Feijóo, el CGPJ y la necesidad de la siembra
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
A propósito de los avances aún pendientes de convertir en realidades de la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ, por sus siglas en el lenguaje de la justicia), el dirigente del Partido Popular, Núñez Feijóo, se encuentra en la misma situación descrita por la narradora Sara Mesa, en su última novela “La familia” (Anagrama, 2022).
Martina, uno de los personajes, una niña, tiene que elegir entre los consejos de la tutora y los de la orientadora del colegio. La novelista dice que la muchacha “obedecía una orden desobedeciendo otra”. Los casi cuatro años de empecinamiento en el incumplimiento de la legalidad constitucional para renovar la composición del CGPJ es un tiempo que solo puede ser leído como un obstáculo de pésimo perdedor desde que en 2019 las opciones de validación de los vocales en el Consejo crecían para el PSOE y descendían para el PP merced a la composición en ese momento del Parlamento.
La oposición al cumplimiento de un mandato legal simplemente por no compartir su redacción matrimonia fatal con las maneras habituales de un sistema democrático. Ya Pablo Casado, antes de su inexplicable desaparición del firmamento público, había caído en la cuenta de la perfidia en que incurría de mantener la obcecación y encargó a su leal García Egea la apertura de las compuertas del sentido común.
La llegada de Feijóo a Génova ha dado paso a un período de malversación del entendimiento y conveniencia de lo razonable hasta el agotamiento de la infamia que ni siquiera el comisario europeo de Justicia podía entender, pese a sus paseos por Madrid entre agasajos y aproximaciones al ascua conservadora del PP.
Este preciso instante de las negociaciones puede provocar una inundación de sentido del deber y de la concepción del Estado en ambos líderes del momento público, Sánchez y Feijóo.
El primero ha retorcido sus inclinaciones naturales de afirmación de gobierno en beneficio de la mano tendida, y ha convocado al jefe de la oposición ante la dimisión del presidente Lesmes, para evitar la práctica del bochorno y del oprobio más allá de nuestras fronteras.
El segundo ha seguido el mandato del ampuloso Eugenio D,Ors cuando decía que “en algún punto hay que detenerse”, al negar el saludo al carnicero cuando lo había dispensado al resto de menestrales en la misma calle comercial.
Y Feijóo dijo basta a la profundización de una oposición con la sistemática del suicidio estatégico. Si Feijóo desatasca este inenarrable episodio habrá protagonizado un verdadero ejemplo de voluntad de corrimiento tectónico hacia el centro y la corrección política.
Ahora solo le faltaría, entre otras cosas, deslindar las fincas del PP y las de Vox hasta obtener una carta de ciudadanía limpia de complejos y pecados originales. Ciertamente, habría un parteaguas, palabra de indudable tendencia, entre el pasado y el futuro del aspirante a la Moncloa.
“La inteligencia es una astucia que tiene prisa”, decía Casanova y que gusta recordar al mexicano Juan Villoro. El candidato Feijóo parece responder a este plan de actuación.
Sin olvidar el desenvolvimiento del presidente Sánchez, quien ha manejado un escenario con las imprescindibles maneras de un protocolo completamente adecuado a lo que se entiende como solución de un conflicto.
Ahora bien, queda un imprescindible detalle, la ejecución del acuerdo que debería contar con una cirugía que lastrase la aparición de otras toxicidades. El crecimiento de la figura y su contraste en latitudes europeas de Feijóo necesita de una consolidación como la presente.
Por el contrario, su pérdida de oportunidad con la aparición de procedimientos tramposos y dilaciones añadidas tendría toda la cartografía de un fracaso y la elevación de la trampa como categoría política.
Jorge Semprún, en “Autobiografía de Federico Sánchez” (Planeta, 1977), hablaba de un dirigente comunista de 1940, Antonio Mije, para desvestirlo de autoridad, ¨hablaba mucho, se movía mucho, hacía muchos aspavientos, pero de la siembra nada”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.