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¿Cómo se mide la salud de un partido?: reflexionando con López Baeza


(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Hoy nos hacemos la pregunta del título del artículo sobre qué mide la salud de un partido, y siguiendo nuestro habitual método recurrimos a un material histórico de la mano de Antonio López Baeza

Nuestro autor fue un periodista madrileño, destacado sindicalista de la UGT, miembro de la Escuela Nueva y de las Juventudes Socialistas, además de miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE, masón y concejal de la capital. En junio de 1912 comentó en un artículo en Vida Socialista unas declaraciones de Lerroux, que le motivaron a reflexionar sobre la moralidad de los partidos políticos. Ciento diez años después buceamos en las mismas.

Al parecer, Lerroux había pronunciado un discurso hacía poco tiempo en Madrid donde afirmó que no había pensando jamás en que la palabra moralidad figurase como principal fundamento de los programas políticos, de los partidos republicanos y socialistas. El político republicano se refirió también a un caso concreto de aquel momento en relación con la conducta de los concejales radicales de Barcelona que habían intervenido en el negocio de la cal, el yeso y el cemento, y que los habría defendido aun siendo culpables pues para él la salud del partido lo era todo.

Para López estos principios eran muy peligrosos. Acoger con silencio estas afirmaciones significaba complicidad indigna y debían ser rechazadas porque podían servir para desviar el sentido ético de la opinión pública.

La salud de un partido estaba, y siempre según nuestro autor, en relación directa con la salud moral de todos los que en el mismo militaban y callar la inmoralidad era lo mismo que participar en ella.

No contestar a este tipo de declaraciones era como extender patentes de corso para que los que militaban en un partido político se aprovechasen del mismo con la finalidad de realizar negocios en provecho propio, sabiendo que éstos no habían de tener la sanción debida.

Los partidos populares, en alusión a los partidos de izquierda, tenían que ser honrados y proceder según un rígido sentimiento ético. Si no se hacía así, insistía López Baena, no se podría censurar a los contrincantes.

El autor hacía muchas alusiones concretas a las circunstancias de su tiempo que en este artículo de opinión no nos interesan. Nos importaba aportar, modestamente, un testimonio simple, aparentemente, aunque no lo es porque sigue siendo fundamental. Creemos que nunca está de más recordar un poco.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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