¿El pesimismo histórico español?
- Escrito por José Félix Tezanos
- Publicado en Opinión
La historia reciente de España ha estado jalonada de acontecimientos que han llevado a lecturas negativas sobre nuestro propio devenir como nación.
Los desastres del 98, con la pérdida de las últimas “posesiones” coloniales en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, pusieron punto final a una etapa en la que España había venido teniendo un papel destacado en el mundo. Lo que implicó no solo efectos morales y un deterioro en la conciencia como nación (“derrotada”), sino también consecuencias económicas importantes.
Las respuestas que se dieron a esta “crisis” no solo no ayudaron a remontar los nuevos problemas y dilemas planteados, sino que propiciaron estados de ánimo y respuestas intelectuales que llevaron a que los estados de malestar y preocupación se convirtieran en una manera de estar, de vivir y de pensar la nueva realidad existencial de España y de los españoles. A esto fue a lo que se dedicaron las mentes más lúcidas de la tan admirada y elogiada Generación del 98. Generación que se dedicó a hacer del pesimismo histórico de los españoles una seña de identidad en nuestra forma de ser y de pensar.
Inestabilidades económicas y políticas
Las inestabilidades políticas y socioeconómicas de los años posteriores a 1898, junto al aislamiento –“secular”, según puntualizaban algunos– de España, se acentuó después del Golpe de Estado de 1936 y el ulterior aislamiento del régimen franquista, cuyo alineamiento con las potencias perdedoras de la Segunda Guerra Mundial, acabaron culminando el “desastre histórico”, llevando a que España pronto se convirtiera en uno de los países más pobres y atrasados de nuestro entorno. Hasta el punto que muchos de los indicadores económicos que se habían alcanzado durante el período de la Segunda República no se volvieron a recuperar hasta el arranque de la década de los años sesenta del siglo pasado.
Y si las condiciones económicas fueron desastrosas en aquellos años, las condiciones culturales y políticas no dejaban nada que envidiar. Durante el franquismo, los españoles que podían tenían que desplazarse a las lindes de la frontera con Francia para ver las películas que la censura no permitía proyectar en España, o para comprar los libros que no se permitía que fueran vendidos libremente en nuestras librerías. Algo que no se logró superar hasta los últimos estertores del franquismo. Régimen que aún hoy en día intentan endulzar y absolver algunos protolíderes del PP, proclamando que en su última etapa el franquismo fue un régimen “mejor que el de la Segunda República”. Cuando personas que se califican como portavoces de la corriente “liberal” del PP, como la Sra. Aguirre, hacen tales valoraciones, no podemos dejar de reconocer que determinadas expresiones del más rancio casticismo español no tienen nada que envidiar a las trasmutaciones que Orwell imaginó en su novela “1984”.
De este poso histórico heredado es del que se derivan las persistencias en la opinión pública española de importantes inclinaciones hacia el pesimismo sistémico como elemento constitutivo de la forma de ser de los españoles. Incluso en nuestros días.
Datos contradictorios
En las series de datos del CIS tenemos ejemplos de cómo se continúan reflejando en la opinión pública dichos componentes de fatalismo negativo y pesimismo sistémico. Por ejemplo, la percepción de la situación económica de España y su evolución en el tiempo, en momentos en los que las circunstancias económicas evolucionan de manera bastante positiva, es considerada mala o muy mala por la mayoría de españoles (vid. gráfico 1)

A lo largo del actual ciclo político, la dualidad de percepciones ha llegado a tal extremo que mientras que en torno al 50/60% de los españoles (dos tercios de la población) reconocían que su situación económica personal era buena o muy buena, en paralelo casi la misma proporción (en torno a un 60/65%) decía que la situación económica de España, como tal, era mala o muy mala. Algo que resulta ontológicamente imposible, ya que ese 65/66% de los españoles a los que les va bien o muy bien económicamente son una amplia mayoría de lo que es España sociológicamente. ¿Cómo se explica tamaña contradicción? Precisamente por los residuos del pesimismo sistémico que han venido alimentando las derechas españolas siempre que ellos no gobiernan. Pesimismo que es alentado un día sí y otro también por sus poderosos sistemas mediáticos que se dedican a difundir negatividades, rumores pesimistas y todo tipo de “seudoinformaciones” y bulos críticos y peyorativos sobre la realidad española. Algo que en otros países solo hacen los medios de comunicación social más amarillistas.
