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La formación en la izquierda o Carmen García Bloise y los socialistas a la escuela


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
Carmen García Bloise. / Foto de la Fundación Pablo Iglesias. Carmen García Bloise. / Foto de la Fundación Pablo Iglesias.

La necesidad de formarse en el seno de la izquierda ante los nuevos problemas y desafíos, por la generación de contradicciones que nos plantean debe ser siempre una prioridad de las personas que se encuentren en este universo político y de las formaciones políticas del mismo.

Esta preocupación formativa no es nueva, ni mucho menos. Al hilo de esta reflexión casi permanente de este autor, aparece la experiencia histórica reciente aportándonos, de nuevo, análisis sugerentes. En este sentido, una de las socialistas más destacadas por su trabajo en el último exilio y en la Transición, Carmen García Bloise, nos ofrece, en otro contexto, algunas claves, que desearía compartir con el lector.

Estamos hablando de la primavera de 1962, por lo que estamos con una joven García Bloise, ya afiliada a la UGT y al PSOE, y antes de colaborar en el equipo de Mitterrand en las elecciones de 1965 y de ser nombrada también en ese año de 1965 secretaria del Secretariado Femenino del PSOE.

Así es, en mayo de 1962 publicó en Le Socialiste, en la sección de Juventudes Socialistas, un artículo con el sugestivo título de “Vayamos todos a la escuela”, según lo que le había sugerido la asistencia el día 21 de abril de ese año a una conferencia de Carlos Martínez Parera en los locales de la UGT en París, donde, a pesar de ser un acto organizado por la Sección Juvenil se llenó de veteranos. Su interés partía no tanto de lo que el orador había propuesto o dicho sino de las intervenciones de los asistentes.

García Bloise, en tanto sindicalista, deseaba que el sindicato dirigiera la economía española, pero al oír algunas declaraciones comprobó que estaban alejadas del socialismo, por lo que opinaba que algunos socialistas debían prepararse y educarse sindicalmente. La afirmación es, a nuestro entender, bien contundente. ¿Podría ser aplicable a otros momentos, al presente? Dejamos en el aire la pregunta, y continuamos analizando las ideas de la joven García Bloise.

No quería ser ofensiva, pero insistía en que todos los socialistas debían ingresar en la escuela para adquirir una formación política y social o para perfeccionar la que se tenía. No le valía el argumento que una parte de los socialistas veteranos empleaban sobre su “antigüedad de carnet” para justificar su sentimiento socialista, aunque también criticaba a los que, siendo jóvenes, y a pesar de la pasividad que veía, pretendían “inventar el mundo”.

No se era socialista por contar con un carnet, obtenido a una tierna edad y mantenido en el tiempo. Ni tampoco se era socialista por haber ocupado cargos, ni oído conferencias y charlas de líderes, ni por ser hijo de un viejo militante. No se podía ser socialista si no se conocían los principios, las doctrinas, y sin estar convencidos de que el socialismo era el único régimen que emancipaba a la clase trabajadora.

No le cabía en la cabeza que entre trabajadores de 1962, de la era ya atómica, se pudieran pronunciar exigencias, privilegios profesionales, o menosprecios hacia el trabajador intelectual, o se empleasen argumentos que recordaban más a los que utilizaban los “patronos reaccionarios”.

Por todo ello quería que los viejos militantes fueran a la escuela, y que, aunque se llevaran decenios y decenios militando, no se debía temer el revisar la razones por las que un día escogieron una filiación en lugar de otra. Pero también llamaba a la escuela a los jóvenes para aprovechar los medios a su alcance para prepararse. La formación, en fin, era fundamental para plantearse problemas, soluciones, para pensar por sí mismo, sin influencias personales.

Esta llamada a formarse en el universo del socialismo español en el exilio, realizada por García Bloise nos ha parecido, hecha en 1962, que tiene su lectura actual, y que también puede aplicarse a otros universos de la izquierda diversa. Las razones que exponía en los años sesenta son muy parecidas a las que podemos realizar ahora para formarse en esta ya tercera década del siglo XXI. Hay problemas que se mantienen, y otros son nuevos, pero lo que aquí nos importa es que no bastaría con militar, votar o significarse en partidos y organizaciones de izquierda, había que saber qué es la izquierda, su evolución, reflexionar sobre sus principios clásicos y sobre los retos modernos, leer, y estudiar la historia y los problemas actuales. Los más veteranos del lugar deben entender que el mundo está cambiando, como están cambiando las relaciones sociales, que la extrema derecha presente es distinta, en diversos puntos, de la que ellos conocieron en otra época, por ejemplo, y que está captando votos en capas populares. Pero los más jóvenes también tienen que entender que un titular o un tweet no son nada, en realidad, si no hay análisis detrás, profundo, intenso y mucho más extenso. Si ser de izquierdas es intentar transformar un mundo que no nos parece justo hay que formarse, tanto si se vivía en 1962 en la España de Franco o en la Francia de De Gaulle, como en esos dos países actualmente. García Bloise, con veintitantos años, pero ya en ese momento con mucha formación y experiencia, nos enseña a viejos y jóvenes de 2022 un principio fundamental contra el anquilosamiento ideológico, pero también frente a la asfixiante frivolidad actual de la idolatría hacia las redes, que sería el actual “inventar el mundo”, que ella decía. Ser de izquierdas es algo muy serio, formándose continuamente, planteándose preguntas y reflexionando sobre la complejidad de las respuestas.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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