Londres, Teherán y Simmel
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
Georg Simmel, nacido en Berlín en 1858 y fallecido en 1918 en Estrasburgo, estudió la cohesión grupal frente a la agresión externa. Consideró al conflicto como una fuerza socializadora. Su aportación central a este tema la encontramos en su obra "Sociologia" de 1908 y en el ensayo "Conflicto" (Der Streit). La tesis más provocadora que formula, es que el conflicto no es simplemente lo opuesto a la cohesión social sino una forma de socialización en sí misma. El conflicto construye, delimita y consolida a los grupos tanto como lo hace la cooperación. La tesis principal de Simmel es que el enemigo externo es un aglutinante interno.
Así observó que los grupos sometidos a presión o agresión exterior tienden a reforzar su unidad interna de manera significativa. Apreció que este mecanismo operaba a través de varios procesos. El principal es que, ante una amenaza externa, los grupos tendían a demandar una mayor concentración de autoridad. La necesidad de respuesta rápida y coordinada hacía que los miembros cedieran márgenes de autonomía individual al liderazgo colectivo. Simmel señalaba que las democracias y grupos horizontales se volvían más jerárquicos en tiempos de conflicto.
Además, observó una reducción de la disidencia interna. Las tensiones, disputas y divisiones preexistentes dentro del grupo tendían a suspenderse o suprimirse ante la amenaza común. El enemigo externo actuaba como un principio unificador que relativizaba las diferencias internas. Lo que antes dividía perdía urgencia frente a lo que amenazaba desde fuera. Por último, uno de los aspectos más relevantes de su formulación, fue que en grupos fuertemente amenazados la disidencia interna se volvía socialmente insoportable. El miembro que no compartía el sentimiento colectivo de amenaza, o que mantenía lazos con el enemigo, era percibido como una traición más grave que la del enemigo mismo. La cohesión forzada podía volverse autoritaria.
Veamos un ejemplo histórico. El 7 de septiembre de 1940 marcó el inicio de la Blitzkrieg aérea. La Luftwaffe alemana lanzó el primer gran ataque masivo diurno y nocturno: 348 bombarderos escoltados atacaron los muelles del East End de Londres. Fue el comienzo de 57 noches consecutivas de bombardeos. Los ataques se intensificaron noche tras noche. El 15 de septiembre de 1940, luego conmemorado como el Battle of Britain Day, la RAF rechazó masivos ataques aéreos, marcando un punto de inflexión. En octubre y noviembre, los bombardeos nocturnos continuaron, destruyendo barrios enteros.
Uno de los peores bombardeos incendiarios de la guerra. Miles de bombas de fósforo cayeron sobre la City, generando un incendio comparable al Gran Incendio de 1666. Curiosamente, la cúpula de la catedral de San Pablo emergió intacta entre el humo, convirtiéndose así en símbolo de resistencia. Los ataques continuaron con virulencia. El 10 de mayo de 1941 fue la noche más devastadora del Blitz, más de 500 bombarderos atacaron la ciudad, dejando más de 1.400 muertos, el Parlamento dañado y miles de edificios destruidos. Poco después, Hitler desvió la Luftwaffe hacia la invasión de la URSS, poniendo fin al Blitz. Tras el Día D, Alemania lanzó los primeros misiles de crucero de la historia. El 13 de junio de 1944 cayó el primer V-1 sobre Londres. Eran cohetes autopropulsados cuyo motor se apagaba al sobrevolar el objetivo, lo que los hacía aterradores por su sonido característico. Más de 2.400 impactaron en la ciudad.
La moral de los londinenses durante el Blitz fue un fenómeno complejo. Ni hubo el heroísmo unánime que la propaganda proyectó, ni tampoco se produjo el colapso que los alemanes esperaban provocar. Lo que hubo fue una mezcla de miedo, adaptación fatalista, auténtica solidaridad y resentimiento derivado de las inequidades prexistentes en la sociedad inglesa, todo ello sostenido por una maquinaria de propaganda estatal muy eficaz. El "Blitz spirit" existió, pero fue también, en parte, un relato construido y que el tiempo convirtió en uno de los mitos de la identidad británica moderna.
Con todos estos antecedentes históricos, al analizar la táctica de bombardeos sobre la población civil iraní por parte de los EEUU e Israel, no debemos menos que concluir su bárbara ineficacia.
Excepto que procuren llevar a cabo otro genocidio y la UE se lo permita.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.