La gestión del MV Hondius: cuando la política se hace miserable
- Escrito por Javier García Fernández
- Publicado en Opinión
La gestión del desembarco de los pasajeros del MV Hondius es un doble orgullo para España. Por un lado, ha sido un éxito logístico para toda la Administración española, en sus ramos de sanidad, transportes, seguridad y orden público y Fuerzas Armadas. En segundo lugar, es un orgullo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya pedido a España que gestione el desembarco, dadas las infraestructuras sanitarias y de transporte con que cuenta nuestro país. España, representada por la Canarias, era el primer Estado comunitario con garantías sanitarias y logísticas suficientes para efectuar el desembarco, garantías que no podían ofrecer Cabo Verde, Guinea-Bissau, Senegal o Mauritania. Adicionalmente, un éxito humanitario por el significado solidario que ha expresado España, su Gobierno y sus ciudadanos ante todo el mundo. Las epidemias y las pandemias circulan por todo el planeta y ningún Estado, si cuenta con medios adecuados, debe rehuir la aplicación de medidas que pueden dificultar su transmisión.
Este éxito sanitario, político y diplomático se ha visto empañado por la reacción del presidente del Gobierno canario, Fernando Clavijo, por el Partido Popular y por la prensa de la derecha. Pocas ocasiones más adecuadas para que algunos políticos mostraran prudencia y se callaran. Pocas ocasiones en que aparece con más intensidad la dimensión miserable de algunos políticos.
El presidente Clavijo empezó a protestar desde el mismo momento en que supo que la OMS había solicitado de España el desembarco en el territorio comunitario más próximo a la ruta del buque, esto es, Canarias. Al principio se quejó, como todos los marrulleros, no de la cuestión de fondo, sino de que no había sido informado de manera suficiente. Era, vuelvo a decirlo, una queja marrullera que permitió al gobernante regionalista empezar a desplegar su oposición. Pronto amenazó Clavijo con acudir a los tribunales y, si lo hubiera hecho, no sabemos si algún juez con vocación de estrella o de protagonismo hubiera prohibido el atraque del buque en territorio canario. Todo hubiera podido pasar si el tema cae en manos de algún juez con afán de notoriedad o de lanzar un torpedo contra el Gobierno de Pedro Sánchez.
Superada la vía judicial, quizá porque alguien informó en Derecho a Clavijo, este llevó el combate a la opinión pública. Además de constantes salidas en la radio y en la televisión, Clavijo dio varias entrevistas a los diarios nacionales. En sus declaraciones a El País del 9 de mayo, el político canario fue conciliador y mesurado, pero en ABC y en El Mundo del 8 de mayo fue mucho más crítico con la decisión de autorizar que el buque fondeara en Granadilla. Posteriormente, en la noche del 10 de mayo, Clavijo quiso morir matando y prohibió el atraque. Este gesto, inútil, desproporcionado y de mero pataleo define al personaje. ¿Qué ha movido al presidente de Canarias a meterse en una cruzada perdida?
En primer lugar, estos comportamientos son consecuencia del Estado autonómico. Las comunidades autónomas han potenciado el localismo y no solo cultural. Han hecho creer a las oligarquías locales que son soberanas en su territorio, que no hay autoridades por encima y que solo ellas representan a la población. Estas oligarquías suelen ser más prudentes o más cobardes que la oligarquía independentista catalana y no se atreven a luchar por la ruptura, pero actúan de hecho como si no hubiera Estado por encima. Esta es la primera motivación de la inútil confrontación de Clavijo.
En segundo lugar, el presidente de Canarias ha tratado de mostrarse ante sus ciudadanos como una Juana de Arco que defiende a la comunidad autónoma frente a los daños sanitarios que la malvada decisión del Gobierno puede causar en las islas. Un cálculo demasiado visible y mezquino, que se aprovecha del hantavirus para arañar futuros votos. Y el tercer motivo que ha llevado a Clavijo a esa poco honrosa batalla evoca el comportamiento de Carlos Mazón y del Gobierno valenciano ante la DANA. Muchos creen que la parálisis de este Gobierno se debió a las presiones del sector turístico y hotelero que quería impedir que unas medidas extraordinarias de protección civil alejaran de la Comunidad Valenciana a los miles de visitantes que habían reservado alojamientos para el puente del primero de noviembre. Otro tanto se puede decir de Canarias: es posible que Clavijo haya recibido presiones del poderoso sector turístico y hotelero de las islas para que nadie identifique el archipiélago con un problema sanitario. Y Clavijo, como buen gobernante de derechas, habría obedecido las instrucciones que le habrían dado los empresarios. Todavía nos queda otro motivo: el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, fue el presidente de Canarias en la anterior legislatura y la referencia más importante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las islas. Hay que ser noble y discreto para respetar al antecesor, pero es muy fácil y tentador aprovechar que el rival ha de dar contenido jurídico y administrativo a la intervención sanitaria del Gobierno y desprestigiar al ministro, quizá su futuro rival.
Todas estas circunstancias han provocado un lamentable conflicto que desprestigia a España y a sus órganos políticos ante el mundo, ante la OMS y ante la Unión Europea, y rebaja y devalúa el éxito logístico y sanitario que ha supuesto la evacuación del buque. Además, transmite un mensaje antisolidario que no responde a la actitud general del pueblo español, pero que hace creer que España se desentiende de los problemas de la Unión Europea y que los canarios se desentienden de los problemas sanitarios del resto de los españoles.
El comportamiento del Partido Popular ha sido igualmente mezquino, pero con matices diferentes. Cuando se conoció la decisión del Gobierno de autorizar el desembarco en Granadilla, el partido de Alberto Núñez Feijóo reaccionó con tanta virulencia como Clavijo y decidió que todo lo actuado por el Gobierno estaba mal gestionado. El Partido Popular también se quejó de que el líder del partido no había sido consultado y, puestos a criticar, los populares pidieron que la gestión de la crisis no la llevara la ministra de Sanidad. Con el paso de los días, los populares han callado, no porque reconozcan que no había motivo para la crítica, sino para no perjudicar a su candidato en Andalucía, adonde recalaría el buque si no fondeara en Canarias. Y aunque hayan acabado callando, los primeros días de la reacción contra la gestión de la crisis no solo han sido injustificados, sino crueles y mezquinos ante una emergencia mundial. Por no faltar, no podía fallar la presidenta de Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien detuvo un instante su reconquista de Nueva España para criticar al Gobierno por la gestión de la crisis. ¿Por qué la crítica? Da igual, lo importante es confrontarse con el Gobierno. Sea por Núñez Feijóo o por Díaz Ayuso, en realidad, no cabía esperar otra cosa de un partido que solo actúa movido por el rencor y el odio.
Finalmente, han contribuido a la confusión y a la alarma los diarios nacionales de la derecha, que han dado voz al desaforado Clavijo, que han transmitido miedo y desinformación y que no han resistido la ocasión de criticar al Gobierno sin ningún fundamento real, solo para seguir haciendo oposición en momentos en que debe primar la solidaridad.
La enseñanza que se saca de esta crisis es poco alentadora. Los intereses populistas y localistas han predominado sobre la necesaria solidaridad nacional y europea, con un mensaje de “sálvese quien pueda” que rebaja la predisposición ciudadana a la cooperación con otras comunidades autónomas y con otros países. Mensajes y actitudes que solo fortalecen a Vox.
Javier García Fernández
Subsecretario de Cultura y Deporte, Director general de Reclutamiento y Enseñanza Militar en el Ministerio de Defensa, Subdelegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Secretario General Técnico de los Ministerios de Vivienda, Presidencia y Relaciones con las Cortes, Delegado de España en la primera reunión Intergubernamental de expertos sobre el anteproyecto de convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, organizada por la UNESCO, en los años 2002 y 2003.
Fue fundador y director del anuario Patrimonio Cultural y Derecho desde 1997. Hasta la fecha ha sido también vicepresidente de Hispania Nostra, Asociación para la defensa y promoción del Patrimonio Histórico.
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