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Europa en su propio laberinto (II)


(Tiempo de lectura: 7 - 13 minutos)

Mal geopolítico:

Es sabido que la diferencia entre geopolítica y geoestrategia es que la segunda actúa lo que la primera reflexiona. Una geoestrategia sin geopolítica es tan peligrosa como una táctica sin estrategia. En el “Arte de la guerra” Sun Tzu plantea o recoge la idea de que una sin la otra es el ruido antes de la derrota… (y ruido en Europa hay mucho). Clausewitz señala que las acciones tácticas deben estar siempre supeditadas a una finalidad política superior. Se dirá: ¿acaso Europa carece de una política superior? Por los hechos, parece que sí. Va a remolque de los intereses de EEUU. Ellos diseñan la estrategia y Europa cumplimenta la táctica (¿pagar, desgastar, morir?).

¿Designa Europa a sus enemigos? Parece que no: le basta con absorber los ajenos. Incluso se ha sumado a la enemistad contra China establecida en el plan estratégico de EEUU. ¿Aquella también amenaza con invadirnos? Sería conveniente desempolvar los acuerdos de la Cumbre de París sobre Seguridad y Cooperación en Europa (1990), firmada por 34 jefes de Estado europeos. Lo mismo con la resolución 2015/2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, bajo la luz de las confesiones de Merkel y Hollander sobre los acuerdos de Minsk.

¿Qué ocurrió para que, sin explicaciones, se diera un giro de 180 grados a lo acordado en la cumbre? Se reunificó Alemania; se disolvió la alianza militar antagónica; los países que la integraban pasaron al atlantismo más crudo; acabó la disputa ideológica; países que formaban una unidad territorial se diversificaron, algunos muy hostiles a su matriz; tampoco se podrá decir que sus fronteras se acercaron; fue, Europa la que renunció a un colchón de seguridad muy conveniente para ella (curiosamente, sus aliados se aíslan, por si acaso). ¿Qué más se busca? En un mundo nuclear arrinconar es arrinconarse; en esto Europa sí puede dar lecciones al tutor americano. ¿Le interesa a Europa alimentar una nueva guerra fría, con visos de caliente, la cual se desarrollaría, una vez más, en su territorio?

¿Sin principios?:

¿Debe ser la geopolítica una actividad oportunista, vacía de principios? Ya hemos visto que, según experimentados militares, no. ¿Asumirá Europa la máxima inglesa de no tener principios sino intereses? El imperio español fue más longevo que el británico, pese a quien pese, y es evidente que no seguía tal máxima. Creemos, por el contrario, que cualquier política que no sea autodestructiva ha de basarse en convicciones. ¿En exclusiva? No, contrapesadas con intereses esenciales e informada con datos fidedignos; utilizar la “mentira buena” de Leo Strauss es malo, todos saben mentir, lo que equivale a jugar a la gallina ciega con armas nucleares. Y peor aún es engañarse a uno mismo.

La cuestión es que unas minorías privilegiadas --¿irá el hijo de Trump a Irán?-- han provocado que Europa no esté ni en una de las mesas en las que se negocia el futuro, incluido el de Europa. No diremos que está en riesgo de supervivencia pero sí de irrelevancia. Alemania sufre una recesión del 0,2 por ciento. El Economista informa de que Bélgica finiquita la prestación por desempleo de forma indefinida. Si no recordamos mal es el país de Europa con mayor protección social. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Un organismo sin entusiasmo es débil, y el entusiasmo lo provocan las ideas. La gente riquísima padece de aburrimiento. Al margen del PIB y de los gráficos estadísticos está la maquinaria humana, que necesita combustible material e inmaterial. ¿Hay alguna razón que logre entusiasmar al europeo? ¿No se puede hacer un avión conjunto y, antes de comprobar si es factible un ejército común, ya se ha elegido enemigo? Se podría argüir que los europeos no se fían. ¿Será por sus propios engaños en Minsk 1, Minsk 2, y Estambul, con mentores tan fiables como Boris Johnson? En la diplomacia siempre ha habido tácticas, pero con un mínimo de profesionalidad y de reglas respetadas. ¿Funcionan los Convenios de Ginebra para la guerra y no va a haberlos para la diplomacia destinada a evitarla?

