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La salud mental entre las nuevas generaciones


(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)

Según la Organización Mundial de la Salud[1] uno de cada siete jóvenes entre 10 y 19 años, en el mundo, sufre algún trastorno mental (14%), aunque no sean ni reconocidos, ni reciban tratamiento. Representan el 15% de la morbimortalidad entre los adolescentes.

Variados son los factores de riesgo, entre estos: un mal ambiente familiar, una crianza muy dura (incluido el maltrato), relaciones con los grupos de pares tóxicas, ser objeto de violencia (psíquica, física, sexual…), experimentar situaciones estresantes (acosos diversos), haber nacido en un entorno con malas condiciones de vida y/o con graves problemas socioeconómicos, residir en zonas del mundo donde hay inestabilidad y la supervivencia depende de la ayuda humanitaria, padecer enfermedades crónicas o discapacidades…

La ansiedad, la depresión y los trastornos del comportamiento son las principales causas de enfermedad y discapacidad entre este grupo etario. Se calcula que el 4,4% de los adolescentes entre 10 y 14 años y el 5,5% entre los 15 y 19 años sufre ansiedad. La depresión afecta al 1,4% de los adolescentes (10 a 14 años) y al 3,2% (15 a 19 años). La derivación más dramática es el suicidio, resultando la tercera causa de muerte en las personas entre los de 15 y 29 años en todo el mundo.

En cuanto a los trastornos del comportamiento son más habituales entre los más jóvenes. Destacan el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, que afecta al 3,1% de los adolescentes entre los 10 y los 14 años y al 2,4% (15 y 19 años), y el trastorno de comportamiento disocial (3,6% de los adolescentes de 10 a 14 años y 2,4% entre los 15 y 19 años). Repercute negativamente sobre el rendimiento escolar y aumenta la contingencia de cometer actos delictivos.

Especial significación han adquirido en la última década y media los trastornos alimenticios, particularmente desde la pandemia (pues muchos pequeños se volcaron intensivamente en el uso de redes sociales, con las imágenes sobre los cánones de belleza que proyectan). En España, la evolución anual del número de casos registrados de anorexia y bulimia nerviosa no deja lugar a dudas: hemos pasado de 14.659 en 2011, a 60.189 en 2016 y a 83.734 en 2022.

Según la Guía de Práctica Clínica sobre los TCA del Ministerio de Sanidad[2], antes de la pandemia un 5% de niñas y mujeres sufrían alguna de estas problemáticas. La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia valora su incidencia entre las mujeres entre los 12 y 21 años entre un 4,1%-6,4% y entre los hombres en un 0,3%. En su conjunto, la edad media ha descendido notablemente, se sitúa en los 12 años (17 años en 2008) y se están incorporando cada vez más niños varones.

Hay diversos condicionantes que pueden ocasionarlos: psicológicos, genéticos, familiares, sociales… Si bien una de las causas con mayor apremio es el uso intensivo que hacen de las redes sociales, que en una fase de construcción de su identidad puede tener un impacto negativo en la autopercepción de su imagen corporal.

La “sociedad de la apariencia” en la que estamos instalados y la importancia de las redes sociales han homogenizado un ideal de belleza de cuerpos “perfectos”, generados a través de imágenes modificadas, que son el modelo para seguir para los más jóvenes. La utilización irresponsable, sin los controles parentales adecuados, de las redes sociales les hace más vulnerables por exponer sus vidas en un escaparate global y ser ofendidos por su apariencia física. Además, se dan numerosos casos de vídeos en el mundo Internet en donde se incita a la pérdida de peso, promoviéndose el consumo de alimentos para la salud y la delgadez.

Hace varias semanas los medios de comunicación se hicieron eco de los datos ofrecidos en el 21º Congreso de Actualización en Pediatría de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Los especialistas alertaron sobre un notable aumento de las urgencias psiquiátricas entre los menores. Los problemas más comunes son el abuso de abuso de sustancias, la ansiedad, los trastornos de comportamiento/ alimentarios y las conductas suicidas.

En los últimos cinco años, a raíz de la pandemia de la Covid-19 se han disparado las urgencias, en este campo, entre los niños y los adolescentes en un 47%: específicamente un 122% los diagnósticos por intoxicación no accidental por fármacos y un 56% los intentos de suicidio, los suicidios y los pensamientos asociados a su ejecución.

Detrás de estos dramáticos episodios se encuentra la depresión, además de factores familiares, personales, sociales (acoso escolar y en las redes…) y limitaciones de acceso a los servicios de salud mental.

Para avanzar en este campo AEPap han elaborado un manifiesto dirigido a las autoridades sanitarias, educativas y sociales en el que plantean propuestas para enfrentar y frenar la que consideran una crisis sin precedentes.

En la línea planteada por la OMS, estimamos habría que desarrollar programas de prevención en salud mental en la infancia desde la atención primaria, capacitar en mayor medida a los profesionales sanitarios en esta área desde una perspectiva multidisciplinar, en estrecha relación con las familias y allegados de los afectados, incluir en las intervenciones espacios de intervención (desde las redes sociales digitales, a los centros sociales y de atención, las escuelas y el ámbito comunitario). Con el objetivo de que gestionen adecuadamente sus emociones en espacios sociales saludables, ensenándoles alternativas a posibles conductas de riesgo (consumo nocivo de alcohol y drogas…) y potenciando su resiliencia ante las adversidades.

Debe evitarse la institucionalización y medicalización en exceso, respetando los derechos de los niños tal como están recogidos en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño del año 1946[3] y, más recientemente, en la guía de intervención del Programa 2.0 de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental de la OMS[4], en donde se incluye un módulo sobre trastornos mentales y del comportamiento en los niños y los adolescentes.

Tendríamos que reflexionar y actuar sobre el tema que nos ha ocupado en esta ocasión, pues si como plantea UNICEF la infancia es el período de mayor y más rápido desarrollo en la vida de una persona, durante la cual se construyen las bases de su futuro, de su salud, bienestar y educación, todas las iniciativas son pocas para que se construyan con solvencia.

Muy mal lo estamos haciendo como sociedad si los mimbres de los primeros años de nuestros “bajitos” los entretejemos sin el debido cuidado y atención.

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 [1] Véase, https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health

[2] Véase, https://www.aeesme.org/wp-content/uploads/docs/GPC_440_TCA_Cataluya.pdf

[3] Véase, https://www.un.org/es/events/childrenday/pdf/derechos.pdf

[4] Véase, https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/52328/9789275322550_spa.pdf?sequence=5&isAllowed=y

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.


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