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Odio el odio (Y II)


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Es esta aguda conciencia de mi individualidad, la que me hace advertir que yo soy yo y, cuanta pena, persecución y muerte, cuanta para este “Yo”. Para mí “la muerte es el enemigo”, el esencial enemigo, puesto que la muerte destruirá, exterminará, anulará mi individualidad, mi “Yo”. Los que es difícil de comprender y sentir para algunos (Putin entre otros) es que los seres humanos en su totalidad, e incluso el pollo, el cerdo y la liebre salpicada de rocío, cada uno de ellos tienen un preciso y similar “Yo”, con los mismos sentimientos de placer y dolor personales, con la misma conciencia temerosa de la muerte, que es quien destruye ese “Yo” único.

En la civilización que se desarrolló, a partir del Renacimiento, el ideal esencial y común, se definió en la famosa libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa. Pero aquellas palabras, sólo traducen en términos sociales y políticos, la conciencia de individualidad universal y, el derecho de cada uno, a ser tratado como un individuo, un ciudadano y un ser humano libre.

El desarrollo de la civilización – sus creencias, ideales e instituciones – es un proceso largo y oscilante, como he escrito regularmente, respecto a la Historia. Durante los años que median, entre la vida de Montaigne y las dos guerras mundiales, se dio un continuo flujo y reflujo, en la lucha por la emergencia del individuo, por el derecho de cada uno, a ser tratado igualmente como un “Yo”. Después de 1945, una sociedad civilizada, al menos en occidente, basada en la individualidad y la libertad, igualdad y fraternidad, se había establecido por sí misma, con cierta solidez, pero sólo en unos lugares (no en los países comunistas, o los también dictatoriales España, Portugal y Grecia). Pero si tomamos el mundo como un todo, casi por todas partes, el movimiento de los acontecimientos y, las mentes de los hombres, a pesar, como hemos dicho, de sufrir oscilaciones, parecía estar en la línea de Montaigne y Erasmo, Voltaire y Tom Payne.

Yo, nacido en 1942 y criado en un hogar de clase media alta y, en el ambiente liberal, derivado de la inteligencia y la ideología de mi padre, así como de su extremo rigor moral, tuve la gran suerte de comprender y distinguir, desde que era un chaval, las distintas manifestaciones de la civilización en la que aterrizaba. Por eso hoy odio el odio.

Pues eso.

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

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