¿Realismo es inmoralidad?:

Ciertamente, la geopolítica ha de ser realista. Pero ello no implica que sea forzosamente inmoral. La justicia puede parecer una carga, pero un mundo sin reglas es más costoso que uno con ellas. Lo estamos comprobando. Ser realista es comprender que los demás pueden tener capacidades suficientes para malograr pretensiones imprudentes. Las reglas no impiden la victoria, y sí convierten una derrota en algo menos gravoso. La victoria no la otorga la cerrazón, sino el buen criterio.

¿Cuáles son esas reglas que han de presidir la geopolítica? ¿La independencia? Todo el mundo la da por sentada, pero después las acciones son otras. Europa nunca ha dependido del este. A lo más que se ha llegado es a un intercambio comercial que no significó desventaja. Por el contrario, la nueva independencia ha triplicado los costes de la energía, con el consiguiente encarecimiento de todo lo demás. Macron, Starmer y Merz están dispuestos a colaborar con Trump en Irán ¿Buscan, como poco, una hiperinflación que nos hunda a todos? ¿No era Trump el problema número dos? ¿Es ésta la independencia prometida?

¿Principios como adornos?:

El Tratado de la Unión Europea los recoge y protege en los artículos 2, 3, 5 y 7. Repiten los principios constitucionales de cualquier país integrante. Paz, libertad, derechos humanos, democracia, bienestar... ¿Se están cumpliendo? Quienes estamos descontentos con esta UE es precisamente porque no se respeta lo que se promete. Esto sin olvidar que el TUE es el lavado de cara de una constitución rechazada. Un lavado sin que lo respalde ningún mecanismo legitimador sustitutorio. Esos principios se han esclerotizado. Nunca un cuerpo pannacional envejeció tan rápidamente. Ya no son principios, sino rutinas. Hasta en el deporte lo rutinario pierde sus efectos. Esos principios necesitan algo más que los aliente.

Convicciones profundas:

¿Podría ser el cristianismo un eje cohesionador, como dice Marco Rubio, el gran olvidadizo del ama a tu prójimo? Desde Lutero se rompió la unidad. Ruptura que se agudiza cuando hay que acomplejar al otro (ahora resulta que Rosalía es un agente ultracatólico según periodistas británicos). Pero la realidad es que estamos apoyando a no cristianos contra algunos cristianos. Esto lo dice un no creyente. En Oriente Medio tenemos varios casos. ¿Encaja el cristianismo de Jesús con esta mentalidad tibia, insensible –Gaza, Siria, Irán, Qatar, con cuasi esclavos --? No. Leyendo sobre la muerte de Jamenei descubrimos que antepuso sus principios al interés de vivir. No se escondió. No había bomba nuclear porque su religión, según su interpretación, no lo permitía. Siempre la soberbia cegando a la razón. ¿Fortalecerán los principios de Europa lo woke, que dudamos mucho luche realmente contra las desigualdades?; ¿los derechos humanos cuando se olvida Palestina, Sahara, emigración; cuando se alienta la guerra en múltiples lugares sin causa justificada?; ¿con supuestos aliados que cada año conmemoran a los causantes del mayor genocidio de la historia?; ¿que no puede disimular sesgos xenófobos cuando en las excolonias se toca el asunto de las materias primas?; ¿que no tiene inconveniente en llamar selváticos a los que tantas facturas impagadas podrían reclamar?

Ojo a su propuesta (de Marco Rubio) de recolonizar el mundo o de restablecer una hegemonía occidental impulsada por Estados Unidos y Europa. ¿A esto se quieren apuntar Macron, Starmer, Merz, integrantes de la Europa veloz y ejemplar? ¿Al final ocurrirá como con Irak, que sólo benefició a EEUU y bastante menos a Inglaterra?