Hechos tozudos
Aún así, como quiera que determinados hechos son tozudos, la evolución de los datos muestra que la proporción de los que creen que la situación económica de España es buena o muy buena han tendido a aumentar durante los últimos años, habiendo pasado de ser los que así opinan un 1,6% en 2011 (cuando Mariano Rajoy empezó a gobernar) a un 38,1% durante los primeros meses de 2025 (vid. gráfico 2).
El grado al que se ha llegado en España en la penetración de determinadas formas de proceder y de valorar sesgadamente la realidad puede ser ilustrada con un sinfín de ejemplos concretos, de los que me gustaría recordar aquí solo dos hechos paradigmáticos.
Silencios sospechosos
Cuando medios de comunicación internacionales muy prestigiosos, como The Financial Times o The Economist, publican de manera destacada informaciones sobre la buena marcha económica de España, presentando como “la nueva estrella económica”, o como la nación con más expectativas de crecimiento de los países de la OCDE (!), lo esperable en cualquier país o medio de comunicación mínimamente sensato y respetuoso de la realidad es que tales noticias sean las más destacadas en los informativos en primer lugar. Y durante varios días. Sin embargo, en España esas noticias y valoraciones han aparecido en quinto o sexto lugar en los espacios y soportes informativos, por detrás incluso de hechos triviales y de noticias sobre supuestos escándalos políticos.

Un segundo ejemplo ilustrativo se refiere al prestigioso índice sobre “calidad democrática” que elabora y publica regularmente The Economist. Índice en el que España está situada en el reducido y prestigioso grupo de las 25 democracias “plenas” que existen en el mundo en estos momentos. Y de hecho escalando posiciones durante los últimos años (2 en 2025). Noticia –nada pesimista ni negativa– que prácticamente es ignorada o postergada por el sistema de comunicación social existente en España.
La estructura de comunicación social española está totalmente escorada hacia la derecha y el amarillismo. Lo que refleja la conformación y naturaleza de la estructura de poder económico –no solo– que tenemos en estos momentos. Conformación que se ve afectada por la carencia de una tradición fuerte y prestigiada de medios de comunicación social independientes y progresistas, como la que aún persiste en algunos países. Tradición que en España se vio truncada por el corte violento que supuso la guerra civil de 1936-39 y la ulterior dictadura franquista. Lo que dio lugar al cierre e incautación de las instalaciones y recursos de todos los medios de comunicación que no eran de estricta obediencia franquista.
La ausencia de tal tipo de medios de comunicación progresistas se nota en la dinámica de la vida política española, al igual que la carencia de una verdadera tradición liberal progresista. Tradición que también fue cercenada de raíz en su día, y de la que hoy en día pretenden reclamarse herederos figuras políticas que realmente se encuentran en las antípodas de lo que supuso, y supone en otros países, un liberalismo avanzado y cosmopolita.
Una conformación tan peculiar y tan sesgada de los poderes subyacentes explica la manera en la que se desarrolla actualmente la vida política en España, sobre todo durante los años en los que no gobiernan las derechas. Años en los que los pesimismos sistémicos inducidos, las negatividades, las injurias y ofensas personales y las desmesuras críticas acaban ocupando casi todos los espacios políticos y sociales, convirtiendo la vida política en algo irrespirable. ¿Y todo esto para qué? Para intentar desalojar del gobierno, sin más demoras, a los responsables políticos de izquierdas, a los que determinados “falsos liberales” no pueden “tragar”, ni están dispuestos a que pongan en riesgo sus privilegios heredados, ni sus propósitos de continuar explotando a una parte importante de la sociedad española.
José Félix Tezanos
José Félix Tezanos Tortajada es un político, sociólogo, escritor y profesor español, presidente del Centro de Investigaciones Sociológicas.
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