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Barbarie putinesca


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Foto de PavelDorogoy vía depositphotos. Foto de PavelDorogoy vía depositphotos.

Las imágenes de cadáveres maniatados, de civiles tiroteados junto a sus bicis, de fosas comunes improvisadas, nos hacen pensar en un escenario que calificaríamos como dantesco. Para lo que ha sucedido en Bucha quizá debiéramos acuñar un adjetivo más específico y bien podría valer el de putinesco. En este caso no se trata de una ficción literaria. También se han encontrado militares rusos abandonados por el ejercito de Putín en su retirada. ¿Serían desertores o sencillamente repatriar sus cuerpos resultaba incómodo y era preferible ocultarlo a una ya muy controlada opinión pública? En cualquier caso es una barbarie putinesca, como marca personalizada.

Proliferan las evocaciones. Entre nosotros hablamos de la bombardeada Gernika. Pero también podríamos recordar que Dresden fue arrasada con miles de bombas cuando los alemanes ya habían perdido la guerra y sin ser tampoco ningún objetivo militar. Hiroshima y Nagasaki fueron erradicadas del mapa con bombas nucleares, para evitar bajas en el ejercito norteamericano, pese al inmenso coste de vidas humanas que causó entre civiles japoneses.

Deberíamos acostumbrarnos a recordar todas las tragedias bélicas al margen de su signo. Por supuesto este campeonato lo ganan de antemano los dictadores totalitarios, pero no está de más revisar lo perpetrado por los gobiernos con mayor solera democrática. Tal como no sirve de mucho aplicar el gentilicio a estas barbaridades, tendiendo a identificar por ejemplo Alemania con el nazismo, España con Franco, Francia con la resistencia o Rusia con Putin.

Hoy más que nunca debemos asomarnos al patrimonio cultural ruso y admirar la resistencia de unos ciudadanos rusos que pagan con su vida cualquier discrepancia. Lo putinesco tiene un artesano absolutamente identificable del que parecen emanar la ordenes y esa responsabilidad no hay que diluirla entre todo el pueblo ruso. Evitemos esa tentación maniquea que filia nuestras convicciones en una bandera o un pasaporte mancillados por el mandamás de turno.

Resulta sorprendente que, de repente, podamos vaciar las embajadas rusas en Europa, haciendo ver que algunos miembros del cuerpo diplomático ruso perpetraban actividades nocivas. Otro tanto sucede con las fortunas amasadas al desplomarse la Unión Soviética. Descubrimos que pueden rastrearse y se duda de su licitud, aunque hasta hace bien poco España daba la residencia cuando compraban una casa valorada en más de quinientos mil euros.

Todo esto se sabía de antemano y, por otra parte, se nos demuestra que cabe fiscalizar los grandes capitales, al margen de las ingenierías financieras, cuando se ponen a ello quienes entienden y cuentan con el beneplácito de sus respectivos gobiernos. Ojalá esta nueva tragedia bélica sirviera para esclarecer una opacidad que tan lesiva resulta para el principio de igualdad ante la ley, dado que parece primar la inmunidad para los privilegiados.

La invasión relámpago ha demostrado que las tropas reclutadas con engaño no pueden batir fácilmente a quien defiende su terruño. Aquí también encontramos una lección importante. ¿Acaso la Unión Europea debe tender a invertir en onerosos pertrechos bélicos que sean competitivos con el de las grandes potencias mundiales como China, Estados Unidos o Rusia?

Las armas no parecen defender a los ciudadanos norteamericanos, acostumbrados a masacres que resultan inconcebibles en lugares donde no es usual que cualquiera pueda ir armado. Los gastos en defensa pueden resultar tan opresivos, nos dice Kant, en Hacia la paz perpetua. como para hacer más asumible una guerra corta en vez de sobrellevar los cada vez más elevados costes que acarrean los incesantes pertrechos presuntamente destinados a evitar posibles hostilidades. El lugar de resultar disuasorio acumular armamento parece pedir utilizarlo con cualquier excusa.

Profesor de Investigación en el IFS- CSIC (GI TcP) e Historiador de las ideas Morales y Políticas. INconRES (PID2020-117219GB-I00) / RESPONTRUST (SGL2104001) / ON-TRUST CM (2019HUM5699) y PRECARITYLAB (PID2019-105803GB-I0)

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