Antes se podía decir que se era --quien lo fuera-- atlantista. Pero todo esto hoy se ha descompuesto. Ni los demócratas ni los republicanos han demostrado ser amigos de los europeos. Kissinger no mentía: ser enemigo de EEUU es peligroso; ser amigo, letal. Con lo de Irán se ha acuñado una frase similar: rendirse es más destructivo que rebelarse.

A Europa se le ha roto la bicoca defensiva; más claro, ha quedada colgada por dócil. Habrá de pagar las tensiones que no dirige. La UE oyó a Borrell, pero ignoró a Talleyrand: se entregó a quienes creía sus amigos y se enfrentó a todos los enemigos de su supuesto amigo, que no para de acumularlos. Deberían observar la política exterior de la India. Creyó (Europa) que se podía prescindir de miles de millones de personas (consumidoras) que poseen las materias primas; que comienzan a estar a la cabeza de la tecnología y cuyo poder nuclear sí está actualizado. ¿La guerra como elemento heroico? Los europeos dispuestos a guerrear ni siquiera llegan a un tercio. Comprensible, se necesitan razones convincentes para sucumbir.

Durante tiempo se ha puesto verde a Trump. Se hizo en momentos en los que hablaba de acabar con lo de Ucrania en 24 horas. Curiosamente, las críticas se fueron debilitando según subía su belicosidad. La cuestión es que, con unos u otros, cada movimiento que Europa ejecuta la debilita en beneficio de EEUU. ¿Es esta la geopolítica europea?

Quizás por no ser un Estado verdadero carece del instinto de supervivencia necesario. De ahí que en momentos como los actuales no se debe debilitar a los Estados nacionales, que garantizan los intereses más genuinos. Debilitar o acabar con los Estados es una irresponsabilidad más. Europa no es un Estado. Ni lo es ni deja serlo. Ahora von der Leyen está agitando el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea (retirada del voto) contra… ¡Alemania! Cuidado con los extremistas. ¿Cómo se conceptúa esta frase de Merz?: “Israel está realizando el "trabajo sucio" de Occidente”?

¿A qué venía adherirse a la enemistad norteamericana contra China para luego ir a visitarla? ¿También quiere invadir Europa? Los europeos sí han estado en Asia. Por el contrario, cuando ella nos visitó nos regaló once mil volúmenes con 400 páginas cada uno de ellos, en formato de enciclopedia, donde se resumía todo su saber. Una imprudencia. Recomendable leer “1434: El año en que una flota china llegó a Italia e inició el Renacimiento”.

Europa por el camino de la paz tiene mucho que ganar; por el de la guerra puede perderlo todo. La tercera puede ser la definitiva.

Democracia:

Aquella economía vencedora y libérrima no necesitaba ningún tipo de democracia basal. Bastaba el mercado como regulador y abastecedor de las necesidades humanas (nunca con suficiente generosidad). Sus reglas bastaban. Con que los productos se intercambiaran libremente se alcanzaría la felicidad. La mano invisible corregiría los desajustes del sistema si no se entrometían ni el Estado ni los parlamentos ni las leyes ni las empresas públicas (esto valía incluso para privatizar los ejércitos, según propuesta de Bush hijo, las PMCs) ni los ciudadanos ni los partidos políticos –para eso quedaban las ong-- ni la industria nacional–mejor deslocalizarla—ni el patrón oro.

¿Sin nada de esto hay soberanía? Todo lo enunciado, ¿no es parte del entramado que la posibilita? ¿Y la soberanía ideal no ha de fundamentarse en la democracia? Por supuesto, una dictadura también puede tener soberanía. Sin embargo vamos descubriendo que puede haber democracia sin soberanía ni concurso popular ni justicia social. Basta con unas corporaciones que interpreten las necesidades ciudadanas (y las creen), que se muevan libremente por el mundo y lo organicen. Lo del libre comercio queda a interpretación del más fuerte. Y los aranceles y otras sanciones son posibles entre aliados. ¿Qué organización? Basta la de los bancos centrales, bancos comerciales, el mercado de deuda, el dinero (deuda y dinero, dos caras de la misma moneda).

