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Lo menos malo


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Estos resultados electorales hay que analizarlos despacio. Muy despacio. Son tan enrevesados que en muchas ocasiones parecen lo que no son, y son lo que no parecen.

El mapa, de entrada, se vuelve a teñir de rojo en términos generales. Sin embargo habrá que esperar para conocer cómo queda la foto finalmente, puesto que de los pactos dependerá la supervivencia de algunos, la llegada de otros y la desaparición de los de más allá. Mientras ese momento llega, podemos hacer algunas valoraciones: el Psoe remonta, el PP sigue cayendo, Ciudadanos asoma cabeza (pero sin arrasar en ningún sitio) y Podemos se estampa. Pero hacer esta lectura, sin más, no serviría para tratar de entender el cambio que está produciéndose en España. Es absurdo mantener la lectura de las listas más votadas que tanto nutrieron al bipartidismo. Hoy es una realidad que se acabó lo de “tigres o leones”. Ahora hay que negociar, sumar, acordar, mantener, cumplir, incumplir, romper.... en definitiva, hay que aprender a hacer política pues ya es difícil que vuelva a haber mayorías absolutas (cosa muy sana, por cierto).

Con estas elecciones España se estrena en un reparto del poder institucional que va pareciéndose a otros lugares de Europa. Y de alguna manera, vamos de cabeza hacia “grandes coaliciones” como ya apuntaba Felipe González hace unos años.

La irrupción de Ciudadanos y de Podemos ya metió el palo en el avispero. Había que repartir “el pastel” entre más comensales. Y el primero en sufrirlo fue el Psoe que ha vivido una dura etapa, al ver cómo Ciudadanos (el primer Ciudadanos) se las daba de socialdemócrata renovador, y Podemos venía para cumplir con la “Izquierda verdadera”. Total, que al Psoe le comían la merienda. Sin embargo, la deriva inmediata y la caída de careta de Albert Rivera, al tiempo que Iglesias se ha ido suavizando tras los bofetones de realidad que le han dado los suyos, reubica de nuevo a todas las formaciones.

El Partido Popular miraba encantado el panorama: gracias a la “técnica Rajoy” parecía que nada le haría caer. Y así fue como se fueron creyendo que estaban por encima del bien y del mal, y podrían hacer las cosas a su manera. Cuestión del conflicto catalán incluida.

Fue entonces cuando su estrategia del “a por ellos”, de su “más dura será la caída” les hizo perder por completo el control. Se pasaron de veinte pueblos y desde Europa tuvieron que intervenir para recalibrar. “Calienta, Pedro, que sales”. Y así es como aparece un Psoe superviviente, roto y destrozado por dentro, pero con una sonrisa estupenda. Sanchez sería el perfecto líder para comerse el marrón de Cataluña, para generar pactos con la derecha y con la izquierda. Para bailar con los más feos, vaya.

Le toca a Sanchez ahora conformar una España federal, poner en marcha la República; gestionar el conflicto con Cataluña (para lo que probablemente haya abrazo entre Psc, Erc y Comunes), arrinconar a la extrema derecha y ser el líder europeo que se muestre tan abierto y dialogante como para cenar inmediatamente hoy con Emmanuel Macron.

Tiene el reto de limar extremismos: acabar con la extrema izquierda y con la extrema derecha; y mientras reconstruyen una Europa raída en derechos a base de recortar el Estado de Bienestar, vendrán los bailes de la tercera vía. Ponerle “mala” cara al neoliberalismo pero no mucha, porque hay que pactar con ella.

Nos lo venderán de modernidad. Y al final, la gran mayoría estaremos contentos: no tendremos ninguno todo lo que queríamos, pero estaremos contentos porque quizás lo que venga pueda ser “lo menos malo”.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.

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