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Emigrantes e inmigrantes en España


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España se convirtió a finales del siglo XX en un país receptor de emigrantes, cuando hasta ese momento y durante ese siglo miles de españoles se vieron obligados a encontrar su forma de vida fuera de nuestras fronteras. Una primera oleada tuvo lugar tras el final de la Guerra Civil hacia países americanos como Argentina y Venezuela. Una segunda se produjo entre los años 1960 y 1973, fruto de los Planes de Desarrollo, acometidos desde el año 1959, y que dieron lugar a una notable progresión de nuestra economía (PIB) hasta 1974. Impulsándose particularmente la siderurgia.

Según el INE, en la década de los sesenta, alrededor de 3.100.000 compatriotas se desplazaron desde sus pueblos hacia las cuidades más desarrolladas para trabajar en la industria y/o en el sector servicios: Madrid, Barcelona y el País Vasco[1]. Produjo desequilibrios regionales y dio lugar a un sector primario con menor relevancia en el PIB y tasas de ocupación de empleo más limitadas.

Por otro lado, alrededor de dos millones y medio decidieron emprender la aventura de la emigración allende nuestras fronteras hacia los países avanzados de Europa occidental, que se enfrentaban a una carencia de mano de obra de baja cualificación, particularmente, en la minería, la siderurgia, la industria automovilística y la reconstrucción de las ciudades, tras la Segunda Guerra Mundial.

Alemania a partir del año 1955 firmó acuerdos de contratación colaterales con diversos países europeos, creándose la figura del “Gastarbaiter” (trabajador invitado con todos los derechos, aunque también hubo una emigración irregular). La firmante de este artículo nació en aquellas fechas en la hermosa ciudad Bábara de Ingolstadt, en donde todavía hoy se sigue fabricando el coche Audi, pues mis padres, aunque con formación universitaria, vieron una coyuntura favorable para iniciar su unión en común. La emigración fue una ayuda para mitigar el problema del paro, financiándose con las remesas de los emigrantes los Planes de Desarrollo.

La transición política, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, trajo la apertura de nuestro país a Europa y una evolución positiva de la economía española, convirtiéndonos, décadas después, en un país atractivo para personas procedentes de otras regiones del mundo. En el último cuarto de siglo necesitamos mano de obra en sectores clave como la construcción, la agricultura, la hostelería y los servicios. Esto atrajo a inmigrantes de América Latina, África (específicamente del Magreb), Europa del Este, y recientemente de los países subsaharianos. Por otro lado, consignar que enfrentamos una baja tasa de natalidad y un envejecimiento poblacional (crisis demográfica) que ha exigido contratar mano de obra joven para sostener nuestra economía y las pensiones

Actualmente, la población se sitúa en 48.592.909 habitantes, de los cuales cerca de 1.500.000 son inmigrantes (1 de enero de 2024). Las principales nacionalidades son la colombiana, la venezolana y la marroquí. En su conjunto, el 52,2% son varones, la edad media alcanza los 38,4 años y el 79,6% tenía contactos antes de su llegada con residentes en nuestro país. En los últimos años se ha producido un cambio en los trabajos que desempeñan, pues de hacerlo en la construcción y el servicio doméstico, han pasado a: la tecnología y la ciencia, además de en hostelería.

En paralelo, a consecuencia de la crisis económica mundial del año 2008 (junto a la explosión de la burbuja inmobiliaria, el alto desempleo y las políticas de austeridad impuestas gubernamentalmente) y a la asociada a la crisis de la Covid-19, miles de españoles han emigrado buscando mejores oportunidades vitales. Con datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero, a 1 de enero de 2024, se contabilizaron 2.908.649 (118.332 personas más que en 2023). Por continentes los destinos fueron: América (58,7%), Europa (37,7%) y en el resto del mundo (3,6%). Por países los preferidos son: Argentina (482.176), Francia (310.072), Estados Unidos (206.278), Reino Unido (189.779) y Alemania (188.250).

El perfil de los emigrantes españoles ha mudado ostensiblemente con respecto a los de los años sesenta y setenta, acorde a las particularidades de la globalización y las nuevas realidades sociales. Son jóvenes con una alta cualificación (recordemos que presentamos una tasa de desempleo juvenil que supera el 26,6%, según el INE), que buscan empleos y remuneraciones acordes con su nivel formativo-profesional. Se desenvuelven en sectores ocupacionales, mayoritariamente, punteros: tecnología e innovación, salud y ciencias, educación e investigación, arte/cultura y turismo/ hostelería.

Como vemos el binomio emigración-inmigración cobra especial relieve en la tercera década del siglo XXI, en una etapa de la humanidad en donde se han disparado las desigualdades y millones de personas sufren, con mayor o menor intensidad, la falta de futuros certeros para ellos y sus entornos, en un mundo a diferentes velocidades. Emigrar de tu país debería ser una decisión personal/voluntaria y no por razones de fuerza mayor, como la de tantos y tantos que huyen de su pasado, aun a riesgo de perder sus vidas en el intento por reiniciar sus caminos (según Naciones Unidas hasta mediados de este año murieron o desaparecieron más de 800 migrantes en el Mediterráneo).

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[1] Véase, https://www.ine.es/expo_anuarios/1945-1975.html

 

Nacida en Ingolstadt Donau (Alemania). Doctora en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrática de Sociología de la UNED. Es autora de un centenar de publicaciones sobre los impactos sociales de la Biotecnología, exclusión social, personas “sin hogar”, familia, juventud, inmigración, etc.

Es miembro y secretaria del equipo de investigación del Grupo de Estudio sobre Tendencias Sociales (GETS) de la UNED. Ha participado en una treintena de proyectos de investigación. Es evaluadora habitual de revistas de Ciencias Sociales españolas e internacionales.

Desempeña tareas de gestión en la UNED desde el año 1996. Ha sido secretaria del Departamento de Sociología III (Tendencias Sociales) y subdirectora del mismo. Asimismo, coordinadora del Máster en Problemas Sociales y del Programa de Doctorado en Análisis de los Problemas Sociales de la UNED.

En el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha sido coordinadora y evaluadora de becas dentro del Área científica Ciencias Sociales.

Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (1997-2010), vocal de la Comisión de Bioética de la UNED y Vocal Titular del Foro Local de “Personas sin Hogar” del Ayuntamiento de Madrid.


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