Esperando a Trump
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
Que las cosas siempre pueden empeorar, es una evidencia empírica. Llevamos ya unos cuantos años en que la evolución de las corrientes políticas dominantes induce más bien al pesimismo. En todas partes se impone una noción de la política basada en la confrontación agónica, la constitución de grandes frentes absolutamente polarizados y la política entendida como gran campo de batalla entre nociones del mundo totalmente opuestas. Aunque la denominada izquierda populista también ha colaborado algo en esta dialéctica, es especialmente en el terreno de juego de la derecha donde se ha ido imponiendo una noción de la democracia política cada vez más débil. Las elecciones entendidas como una contienda en la que solo hay un ganador que se lo lleva todo, negado la legitimidad al contrincante mientras se descalifican minorías y perdedores. Una visión muy restrictiva de la cultura democrática donde el terreno de juego debe servir, desde el reconocimiento y el respeto, un lugar donde armonizar y pactar las diferencias para asegurar el progreso y una buena convivencia. La nueva extrema derecha, en todas partes, ha empujado al conservadurismo tradicional hacia los márgenes llevando a cabo una batalla cultural que nos ha conducido a una especie de versión soft del totalitarismo. Resulta curioso, que afirmen hacerlo en defensa de la libertad, un concepto éste que se ha resignificado para querer decir que no esperemos nada de la Administración ni de formas solidarias como las que representaba el Estado de bienestar. Individualismo extremo, aislamiento y fragilidad, negación de la noción de sociedad, aumento de la desigualdad y cada vez más excluidos recluidos en los márgenes o directamente fuera. La pobreza como culpa por no haberse sabido desenvolver en una sociedad contemporánea convertida en una selva, un lugar sólo digno de los fuertes y de los individuos con espíritu de lucha.
Captar la atención de los humillados y ofendidos se ha convertido en el objetivo de aquellos que, justamente, han respaldado que la distopía se hiciera una realidad. Recoger el resentimiento como gran hito político, que no hacer políticas que abonen la inclusión y el progreso del mayor número de personas posibles. Lenguaje de batalla, discursos de confrontación, demagogia de manual, mentira tras mentira, generación de miedo y utilizarlo adecuadamente, promesas de redención, dibujar al enemigo, recurrir al comunismo como fantasma cuando ya sólo queda el anticomunismo. Las redes sociales como instrumento para crear ficciones que poco tienen que ver con la realidad, generar sensación de desgobierno y caos, la culpa es siempre de la política, verdades alternativas, ya no cuentan los hechos sino el relato que se haga, la realidad como una ficción meramente emocional, nihilismo, discurso con reminiscencias totalitarias, la razón ya no cuenta y menos lo que haces o harás sólo la capacidad o desfachatez para insultar el adversario. Y la inmigración como gran enemigo y culpable de todos nuestros males. Trump, Bolsonaro, Le Pen, Orbán, Melonio, Milei, Bukele, Díaz Ayuso, Feijoo, Bukele, Alvise Pérez...
La dinámica política resulta infernal. La extrema derecha en el formato 2.0 no es que llame a las puertas, está ya dentro de casa y se ha ido haciendo con el control de la situación país a país. La estrategia de Steve Bannon en América y David Cummings en Gran Bretaña conforman ya el manual de batalla de toda la derecha mundial; sólo se diferencian por matices. Estamos en una especie de reedición de la década ominosa de los años treinta. El fascismo volverá y, cuando lo haga, lo hará en nombre de la libertad, afirmó el escritor Thomas Mann en una conferencia en los años cincuenta. Premonitorio. Dos grandes conflictos bélicos abiertos, dinámicas geopolíticas y comerciales confrontadas en el mundo, inestabilidad, peligros de recesión económica, debilidad extrema de la Unión Europea... Y en medio de todo esto llega Donald Trump de la mano de Elon Musk y el monopolio de la desinformación que es X. Sus propuestas, por decirlo de algún modo, más locas que nunca. Promete grandes deportaciones de emigrantes, acabar con las guerras facilitando barra libre a la violencia de Rusia y de Israel, escalar la guerra comercial con China, negar el cambio climático o desarticular la Unión Europea. La sensación de que se pondrá al volante un hombre loco y que, lo que a partir de ahora ocurra, resulta imprevisible. Retrógados y reaccionarios del mundo lo celebran y están de fiesta, así como los grandes intereses económicos. Los nuevos dirigentes extremos ven reforzar su posición y quienes aún no están el poder esperan una pequeña ayuda del nuevo mesías para acceder a ello. El mundo será probablemente más inseguro, más desigual y desagradable. Malos tiempos por el progreso y la cultura democrática. ¿Qué puede salir mal?
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR