El odio
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
“Solo questo sentimento di forte e ostinata avversione, dicevano altri, accende lo spirito rivoluzionario più autentico” Corrado Fumagalli (extraído de su ensayo “ODIO PUBBLICO”)
El odio es un sentimiento que, en la actualidad, parece monopolizado por los grupos más radicales. Ello, además de ser alentado sin mayores pudores por los centros de poder mediático, económico, religioso, militar y, hasta deportivo, según lo encontramos sin mayores esfuerzos en las portadas de la opinión publicada. Es decir, saben que es el combustible que produce movilización en aquellos colectivos que aspiran a controlar el poder, la riqueza o los derechos, que creen les han arrebatado.
El odio necesita de tontos útiles. De carne de cañón. El odio es una emoción intensa y persistente de aversión, hostilidad o repulsión profunda hacia alguien o algo. Es considerada una de las emociones humanas más poderosas y complejas. Cuando el odio lo invade todo resulta difícil el entendimiento, el acuerdo. La acción consensuada para resolver los conflictos se complica. Según se sienta la frustración por el despojo. Entonces los odiadores tendrán el terreno fértil para desarrollar sus energías. La cuestión es que la elección de los odiados sea certera. De lo contrario, el blanco de esa energía destructiva, no desembocará en resultados satisfactorios para los odiadores. Lo cual no dejará de ser una decepción mayúscula para sus esperanzas de reparación.
Tal vez porque es más que simple disgusto o enojo. Supone un activo deseo que el objeto del odio sufra daño o, en su extremo, desaparezca. Suele ser duradero. Se diferencia de la ira en que ésta es pasajera. El odio tiende a consumir gran energía mental y emocional en quienes lo experimentan. Puede surgir de diversas fuentes. Suele resultar de experiencias de daño o traición profunda. También, miedo intenso hacia lo desconocido o diferente. Inclusive cuando resulta de los manipuladores del adoctrinamiento político, religioso, cultural o social, puede llevar a las personas de las calles a las trincheras. Las dimensiones del odiar comprenden aspectos tanto individuales como colectivos. A nivel personal, puede dirigirse a un tipo de persona específica. A nivel social, suele manifestarse como odio hacia grupos raciales, políticos, religiosos, de clase, etc. Es, y ha sido, el motor de algunos de los episodios más oscuros de la historia de la Humanidad.
Desde el punto de vista psicológico, el odio puede cumplir funciones psicológicas. Por ejemplo, otorgar una sensación de identidad. De cohesión grupal, el "nosotros contra ellos". Incluso el sentido de justicia, cuando se siente como respuesta a una injusticia real o percibida. Sin embargo, es pertinente dejar claro que no es un simple enojo, o ira, que busca el castigo del otro. El odio busca su eliminación. Éticamente, muchas tradiciones lo consideran destructivo tanto para quien lo padece como para quien lo dirige. Pero esa sensación es la resaca del odiador.
En verdad, dado los tiempos brutales que nos tocan, merece la pena concluir que el odio es una emoción humana real y poderosa, pero generalmente corrosiva, tanto a nivel personal como social. Confiemos en lograr amortiguar la acción de los odiadores profesionales que vienen a por nosotros. Tal vez entonces debamos odiar para vencerlos.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.