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Los indignos y los nuevos indignados


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El término indignación, su origen etimológico, emana del latín, y más exactamente de la palabra indignatio, traducida como “irritación y enfado ante un hecho o situación que se considera indigno”. Por tanto, la indignación es un enojo o enfado vehemente contra una persona o contra sus acciones. En general, suele ser una reacción espontánea contra algo que se considera inaceptable. Desde allí, esta emoción puede derivar en acciones más o menos organizadas como, por ejemplo, una marcha de protesta. La indignación también puede, si se intensifica, reflejar una emoción violenta inmediata, como enfrentamientos, golpes o insultos. Así, a nivel del comportamiento, la indignación se convierte en el motor predominante de la acción y del pensamiento. La indignación nace tras un pensamiento complejo y muy elaborado a partir del proceso valorativo de la realidad que vive el indignado. En la que se siente amenazado, agredido, despojado.

Pero para indignarnos tenemos que percibir la realidad como algo amenazante e identificar el origen de esa amenaza. Una amenaza que viene acompañada de la idea de injusticia y agravio, las dos ideas claves para identificar el sentimiento de la indignación. Cuando alguien se siente indignado o enfadado, es porque ve, o cree ver, cómo alguien, aparentemente, le ha despojado de algo que, desde su punto de vista, merece tener. Otra posibilidad, es que todavía no haya perdido ese “algo”, pero sienta la amenaza de perderlo con muchas posibilidades de suceder. Las usinas de bulos, conscientes de la vulnerabilidad de los seres indignados, se ocupan de desinformar y proporcionar presuntos responsables de sus males. Este es el campo de los indignos. Sujetos cuyo único cometido es mentir para facilitar el terreno a los operadores de la corrupción.

Estos últimos, conocedores de que ofrecer culpables de todos los males que soportan los indignados es necesario para que los indignos nos sigan arrastrando por el fango porque ya han sido exhibidos frente a la opinión publicada primero y, luego, para evitar que los indignados se rebelen, es decir, “el pueblo junto” que es el que tiene la llave para luchar contra la corrupción política, contra el “control” de entidades financieras y empresariales o contra los recortes que los gobernantes están llevando a cabo y que están haciendo que las personas de a pie vean menoscabados sus derechos en cuanto a educación o sanidad, por ejemplo. Entonces, a los que se rebelan, se les aplican normas como la denominada “Ley Mordaza”, aquella, que reprime la justa indignación de personas despojadas.

La indignidad se refiere a la cualidad de ser indigno, es decir, a la falta de mérito o valor moral que puede tener una persona en determinadas circunstancias. 


Este término implica una descalificación ética, donde se considera que alguien no merece respeto o consideración debido a sus acciones o comportamientos.


La indignidad puede manifestarse en diversas situaciones, afectando la percepción social y personal de un individuo. Hay muchas personas mediocres que llegan al poder ejerciendo la indignidad. Entonces sería legítimo preguntarse los motivos para ser indigno: ¿Por qué algunas personas eligen no merecer lo mejor? En ocasiones, nos encontramos con personas que parecen haber elegido ser indignas, es decir, no merecer lo mejor en sus vidas. Aunque esto puede resultar difícil de entender, existen diversos motivos que pueden llevar a alguien a tomar esta decisión. Existen varios motivos por los cuales algunas personas eligen no merecer lo mejor en sus vidas. Ya sea por baja autoestima, creencias limitantes, miedo al éxito o sentimientos de culpa y vergüenza, es importante comprender que cada individuo tiene sus propias razones para tomar esta decisión. Sin embargo, es fundamental recordar que todos tenemos el potencial de merecer y buscar lo mejor en nuestras vidas. También que existen otros, los indignos, que compensan sus frustraciones de incompetentes, ejerciendo la indignidad militante.

Estamos en tiempos en los que los indignados se enfrentan, o lo harán, a los nuevos indignos, dispuestos a todo con tal de perjudicarnos. Tú verás si se lo permites.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.


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