciones combatientes en la guerra interna de Sudan o en el pulso continuo entre Etiopía y Eritrea, con implicación de guerrillas secesionistas en dos regiones etíopes (Tigray y Oromia), o en la más distante Libia.

LLAMADA DE ATENCIÓN A EE. UU.

No se ve muy claramente qué papel puede jugar el Pacto de la Meca en el control de las crisis africanas, ni siquiera en una modificación de de los pulsos estratégicos en Oriente Medio y el Asia meridional. Pero una cosa es segura: se trata de una llamada de atención a Estados Unidos para que cuente con ellos a la hora de decidir sus prioridades en la zona.

Antes de anunciarse este pacto tripartito, Arabía Saudí había elevado el umbral de su cooperación con Washington al sumar el elemento nuclear. Estados

Unidos brindaría tecnología atómica a los saudíes, sin descartar el enriquecimiento de uranio, siempre que ello no se utilizara con fines militares.

El acuerdo vulneraba el Pacto de No Proliferación Nuclear del que Washington, forma parte, pero es sabido que Trump hace mofa continua de los compromisos internacionales de su país. Con todo, lo que ha sumido el acuerdo en la incertidumbre ha sido que el Presidente lo condicionara a posteriori al establecimiento de relaciones diplomáticas de Arabia con Israel. El trono saudí rechazó abiertamente esta interpretación, porque no se atenía a la literalidad de lo acordado.

Aparte de la inconsistencia que supone bombardear a un país (Irán) porque no se atiene a las normas de la no proliferación nuclear, mientras se pacta con un vecino un marco de cooperación nuclear que se sale de los limites establecidos no sólo por las leyes internacionales, sino también por Estados Unidos en particular, este nuevo derrape de Trump ha tenido implicaciones bilaterales serias. El fiasco diplomático, de dimensiones enormes incluso para el estándar trumpista, molestó sobremanera en Riad y añadió más dudas a la credibilidad de la actual administración norteamericana entre sus aliados del Golfo.

Todas estas cuestiones gravitan sobre el Pacto de la Meca y le confiere un alcance que va más allá de sus objetivos iniciales. En todo caso, no hay que engañarse: más allá de Trump, el establishment estratégico norteamericano ve con buenos ojos acuerdos de este tipo, siempre que estén supeditados a la convergencia con los intereses generales de Estados Unidos en esta amplia región del mundo.

REFERENCIAS:

“The Mecca Agreement: From Imported Security to Regional Joint Security”. JALID AL-JABER. AFKAR / MIDDLE EAST COUNCIL, 13 de agosto.

“What Is the Mecca Joint Defense Pact—and What It Is Not?”. ALI BAKIR. AFKAR / MIDDLE EAST COUNCIL, 13 de agosto.

“The Mecca Agreement: From Diversifying Alliances to Regional Strategic Balance”. IBRAHIM AL-SHEIKH. AFKAR / MIDDLE EAST COUNCIL, 12 de agosto.

“What’s Netanyahu’s planned ‘hexagon’ alliance – and can it work?”. ELIS GJIEVORI. AL JAZEERA, 23 de febrero.

“America Enabled the Gulf’s African Adventurism”. ZURI LINETSKY & MICHAEL WOLDEMARIAM. FOREIGN POLICY, 3 de junio.

“The End of the American Middle East”. MARC LYNCH. FOREIGN AFFAIRS, 18 de agosto.

“The flow of arms and money feeding the war in Sudan can be cut. What is missing is the Will”. HUBERT KINKOH. CHATHAM HOUSE, 20 de mayo.

“Trump’s Saudi Nuclear Deal Is Diplomatic Malpractice”. DANIEL KURTZER & AARON DAVID MILLER. FOREIGN POLICY, 27 de julio. “The Looming Nuclear Crisis in the Gulf”. YOEL GUZANSKI. FOREIGN AFFAIRS, 3 de agosto.

Licenciado en C.C. de la Información, rama de Periodismo, por la Univ. Complutense y Licenciado en Filosofía y Letras, rama de Historia, por la Univ. Autónoma de Madrid.

OBRA LITERARIA

- “Después del final” (2012), novela publicada por ViveLibro

- “Luces del último siglo” (2020), novela publicada por Caligrama.

OBRA HISTÓRICA

“La resistencia socialista en Asturias (1937-1962)”. FUNDACIÓN LARGO CABALLERO. Madrid, 1986

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