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La guerra se ganó en Hollywood


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Responder a la pregunta sobre qué es lo que lleva a un hombre a matar a otro, o qué mueve a un grupo de personas a organizarse para acabar físicamente con otro grupo de personas, más allá de los generalmente poco consistentes motivos argumentados, tanto físicos como metafísicos, aún no se ha respondido satisfactoriamente.

Lo que sí siempre ha quedado claro tarde o temprano, es quienes se han beneficiado de esos conflictos y quienes han sido los perjudicados. Convengamos entonces en que las guerras son justificadas y avaladas por los grandes medios de comunicación, entre los que debemos contar con el cine y las llamadas Redes Sociales, que a su vez son el instrumento previo de construcción del mensaje, la opinión publicada. Ésta, que luego afectará a la percepción de la opinión pública, no confundir, de los países afectados directa o indirectamente en la confrontación. Mencionemos que estos canales mediáticos son propiedad de los grupos económicos, industriales y financieros que, luego, resultarán beneficiarios del gasto militar y de reconstrucción por los daños ocasionados por esos conflictos. Sin hablar del control de los recursos.

Intentar explicar un trágico fenómeno sociopolítico como lo es el de una guerra en cualquiera de sus categorías, a través del relato de las víctimas, resulta más frecuente que a la inversa, es decir, a través de sus victimarios. Desde aquí, desde quienes producen más daño, es más efectivo el encontrar sentido, si lo tuviera, a las conductas respectivas. Ello, porque suelen ser los que controlan el mensaje posterior general, los que terminan alterando la realidad a la medida de sus intereses. La industria armamentística, por ejemplo. La derrota es huérfana mientras la victoria tiene mil padres.

Para movilizar voluntades hay que lograr el éxito de la Acción Psicológica previa. La creación del enemigo necesario hacia el que dirigir las armas y quienes las operan. Pero, siempre, es esencial la formulación de las mentiras que la sustenten y permitan diseñar a ese colectivo a destruir. Sin mencionar todos los filtros que la censura permita aplicar.

Baste un ejemplo. La atención de los aliados occidentales estuvo centrada en la lucha en Normandía, luego del desembarco aliado el 6 de junio de 1944. A los enfrentamientos que ocurrían simultáneamente en el Frente Oriental, en cambio, se les dio poca atención. Para situarnos, mientras el Ejército alemán estaba desplegando 59 divisiones en Occidente, 28 de ellas en Italia, en el Frente Oriental había 165 divisiones alemanas. De este hecho se habla poco. Ciertamente la industria de Hollywood no le prestó la atención que dedicó a Normandía.

A la finalización de la Segunda Guerra Mundial los nazis que cruzaron el Atlántico fueron funcionales a los planes de los Estados Unidos para su expansión posterior, sostenida con conocimientos bélicos, industriales y financieros del Tercer Reich. Añadamos el fantasma de una nueva gran contienda que amenazaba a la humanidad, la llamada Guerra Fría, que les permitió a esos nazis y fascistas, redenciones internacionales como las del régimen de Franco entre otros. Una nueva realidad en el reparto del poder mundial se estaba presentando.

Actualmente, como consecuencia de la decadencia anglosajona, regresamos a volver a ver “Bienvenido Mister Marshall”. El futuro no es auspicioso.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.

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