¿Democracia cuando los Estados integrantes no pueden hacer valer sus intereses sin riesgo de represalias de la Comisión? Lo saben por experiencia propia Polonia, Hungría, Rumania, España, Malta. Grecia, Italia, Francia, Portugal, Suecia, Bélgica, Eslovaquia... ¿Alemania? Es la aplicación de la ley comunitaria se dirá. Mercosur, la visita entregada de Von der Leyen a Trump en Escocia, saltarse el 3 por ciento cuando se quiere, encogimiento de hombros ante lo de Gaza o Siria, ¿no es sancionable? Se dirá: hay un Parlamento Europeo. Sí, con un tripartido que asiente. Una fórmula que no contenta a nadie pero calla a todos..

Es evidente que la presidenta de la Comisión Europea se impone al resto (diríamos que a la propia Comisión). Ni sabemos cómo ni los gobiernos lo aclaran. Sobrevive sin elecciones populares. ¿Es que todo lo que propone es acertado, incontrovertible? ¿Cuál ha sido el resultado de esto? Pues que los gobiernos se dediquen a lo pequeño. Grandes discursos fuera, pequeñas acciones dentro. Si seguimos así los presupuestos participativos serán demasiado.

¿Qué hacer con toda la infraestructura política creada durante decenios? ¿Vaciarla y adecuarla a un sistema jerarquizado cuyo eje sea EEUU--Comisión Europea -- Países del primer círculo europeo -- países de la periferia europea (estos como mano de obra barata y consumidores)? ¿Qué resquicio queda para los problemas de los ciudadanos?

¿Antieuropeistas?:

En absoluto: prudentes. Hay unos derechos que son irrenunciables pero cuya involución es perceptible. La paz, no sólo como ausencia de guerra, sino como construcción positiva; no es un capricho de diletantes. El propio Dragui, artífice del programa de los 800 mil millones de euros famosos, no comparte el enfoque de la Comisión Europea sobre armamento.

Tal cantidad estaba destinada a promover la competitividad, la innovación, la tecnología, también el rearme, y cerrar así la brecha con EEUU y China. Por el contrario, la Comisión, saltándose el limitativo 3 por ciento del PIB, destina parte importante de esa cantidad a ayudar a quien no hace mucho era el loco Trump, y a su industria bélica que quiere parte de ese 5 por ciento (se ha hablado del 3,5). No se pueden alentar guerras como recurso económico. Lo que se paga en sangre es irrecuperable. Hacerlo e invocar derechos humanos es cínico.

Sin ejemplaridad no se puede mover a los pueblos, y sin estos son difíciles las victorias. Molesta este lenguaje pugnaz e inconsciente mientras se mantiene absoluto mutismo para los contenciosos de España con países que no son de la UE y con los que se negocia sin consultarnos, como Marruecos y Reino Unido. No olvidemos a Grecia, desasistida por la UE y hostigada por un país militarmente aliado, Turquía.

¿Cuál es el destino de la UE? Los mecanismos ni son claros ni convincentes, y pueden materializarse de muchas formas, buenas y malas. Hemos de inquirir en qué tipo de democracia, de derechos sociales, de libertad general, de libertad de negociación, de expresión se reserva a los países de Europa. Esta es una madeja que se va enmarañando sola (es un decir) sin ningún tipo de aclaración, al menos a los ciudadanos. A veces da la sensación de que esos dirigentes sí saben a dónde se va, pero que no se puede decir so peligro de una explosión ciudadana. Por la atonía de los gobiernos nacionales, ¿vamos hacia una Europa debilitada y fragmentada en regiones autónomas, inermes ante una Comisión Europea con todos los recursos del poder y además entreguista? Mientras tanto, qué tipo de insulto es ese de países centrales y periféricos. ¿Una unión para dividirnos? ¿Más? Hay que despertar, sí, pero de verdad, no en una escenificación vacía de contenido.


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