La plasticidad de nuestro mundo
- Escrito por Ana Noguera Montagud
- Publicado en Opinión
Que la actualidad política está agitadísima dentro de nuestras fronteras es evidente; a veces es una agitación real fruto de problemas sociales, otras es una agitación intencionada porque el ruido lo embrutece todo.
Pero todo empequeñece cuando elevamos la mirada y quedamos perplejos ante la configuración del nuevo mapamundi que, mediante la imposición del más bruto, se pretende modificar. Hace un año imaginábamos que la vuelta de Trump a la Casa Blanca no sería un acontecimiento feliz, pero no hubiéramos supuesto que sería tan disruptiva y distópica.
De un día para otro, Venezuela se queda sin su dictador, pero nada indica que se inicie un proceso democrático, puesto que lo que pretende Trump es el negocio, ante todo, el negocio. Y el poder, que eso le sustenta el negocio. Si no fuera poco, Trump no deja de utilizar las redes sociales para difundir sin ningún tipo de gracia ni humor sus ínfulas dictatoriales con imágenes como que él es hoy “el actual presidente de Venezuela”.
Sin embargo, las amenazas no han terminado con Venezuela, porque no hay razón para no hacer lo mismo con Cuba, cuna de ascendencia de Marco Rubio, con México o con Colombia.
Groenlandia se ha convertido en la isla más famosa del mundo. Estamos descubriendo sus paisajes, sus casas, sus habitantes y su fauna. Mientras otros habían descubierto antes su riqueza mineral, su paso estratégico, su valor geopolítico. Trump ha puesto sus ojos encima y quiere ponerle las zarpas. Una vez más, como si estuviéramos ante una política de cómic entre super héroes y malvados, se utilizan las imágenes de las redes para ejercer presión y mostrar la fuerza de la sinrazón, la brutalidad y la crueldad en las formas y en el fondo.
Allí no hay ninguna excusa de democratización, ni de dictadores, ni de liberación de ningún pueblo oprimido. Allí surge simplemente el “narcisismo patológico” del presidente de EE. UU.
Tampoco hay razones para pensar por qué, en caso de que pudiera agredir Groenlandia, no lo haría con vecinos como Canadá o territorios próximos como Islandia.
Oriente Medio, foco de tensiones permanentes, amaneció de repente el pasado día 8 con macro manifestaciones contra el régimen dictatorial y de terror del ayatolá Alí Jamenei. Ojalá se resuelva lo más rápidamente posible y con el menor coste de vidas. Triste es ver la débil alternativa que surge enfrente: el hijo del derrocado Sha Reza Pahlavi.
Y, como no podía ser menos, Trump todo lo resuelve diciendo que bombardeará Irán. Así, en apoyo de la ciudadanía, destruirá todo lo que haga falta y más. Seguramente ve la oportunidad de debilitar más a una población que ha sufrido largos años de dictadura, para así encargar a “alguna empresa estadounidense” su rehabilitación.
Y esto no acaba aquí, porque el mundo sigue hirviendo como una olla a presión. No olvidemos los conflictos del Cuerno de África, una de las regiones más conflictivas, en la que no ha tenido tiempo de fijarse Trump, seguramente porque todavía no conoce ni cuáles son ni cómo se llaman ni qué recursos tienen. Pero lo sabrá en el momento que alguno de sus asesores buitres tenga interés en ello.
Porque Trump jamás había tenido tanto poder y tantas ganas de usarlo, porque todo le importa un bledo, y siente que solo puede frenarle “su propia moral”, algo que no tiene, por lo que funciona sin frenos.
No olvidemos que Trump no juega solo. Cada vez más encontrarán su camino oportunistas o iluminados que, bajo su sombra, pueden hacer mucho dinero y mucho mal. Ahí está Palantir, la empresa de cibervigilancia, una empresa oscura y polémica, al servicio de Trump, que está aumentando sus ganancias exponencialmente, y que sus servicios de base de datos están introduciéndose en el área militar o policial.
Ya no hay doctrina Monroe, ahora es doctrina Donroe. Y, dentro de poco, ya no habrá ningún organismo internacional al que pertenezca EE. UU., porque no los necesita, porque no pretende someterse a ningún orden ni consenso ni diálogo. Porque él es el más fuerte. Dentro de poco, habrá que ver si la OTAN sigue existiendo o se reconvertirá en una alianza de países democráticos contra EE. UU.
¿Qué sentido tiene aportar un 5% del PIB nacional a una organización como la OTAN, cuando su socio principal está dispuesto a dinamitarla? ¿Qué miserable papel está realizando el secretario general de la OTAN, Mark Rutte con tantas reverencias?
No es el único que cogerá torticolis de tanto doblar el espinazo ante Trump. Figuras de relevancia social como María Corina Machado, empresarios como Josu Jon Imaz, o la propia presidenta de la Comisión Europea por citar algunos ilustres.
Lo sorprendente y esperanzador es que la población estadounidense no está tan sumisa ni callada ni atemorizada. Vemos las continuas manifestaciones en las calles de EEUU, cada vez más numerosas, ante las brutales agresiones de las fuerzas (¿paramilitares?) de la policía contra inmigración.
También la ciudadanía fuera de EE. UU. manifiesta sus voces críticas; difícil es encontrar a alguien que abiertamente defienda a Trump y le muestre simpatía (salvo Abascal y Ayuso). Cuando algún amigo te invita a ir a EE. UU., la respuesta más común es “iré cuando se vaya Trump”. Efectivamente, no es que descienda solo la inmigración en EE. UU., es que desciende el turismo, el interés, y las ganas de acercarse por aquel magnífico país que hoy está bajo las garras de un fanático egoísta.
Y, si la población civil es capaz de mostrarse en pie, de protestar, de salir a la calle, ¿por qué no lo hacen los representantes democráticos que tienen la obligación de defender nuestro sistema de libertades y derechos? ¿En serio es necesario ver las vergonzosas muestras de servilismo? Ya sabemos lo que es la amenaza, la agresión, la mala educación, la fuerza, la presión, y, por supuesto, las armas, que es lo que hace que Trump pueda imponerse: las armas, que es capaz de matar a cualquiera en cualquier momento, como en el peor de los westerns.
Sin embargo, si la política democrática de cualquier signo no es capaz de mostrar una posición unida y firme, Trump no tendrá límites. Si la democracia europea no se impone de forma unida y con voz autorizada, EE. UU. vivirá también su dolorosa guerra civil cuando lleguen las elecciones del 5 de noviembre. Porque, salga el resultado que salga, Trump seguirá.
Ana Noguera Montagud
Doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia.
Tutora de Sociología en la UNED (Valencia)
Miembro del consejo de redacción de la revista Temas para el Debate, y crítica de libros de la revista Sistema.
Articulista en la revista digital Sistema Digital.
Miembro de las asociaciones literarias Concilyarte y Clave.
Ha codirigido cursos de la UIMP (Valencia)
Miembro de varias ONG Greenpeace, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, Amnistía Internacional y Fundación Hugo Zárate.
Coordinadora de actos culturales: mesas redondas, presentaciones de libros, encuentros literarios y exposiciones.
Varias publicaciones: artículos de prensa, críticas de libros, artículos de reflexión filosófica, antologías poéticas, novela y ensayo.