La elección del presidente de la República Francesa
- Escrito por Eduardo Montagut
- Publicado en Opinión
La elección del presidente de una República no es una cuestión secundaria, ya que es un aspecto que, entre otros, define un tipo u otro de régimen republicano: ¿el presidente es elegido por el poder legislativo o es de elección directa ciudadana?, ¿es elegido por un colegio electoral?, ¿y los miembros de ese colegio electoral lo son por derecho propio, o son elegidos, a su vez, entre las instituciones principales del Estado o por los ciudadanos?
Francia se encuentra, como es sabido, en su V República, un régimen nacido en el otoño de 1958 ante la profunda crisis de la IV República, que terminó siendo muy inestable constitucionalmente en lo relativo a la relación entre los poderes, sin olvidar la tensión provocada por los problemas socioeconómicos de la posguerra, y la presión que supuso la crisis del Canal de Suez, la guerra en Indochina y, sobre todo, el proceso de independencia de Argelia, donde vivían aproximadamente un millón de franceses, un asunto que envenenó la política francesa durante bastantes años.
Sin lugar a dudas, la nueva República es la obra de Charles de Gaulle, con una Constitución que recogía, curiosamente, el preámbulo de la Constitución de la Cuarta, y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (posteriormente, en 2004 se incorporaría al texto constitucional la Carta del medio ambiente).
El nuevo texto constitucional otorgaba muchos más poderes al presidente de la República, con un mandato de siete años, que los que disfrutaba dicha magistratura en el régimen anterior, y frente al poder legislativo. Disponía de la facultad de disolución de las Cámaras y de la posibilidad de someter asuntos a referéndum.
¿Quién elegía al presidente? Ahora sabemos que es por elección directa por sufragio universal, a dos vueltas, pero no siempre fue así.
En principio, la Constitución de 1958 establecía que el presidente sería elegido por un Colegio de unos ochenta mil electores entre diputados, senadores, consejeros generales, alcaldes y delegados de los Consejos municipales. Así se hizo en diciembre de 1958, venciendo Charles de Gaulle frente al comunista George Marrane y al miembro de la UFD, Albert Châtelet. El sistema pretendía evitar los problemas que habían surgido con el sistema anterior, cuando se elegía al presidente en sesión conjunta de la Asamblea Nacional y Senado por mayoría absoluta, en la elección del último presidente de la IV República, René Coty, ya que se necesitaron hasta trece votaciones.
En 1962 tuvo lugar un referéndum que aminoró un poco este poder “casi monárquico” del presidente, aumentando los que tenía el parlamento. Al parecer, este cambio, promovido por el general, provenía de una reflexión a cuenta del atentado que sufrió de la O.A.S., y porque un régimen tan personalista tenía también sus peligros o dificultades. Otro cambio importante en relación con la presidencia de la República, pero ya muy posterior, fue el que tuvo lugar en el año 2000 al rebajar el mandato del presidente, a cinco años, eso sí, manteniendo la posibilidad de reelección. Mitterrand sería, a pesar de su oposición al cambio constitucional en 1958, quien más tiempo ha estado en la presidencia de la República (1981-1995).
En el referéndum del 62 también se modificó el sistema de elección, introduciéndose el que está ahora en vigor, es decir, el sufragio universal directo a dos vueltas. Si ningún candidato obtiene en la primera vuelta el 50% de los sufragios hay que ir a una segunda vuelta, a los quince días de celebrada la primera elección, pero solamente podrían competir en esa segunda vuelta los dos candidatos con mayor porcentaje de votos.
La primera elección con el nuevo sistema tuvo lugar en 1965, venciendo al final Charles de Gaulle frente a François Mitterrand. No siempre el ganador en la primera vuelta ha sido el vencedor final, como ocurrió en las elecciones de 1974 cuando Mitterrand venció en la primera vuelta de forma contundente, con casi más de once puntos sobre Valéry Giscard d’Estaing, pero este candidato consiguió concentrar el voto de centro y de la derecha de tal manera que se hizo con la victoria definitiva, aunque bien ajustada, ya que entre ambos la diferencia no llegó a un punto porcentual. Curiosamente, en las elecciones siguientes, las de 1981, el vencedor en la primera vuelta fue el presidente Giscard frente a Mitterrand, pero esta vez, al final, ganaría el socialista. Lionel Jospin, por su parte, ganó a Jacques Chirac en la primera vuelta, seguramente por la presencia de Balladur, que dividió el voto de la derecha, aunque luego se concentraría para llevar a Chirac al Elíseo, en 1995. En las segundas vueltas suelen ser muy importantes para los resultados finales las recomendaciones que hacen los candidatos descartados en las primeras vueltas.
Por otro lado, ha habido elecciones con circunstancias novedosas. Así pues, en las de 2002, en la primera vuelta, Jospin fue superado por Jean Marie Le Pen, la primera vez que la extrema derecha llegaba a la segunda vuelta. A pesar del disgusto que generaba Chirac en la izquierda y en amplios sectores sociales por la corrupción desarrollada cuando fue alcalde de París, consiguió, ante el miedo que generaba el otro candidato, una victoria arrolladora, de más del 80%, un resultado nunca alcanzado en elecciones presidenciales. Otras elecciones especiales fueron las de 2017 porque fueron las primeras en las que el presidente que terminaba su primer mandato -François Hollande- decidió no optar a la reelección.
Aunque se aminoró el poder del presidente en 1962, como hemos explicado, también es cierto, que, en realidad, la votación directa de los ciudadanos al presidente le dotó de una especie de legitimidad directa, sin intermediarios, lo que supone un evidente poder.
Por lo demás, el cambio en la forma de elegir la primera magistratura del Estado, y no por medio de un sistema de intermediarios, ya fuera desde las dos cámaras legislativas, ya desde un colegio de electores, podía derivar en que el gobierno fuera de un color distinto al del presidente, ya que aquel surgía de las mayorías parlamentarias derivadas de las elecciones legislativas, cuyos resultados podían no coincidir con el sentido del voto en las presidenciales. Eso se denominó cohabitación, y pudo comprobarse con Mitterrand, cuando tuvo que convivir con el primer ministro Chirac, o cuando éste, a su vez, lo tuvo que hacer con Jospin. Este hecho es casi específicamente francés, precisamente, por el sistema de elección de su presidente, aunque también puede darse en otras Repúblicas, como en Portugal, pero mientras el poder del presidente de la República portuguesa es bastante limitado (aunque tiene poder de disolución del parlamento y de convocatoria de elecciones) frente al que disfruta el primer ministro, en Francia el poder del presidente de la República es infinitamente mayor. Por eso comenzábamos el artículo aludiendo a que la forma de elegir a un presidente de República no es un asunto que no revierta su importancia, especialmente cuando existe un gobierno dependiente en su elección del legislativo, algo que no sucede, por ejemplo, en muchas Repúblicas americanas donde, a lo sumo, se pueden necesitar confirmaciones parlamentarias para la designación final de ministros o secretarios de estado, pero que son elegidos por el presidente de la República, como en los Estados Unidos.
Eduardo Montagut
Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
