Escaso sentido de lo colectivo
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
En todas partes se produce un fenómeno que parece imparable. La derecha más extrema y desacomplejada se impone políticamente, y lo hace contando con el apoyo de los sectores sociales más excluidos que, antes, se sentían representados por los partidos progresistas y de izquierdas. La América de Trump, la Italia de Meloni, la Hungría de Orbán o la Argentina de Milei son buenos ejemplos y no los últimos: quienes malvivían gracias a ayudas sociales de contención, acaban votando a quien afirma que lo primero que hará es eliminarlas. Una muestra de que amplios sectores sociales, los más necesitados, se han desvinculado de los sindicatos y partidos que los representaban. Unos utilizan mucho las estrategias populistas, pero los otros algunas cosas no deben haber hecho del todo bien. Las dinámicas políticas y sociales de las últimas décadas evidencian cómo en Occidente los sectores populares cada vez se sienten menos representados por las opciones progresistas, ya que buena parte de estas han abandonado la pretensión de conseguir una mayor nivelación económica entre los grupos sociales, optando por la defensa de preocupaciones particulares a partir del establecimiento de identidades fracturadas y definidas en torno a cuestiones culturales. Resulta significativo que la izquierda no tenga, en general, planteamientos en relación con el combate contra la desigualdad y sobre el futuro del trabajo. Si hay un tema crucial hoy y hacia el futuro, es la pérdida de puestos de trabajo, la imposibilidad de empleo para todos y que gran parte de lo que quede tenga unos mínimos de dignidad. El significado del trabajo tiene mucha más incidencia que el salario y el reparto de rentas. Condenamos a gran parte de la población no solo a vivir subvencionada, sino a carecer de una cultura, dignidad y orgullo ligados al trabajo.
La izquierda, en el momento en que debería desarrollar una estrategia política renovada, dedica sus energías a dramas simbólicos sobre la identidad. Se olvida de la política institucional, la que puede transformar, para dedicarse a crear movimientos fragmentarios. Debería priorizar la ciudadanía sobre la identidad personal o de grupo. Uno de los errores fundamentales es presentar la política como un enfrentamiento de suma cero, el del Pueblo contra el Poder. Al plantear, además, los asuntos como temas de derecho inviolable, no se deja espacio para la negociación, algo clave en la política. Legalismo progresista frente a la asunción de las preocupaciones populares por parte de conservadores y reaccionarios. El malestar de los desposeídos se canaliza contra el progresismo, en lugar de contra corporaciones o bancos. El problema no radica en la defensa y el reconocimiento de las identidades, sino en la prelación de los objetivos. Desaparece, pese a los intentos de la interseccionalidad, un relato común que aglutine los diferentes ámbitos de defensa de las libertades, con un proyecto colectivo y compartido, político, de emancipación material y social. El problema de la izquierda identitaria es que no propone una nueva cultura política, sino que incorpora el egoísmo del individualismo liberal. Lo woke es perfectamente compatible con los ideales liberales y neoliberales en tanto que no se cuestiona la desigualdad social ni los mecanismos de apropiación de rentas. Acabar con una noción de ciudadanía común, de aspiraciones colectivas, rompe y debilita la capacidad política transformadora.
Fragmentar identidades hasta la ridiculez está acabando con la cultura de izquierdas y fortalece el liberalismo a través del arma de choque que es el posfascismo. La izquierda ha obviado algo fundamental que, históricamente, la hizo fuerte: ser de izquierdas era una identidad. Una identidad fuerte con un proyecto común para superar la desigualdad estructural, la exclusión y posibilitar una vida digna. A la derecha ya le convienen estos roles establecidos, ya que no se cuestiona el predominio de los privilegiados. Cuando se reitera el tema de la diversidad, se está validando la desigualdad que crea la economía de mercado. Se renuncia a establecer el principio de igualdad. Se compartimenta la vida pública en colectivos encapsulados en su identidad cultural. No hay compromiso universalista, ni siquiera noción de ciudadanía. El lenguaje es muy elocuente. Las políticas progresistas ya no apelan a lo colectivo ni al papel de la intervención o del gasto público. Se centran en el concepto de “derechos”. Así, la población básicamente sería depositaria de derechos, lo que tiene un cierto sesgo hacia la prelación de lo individual. La izquierda se presenta como quien garantiza, expande e incluso crea nuevos derechos. Ha desaparecido cualquier noción de solidaridad, de bienestar compartido, de reciprocidad, de limitaciones a las capacidades de satisfacer deseos o de la necesidad de aceptar determinados sacrificios en favor de la sostenibilidad medioambiental.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR