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Algunas reflexiones sobre el auge de la extrema derecha en clave socialdemócrata


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre las razones por las que se intenta explicar el auge de las nuevas extremas derechas en Occidente, se aduce el agotamiento de las socialdemocracias, del modelo defendido por las mismas sobre el estado del bienestar, y sus supuestos excesos en favor de las igualdades. Existe una especie de opinión relativamente frecuentre entre propios y ajenos en buscar responsabilidades en el seno de estas fuerzas de lo que está ocurriendo y del auge electoral de los partidos nacionalpopulistas, enemigos de las diferencias, de la heterogeneidad de nuestras sociedades, de los inmigrantes, cuestionadores de la existencia de la violencia de género, manipuladores en relación con los derechos de los homosexuales, etc.

¿Pero de verdad, son las socialdemocracias, sus políticas, sus propios fracasos o sus evidentes errores tan determinantes para explicar lo que está pasando?, ¿no deberíamos encaminar nuestras pesquisas hacia otros responsables, maestros en la manipulación mediática para hacernos creer que los socialistas o la izquierda en general son los que están intentando destruir la civilización occidental o la supuesta civilización española en clave interna?

¿No puede servirnos la experiencia de los años treinta, salvando coyunturas y cuestiones específicas de aquel tiempo para entender un poco lo que está pasando, actualizando el estudio?

¿No estamos asistiendo a la venganza de los poderes económicos del mundo contra los intentos de acortar las brechas en la riqueza, en el género y hasta entre los habitantes del mundo rico del que no lo es y que han sido los principios de las políticas socialistas europeas?, ¿no estamos asistiendo al discurso de búsqueda de enemigos de la población europea como se está aplicando a los inmigrantes?, ¿somos conscientes de lo fácil que cala ese discurso entre amplias capas de la sociedad que consideran a ese inmigrante como un supuesto competidor aunque un análisis racional y un poco más complejo y detenido de la realidad desbaratarían, en cambio, con relativa facilitad ese argumento?, ¿y en el caso de las mujeres, no estamos asistiendo a un ataque en toda regla al feminismo al considerarlo un movimiento contra los hombres cuando, en realidad, es un movimiento en favor de la igualdad entre todos y todas y, en todo caso, contra la concepción patriarcal y rancia del pasado?

Las posiciones conservadoras y extra-conservadoras están librando una batalla cultural con éxito contra principios, valores y políticas que creíamos que se habían hecho sólidos. Y lo hacen con modernas tecnologías, sin tener que subirse a la mesa de una taberna bávara para fustigar contra el liberalismo, el socialismo, la verdadera tolerancia, etc. Tampoco necesitan asomarse al balcón romano del Palacio de Venecia para gritar y hacer aspavientos con los brazos en jarras. Ahora medio minuto en una app llega de forma más rápida y eficaz a todo el mundo para intentar demostrarnos que los inmigrantes, y más los musulmanes, nos quieren invadir y destruir, o que las mujeres son unas “femenino-nazis”.

Ser de izquierdas supone ser muy autocrítico con las propias posiciones o con las de los que son sus afines ideológicos y/o organizativos, pero la autocrítica tiene un límite, y no debe cegarnos ante la batalla cultural que vivimos y que busca revertir los esfuerzos logrados con tanto trabajo democrático, pedagógico y humanístico de las socialdemocracias europeas, esas que pusieron en pie el welfare state británico, el estado del bienestar nórdico y centroeuropeo, o que cambiaron España de forma evidente en los años ochenta, por poner algunos ejemplos.

En todo caso, no se trata de vivir rememorando el pasado, pero sí de saber de donde venimos, y quiénes han sido los que han construido la etapa más civilizada de nuestro querido y tan agitado hoy, continente en el que vivimos, frente a las barbaries de los antepasados de los que hoy nos hablan de no sabemos muy bien qué esencias en peligro.

 

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.

 

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